Valles del Tuy: Tierra anárquica de zombies - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / ENTORNOINTELIGENTE.COM / Vivir en la capital de cualquier país tiene innegables ventajas. Es en estas ciudades donde suele haber mayores oportunidades de empleo y opciones de esparcimientos, por mencionar sólo dos puntos favorables. El citadino paga el alto precio de las congestiones viales y la contaminación en todas sus manifestaciones, para poder tener acceso a una serie de privilegios que derivan en una calidad de vida óptima. Sin embargo, los altos precios de una posible vivienda propia o las elevadas tarifas para quienes apenas pueden aspirar a un alquiler se convierten en obstáculos para un alto número de ciudadanos.

Venezuela no escapa a esa realidad. Ante la imposibilidad de radicarse en Caracas, muchos venezolanos buscan opciones más económicas en zonas aledañas, desde las cuales sea posible trasladarse a la gran metrópolis en una hora o poco más. Fue así como se acuño el término La Gran Caracas para expandir los límites de la capital venezolana a locaciones como Guarenas, Guatire, Los Teques, Carrizal, San Antonio de Los Altos, Charallave, Cúa, Catia La Mar, Maiquetía, La Guaira, Macuto, Caraballeda, Naiguatá y Carayaca, que se han convertido en lo que conocemos como ciudades dormitorios para los interesados en hacer vida en La Sultana del Ávila.

Hace años, algunas de estas regiones eran desconocidas para muchas personas. Al indicar la dirección, no faltaba quien preguntara en qué estado se encontraba aquel desconocido lugar. Obviamente, abundaban las zonas rurales y el transporte público era bastante precario, mientras que las fuentes de empleo eran prácticamente nulas. Poco a poco, la industrialización fue cambiando el panorama y dio pie para que se iniciara un violento proceso de urbanización en la zona. Ante el crecimiento poblacional en estos sitios, era perentorio crear sistemas de transporte eficientes, capaces de cubrir la demanda cada vez mayor de pasajeros hacia la capital. Si bien algunas empresas habían comenzado a establecerse en el área, el constante aumento en el número de habitantes, la preferencia hacia una ciudad que brindaba mayores comodidades y la falta de instituciones educativas a nivel universitario estimulaban a un gran colectivo a convertirse en los amigos ambulantes de la rutina.

La realidad exigía el salto definitivo de cada una de estos pueblos hacia el desarrollo industrial y comercial. La cercanía del nuevo milenio demandaba acciones que hicieran la vida de estos inagotables viajeros mucho más llevadera, lo cual influiría poderosamente en su rendimiento laboral y académico, así como en su bienestar general. En esa búsqueda, surgieron ideas como líneas de Metro hacia Los Altos Mirandinos y la región Guarenas−Guatire, una línea de Metrobús hacia el litoral central y el sistema ferroviario hacia los Valles del Tuy. Todo apuntaba hacia la construcción de una verdadera Gran Caracas, con distancias mucho más cortas en todos los sentidos y una calidad de vida digna de quienes durante años han mostrado un gran sentido de responsabilidad y compromiso.

Pero ese anhelado y merecido cambio parece haberse olvidado de quienes ocupan el territorio comprendido por Charallave, Cúa, Ocumare del Tuy, Santa Teresa del Tuy, Santa Lucía, Yare, entre otras comunidades. Aun cuando el prometido Ferrocarril se convirtió en una realidad, tristemente debemos decir que está muy lejos de ser una auténtica solución para los habitates de los Valles del Tuy. Aquellos tuyeros que lograron convertirse en abogados, ingenieros, doctores, etc. no pueden, en su mayoría, ejercer sus profesiones en las inmediaciones de su hogar, debido a que pocos inversionistas hayan la zona atractiva para “sembrar plata”. Centros comerciales, cines, parques, museos y clínicas siguen siendo conceptos desconocidos en la región. Así pues, ante la necesidad de laborar, distraerse y atender la salud adecuadamente, no queda otra opción que acudir a la popular selva de concreto, en medio de todas las complicaciones que el traslado conlleva.

Y es que los Valles del Tuy han involucionado hacia el olvido y la anarquía. Abordar el tren que ofrece el Sistema de Ferrocarriles del Estado (IFE) es adentrarse en un mundo caótico y casi apocalíptico. Convivir en las instalaciones del IFE requiere entrenamiento físico y mental, al igual que agallas y mucha paciencia. El valor de la vida de un tuyero se reduce a un incómodo asiento de plástico en medio de un ambiente en el que el respeto, el pudor y la decencia son los grandes ausentes. Ahí deambulamos, a la buena de Dios, sin ningún tipo de autoridad que establezca el orden y el civismo. Lo recomendable es centrarse en un solo objetivo: llegar a casa; imposible sentarse, imposible hacer gestos, imposible hablar. Regirse por los principios de la justicia, la buena conducta y la solidaridad es ser blanco fácil de la desfachatez y el salvajismo. Así, se llega al trabajo exhausto y se regresa a casa destruido, con la misión de disponer todo lo necesario para la jornada del día siguiente; para enfrentarte una vez más a la muchedumbre de un pueblo sin ley; para actuar como un zombie en medio de la anarquía.

El futuro sigue en deuda con esta región del país; no termina de concretarse. Podrían surgir soluciones como desplegar la Guardia Nacional en las instalaciones del IFE y aplicar mano dura a los desadaptados. Podrían crear un sistema de transporte terrestre seguro, que sirva como alternativa para reducir el flujo humano en el Ferrocarril. Podrían invertir en toda la región para crear mayor independencia comercial e industrial con respecto a Caracas y así disminuir el número de pasajeros diaros. Podrían simplemente acordarse de que los Valles del Tuy existen.

Queda a voluntad del Ejecutivo Nacional tomar cartas en el asunto antes de que las consecuencias sean lamentables. Irónicamente, los niveles de popularidad en la región del gobierno actual siempre han estado alrededor del 70%. Quizás sea hora de agradecer ese apoyo, ofreciéndole al tuyero un mínimo aceptable de calidad de vida.

Pedro J. Córdova L.
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