URUGUAY: El interior es tropical - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El País / LEONEL GARCÍA

Llega el “Rey Romántico del Uruguay”, el “Frank Sinatra del Norte del Río Negro”, el cantante cuyos fans pidieron convertirlo en bronce, y el Teatro de Verano del Parque Harriague de Salto se revoluciona. Mario Silva, el hombre en cuestión, no tiene, ni cerca, el physique du rol de galán maduro que pasó hace largo rato el medio siglo. Sin embargo, su arrastre impresiona. Hay un pedido de fotos y de besos, dos, tres, quince, cincuenta. Se le acercan veinteañeras y cuarentonas, “planchas” con todas las letras y arquetipos de hijos de estancieros. En el interior hay pocas cosas más democráticas que la música tropical y pocos ídolos mayores que él. Y Su Majestad Romántica no se niega a nadie ni deja de sonreír.

“Si Mario Silva es alguien, es gracias a la gente”, afirma en tercera persona, en un camarín de austeridad espartana sin más mobiliario que un espejo y bancos de madera, junto a sus dos hijas más chicas, Mia (6) y Melissa (11). “Nunca me vas a ver asqueroso con la gente. Yo soy así, siempre”, agrega. Viste championes Nike, jeans, saco y una corbata -podría decirse- sobriamente tropical, y lamenta que hoy, sábado, sea la noche más fría en lo que va del año. Para peor, llovió jueves y viernes y eso perjudicó al festival ¡Salto te mueve! “Eso nos mató. Iban a venir 5.000 personas y hoy habrá 2.500”, dice Matías Sabarrós, DJ y organizador del evento. “Y la mayoría que vino, vino por él”.

Él, obviamente, es Mario Silva, exfuncionario de OSE, excantante de rock en Montevideo y de grupos tropicales artiguenses de gran éxito en el interior como Mogambo y Sonido Profesional. Fue ahí que saltó a la fama hace más de 25 años. Hoy vive en Salto y desde ahí extiende su reinado a todo el interior. A las 22.30 el público estalla en un solo alarido. ¿Carisma? ¿Trayectoria? ¿La magia de los escenarios? Hay cosas que van más allá de la razón. Tchiqui-chin, tchiqui-chin. ¡Cumbia!

Boom y después. Ya pasó una década y media del boom del “pop latino”. Este fue un eufemismo impuesto desde las grandes multinacionales discográficas para conquistar nuevos públicos y hacer que las tan menospreciadas “cumbias” fueran aceptadas en todos los estratos sociales. Mayonesa se transformaba en la canción uruguaya más difundida en el mundo, luego de La Cumparsita . Los Fatales llegaron a hacer 24 shows por fin de semana. El disco Chocolate 2000 superó las 20 mil copias vendidas; Revolución Fatal , 14 mil.

Esos números hoy son impensables. El pianista, compositor y arreglador Juan Steiner pasó de tener siete toques por noche con La Furia, durante el boom , a tres presentaciones hace dos fines de semana con Kilovatio. Según Adrián García, gerente del Montevideo Music Group, cuyo sello Del Barrio Records incluye a artistas como Gerardo Nieto, Dennis Elías, L`Auténtika o Nietos del Futuro, no solo hoy no hay grupos vendedores sino que esta es la música más propensa a la piratería “porque apunta a un público de clase media baja que no tiene la costumbre de comprar en una disquería y va a las ferias”. En el interior es peor, agrega, al casi no haber disquerías. En Sondor, según su director Rafael Abal, llegaron a grabar diez grupos a la vez; hoy no tienen ninguno y el último con el que trabajaron, La Revancha, “habrá vendido 1.000 discos”.

Es más optimista la visión de Charlie Sacco, DJ y conductor del programa La Hiena, en Aire FM, la radio más escuchada del país y dedicada al género. “No será la explosión de 2000, pero este es un buen momento. En Montevideo, los boliches mueven 20 mil personas los fines de semana. En las tandas, hay por lo menos 15 boliches que hacen publicidad, que mínimo tienen dos o tres grupos por noche, y hay 40 bandas de plena que van al interior”.

Hay coincidencias: lo redituable hoy es tocar en vivo -los artistas que tienen demanda- y no tanto vender discos. Otra: el interior es tierra fértil.

Vivencias. Niños y adultos, mujeres y hombres, “planchas” y “chetos”. Todos manos arriba y cantando en el Harriague. “Son historias cotidianas”, dice Mario de su repertorio: Pídeme la luna, Te quiero, Hoy tengo ganas de ti, Que levante la mano , Historia entre tus dedos o El reloj cucú . Son versiones de temas muy conocidos que “tienen mensaje” y “transmiten vivencias”. Valoraciones artísticas aparte, lo suyo demuestra que tanto lo más dulce como lo más doloroso -el amor, el desamor, el olvido, un padre abandónico- puede cantarse a ritmo de charanga. No puede decirse que sea un encantador de serpientes: apenas baila, no tiene un gran rango vocal ni más coreografía que girar acompasadamente el micrófono. La banda -Marcos Riveiro en teclados, Tito Lapeira en bajo, Jorge Ferreira en la percusión y su hijo Mario Silva (18) en la segunda voz- acompaña sobriamente. Y le alcanza para tener al público a sus pies.

Daniel (19), cerveza en mano: “Lo que tiene son las letras, loco. El veterano las vivió”. Eduardo (39), agitando con toda su familia: “Todos crecimos con su música, y la pasamos a los hijos”. Felicia (34), a un tris del éxtasis: “Mirá… Mario Silva es Mario Silva”. Jimena (20), una linda rubia haciendo el aguante en la primera fila: “Me encanta. Mi madre me llevaba a verlo a los bailes de campaña… ella fue novia de él. Es re-bien el tipo”. El organizador Sabarrós: “Como DJ, te digo que jamás falta el borracho o el novio que pida un tema suyo. Mario ha sido muy inteligente en la selección de su repertorio. Tomó hits y los hizo bailables”, analiza en base a su experiencia.

A las 23.15 baja del escenario como subió, bañado en aplausos y acosado por los fans. Hay un breve saludo con su mujer, Fernanda. “Al principio fue bravo (vivir junto a un famoso), luego una se acostumbra. Lo mejor de él es lo buena gente que es con los demás”, alcanza a decir. En el Norte, todo parece lejos: su próxima escala, la discoteca Taz Positivo de Artigas, está a 182 kilómetros, a través de las rutas 31 y 4. Además, hubo cambio de planes: el primer toque de mañana domingo no será en Tacuarembó a las 20 horas como se preveía, sino a las 17 en San Gregorio de Polanco. Luego de noche habrá actuación en Cainsa, cerca de Bella Unión. ¿Traducción?: 900 kilómetros de ruta en un día. Todo sea por el público. Para evitar que el chofer y ayudante multitareaGonzalo “Pope” Nalbarte reviente como una chinche, se decide no regresar y buscar alojamiento en Artigas. Tema resuelto. Parada para picar una napolitana con fritas en un bar salteño tan entrañable como saturado de olor a fritanga, y luego atacar en la van las carreteras solitarias, algo poceadas y nulamente iluminadas.

Plaza. “En el interior nos estamos moviendo como nunca antes. Se paga mejor y se mueve mejor, es una plaza muy interesante”, afirma Carlos Goberna, quien cumplió 50 años al frente de Sonora Borinquen, que tocó el lunes por primera vez en el Anfiteatro de Paysandú, en esta Semana de la Cerveza, ante 18 mil personas. “En el interior reconocen la trayectoria y hay mucho respeto por los músicos”, señala Fabián “Fata” Delgado, 25 años como cantante entre Karibe con K y Los Fatales. “Allá se cobra mucho más que acá. Y los músicos locales tienen la agenda llena”, tercia Steiner.

Según distintas fuentes, una presentación en un boliche de Montevideo se paga un promedio de 10 mil pesos. Claro que hay artistas más convocantes y costosos que otros. Pero fuera de la capital se ha llegado a pagar de 30 a 50 mil pesos por una actuación. “La música tropical no va a morir nunca”, señala el “Fata” Delgado. “Y allá afuera menos aún, porque hay un estilo propio, la charanga, sin trompetas, que lo escuchan padres e hijos, y se pasa de generación en generación sin parar”.

Y hay otro tema no menor. “En el interior, vengas del entorno que vengas, te criás escuchando folklore y cumbia. Salís a la plaza, vas a bailar y escuchás esta música. Crecés con ella”, sostiene Guillermo Cal, dueño de Cimarrón, un boliche ubicado frente a la Facultad de Veterinaria donde el 90% del público no es de Montevideo. Afuera, el estigma de “música terraja” no corre. O corre mucho menos.

En la ruta. En la banda dicen que Pope es “socio vitalicio” del Speed, bebida energizante indispensable, aseguran, para la ardua tarea de ser el chofer de Mario y los suyos. En la total oscuridad de una ruta solitaria, Pope devora kilómetros y elude zorros y liebres empecinados en cruzar la carretera, para alegría de los ecologistas y nervios de los pasajeros. Por suerte, de frente no viene nada. Los músicos -que además trabajan como obreros, fumigadores o técnicos en electrónica- de a poco van durmiéndose. A Mario, por más que tenga un asiento largo solo para él, por más que sea muy tarde, se le hace muy difícil echarse una siesta en la van.

Mario dice estar en el mejor momento de su carrera y que no le quedan sueños por cumplir. “Más que esto no puedo pedir. Trabajamos todas las semanas, con bailes llenos, está el cariño tremendo del público”. Gracias a un arreglo con su manager, Gonzalo Dufour, cobra un sueldo que le permite vivir de la música con cierta tranquilidad, dice. “No soy de ahorrar. La vida tenés que vivirla. En el buen sentido, ¿eh? Que a tus hijos no le falte nada… pero no soy de guardar dinero”. No sabe exactamente -o no quiere decir- cuánto tiempo lleva en la música tropical. “Tengo 25 discos… o 26”. Con la edad es más evasivo todavía. De joven y en Montevideo cantaba rock, temas de Jimi Hendrix, Pink Floyd, Bread, Doobie Brothers y Jethro Tull, en un grupo llamado Amos. ¿Cómo llegamos a la música tropical? “Escuchaba rock e iba a los bailes de música tropical para bailar. Llegué a la conclusión que la música es una sola”, es su sencilla explicación. Probó suerte como cantante en Buenos Aires, “haciendo música comercial”, pero fue en Artigas donde su estilo, esas “canciones con mensaje”, encontró su lugar en el mundo.

Se emociona si se le pregunta por la propuesta de una estatua de granito y bronce, de cinco metros, que un grupo de fans de la localidad salteña de Villa Constitución planteó hacerle el año pasado. “No lo merezco…”. En cambio se pone incómodo al hablar de su vida privada. Tiene cuatro hijos con su actual mujer. Tiene otros dos de un matrimonio anterior, con los cuales no tiene contacto. Se nota que eso le duele. Tiene otro hijo en Tacuarembó, con el que sí tiene trato. De hecho, Mario Silva Jr. habla con mucha naturalidad de ese hermano.

“De repente en esta aventura de ser cantante pasan cosas, uno conoce muchas chicas… Cuando no tenés experiencia… No le das la importancia que tiene todo, ¿tú me entendés?”. La fama de mujeriego la deja en el pasado. “También las mujeres pueden ser `hombreriegas`… Yo soy muy tímido, nunca encaré… es que… el músico que diga que el escenario no te hace lindo es un hipócrita. Yo me miro al espejo y no veo nada”, sonríe. Ruega con la mirada cambiar el tema. “Ahora estoy mucho más centrado”, dice como sentencia redentora.

De reojo. “Todavía está el estigma, pero están comenzando a valorarse cosas. ¡Como que los Karibe con K tocaban muy bien! Y, además, tocaban en vivo, no con pistas como muchos otros. Ese era el valor que tenían”, señala Abal, de Sondor.

Cuando la otrora “terrajada” hizo el crossover y llegó a Carrasco, los más avispados se dieron cuenta que no era algo destinado a perdurar. “Siempre supe que los momentos pasan. De hecho, el capital que hice en 2001 aún lo mantengo”, dice Delgado. Los Fatales hoy se concentran en fiestas y hacen unas once por semana. Su líder se sorprende de que las quinceañeras de hoy conozcan sus temas. “Es por sus padres”.

Entre el ghetto social al que se la confinó y el bombazo del pop latino, este es un momento, podría inferirse, de tolerancia mirada de reojo hacia la música tropical. Hubo una suerte de alarma ante el surgimiento de la cumbia “villera” o “plancha”, que tuvo efímera duración. “Nosotros tratamos de mantener un discurso amable, pero en el fondo sigue la estigmatización”, dice la doctora en Sociología Susana Dominzain, coautora del Segundo Informe Nacional sobre Consumo y Comportamiento Cultural (2009). Cuando en el interior, sobre todo en el Norte y el litoral, preguntaban por qué gustaba esta música, la respuesta era muy simple: “‘Porque es alegre’, decían. Como que los uruguayos precisamos alegría”.

El show. Artigas está fría y silenciosa a las 3.26. Hay que conseguir un lugar para quedarse y, tras probar suerte en hoteles de media estrella, el resultado es una casa en la periferia. Lo importante, igual, es un sitio para tirarse un rato y retomar la ruta.

A diferencia de la heterogénea audiencia del Parque Harriague, el público en Taz Positivo podría calificarse, casi, de ABC1. A las 4.00 no hay casi nadie; 4.30 está a punto de reventar. A Mario lo saluda el panchero de la puerta y el policía, la barra de amigos a punto de entrar, muchas chicas que no eran nacidas cuando él debutaba en Sonido Profesional y hasta un flaco vestido de jogging -pesado como él solo- que logra meterse en la van y robarle un cuarto de hora de tiempo. Tiene carisma y paciencia, no hay duda. Y cae simpático, no hay caso.

“¿Qué haría yo un fin de semana libre?”. A Mario le brilla la mirada: “Llevaría a los más chicos al parque acuático, a la escuela un lunes de mañana…”. No siempre pasa. “Vivís viajando horas, pasás frío, calor… Esto es un trabajo, sí, pero si no lo disfrutara no se podría hacer. Y recién se me van los nervios cuando la música empieza a sonar”. Eso sí siempre pasa. A las 4.56 arranca el show. Los chicos lo miran casi con reverencia; las chicas, casi extasiadas. Asombra. Todos cantan sus canciones de principio al fin apretujados en torno al escenario. Y es justamente ahí donde el Frank Sinatra del Norte del Río Negro olvida cansancio, kilómetros, desamores y dolores. O los canta y los transforma en alegría. Sabor.

UN REGALO DE PACO PARA CHARLIE GOOD “Un día, Paco Casal le preguntó a Carlos Bueno qué regalo quería para su cumpleaños. Él contestó que cante Mario Silva en su fiesta. ¡Y ahí fui yo!”. En otra ocasión, él y los suyos se quedaron a dormir en la casa de Fabián O`Neill, en Paso de los Toros. “El tipo una vez nos fue a ver en Guichón. Se ve que andaba de cacería, porque cayó vestido de mameluco… Son dos tipos fuera de serie”, remata el artista.

Diabético insulinodependiente (lo que tiene que estar previsto por si no llega a volver a su casa), liceo hasta tercero y cuyos gustos rockeros modernos llegan hoy hasta los argentinos Rata Blanca, considera que su “humildad y sinceridad, que es no fingida”, es la clave de su éxito. “Para algunos canto bien… ¡y yo admiro que bailan cuando yo soy un árbol!”.

En eso coincide Charlie Sacco, conductor de Aire FM. “La clave del éxito de Mario Silva es la humildad y su carisma. No es un gran cantante pero tiene un gran feeling con la gente. Aparte insistió mucho en lo suyo, hizo un trabajo de hormiga. En el interior, Mario Silva y grupos como Sonido Caracol son como los Rolling Stones”.

En el Norte hay quien habla de una supuesta rivalidad con Lucas Sugo, también exSonido Profesional, hoy en auge. “Yo no tengo problemas con nadie”, asevera el Rey Romántico.

EN EL PODIO DE LOS GUSTOS Según un estudio de Opción Consultores de 2013, la tropical es, con el 19,3%, el segundo género musical preferido por los uruguayos; en el interior, ese porcentaje sube al 22,4%.De acuerdo con el segundo y último Informe Nacional sobre Consumo y Comportamiento Cultural (2009), la cumbia estaba tercera en todo el país (27%) y segunda (36,8%) en el interior. Solo el folklore le gana siempre.

“CON EL TIEMPO, SE HIZO UN FILTRO Y QUEDÓ LO MEJORCITO” Charlie Sacco, conductor radial y DJ de la movida tropical, dice que el presente es resultado de “un filtro” de la explosión de 2000. “Quedó lo mejorcito. Hoy casi todos tocan en vivo y antes era pura pista. Entonces, sobrevivieron los mejores músicos. Además, el 2000 fue el año de las fachitas lindas, esos que tocaban por nada pero agarraban cuatro o cinco minas”.

Carlos Goberna, dueño de Sonora Borinquen, va más allá. Según él, el boom del pop latino – ” playback y nenes lindos”- directamente le hizo mucho mal al género. “Eso nos perjudicó. Las orquestas importantes, que sonaban muy bien, fueron desapareciendo”. La Borinquen, a los 50 años, aún goza de buena salud con unos once shows por fin de semana, siempre tocando en vivo.

“Hoy hay gente que vive de esto y vive bien”, agrega Sacco. “Un trompetista gana 400 o 500 pesos por show. Y si anda en una banda que se mueve bien toca diez veces por fines de semana”. La mayoría de los músicos tienen otro trabajo. Y así como muchos cantantes también son parodistas, los trompetistas, dice el DJ, suelen provenir de las bandas militares.

“EL SUDA”, EL ÚLTIMO DE SU ESPECIE Carlos Goberna dice que hoy han cambiado los lugares para tocar. Su Sonora Borinquen está actuando en “pizzerías, boliches, churrasquerías o, algo que ahora se está dando más, fiestas populares”. Lo que sí lamenta es que de los “viejos bailes grandes” solo queda el Palacio Sudamérica.

El Sudamérica, “la IASA” en su momento o “el Suda” hoy, es el último sobreviviente de los bailes populares montevideanos, entre los que se contaban el Interbailable, el Salvo o el Euskaro. Su dueño, Juan Pérez Betacourt, asegura que el lugar vive un buen momento. “Por suerte, la gente tiene un peso más en el bolsillo”.

Según los grupos que conformen la grilla – “mínimo siete los sábados y cinco los domingos”- el lugar puede recibir a 3.000 personas. Dennis Elías, la Borinquen, Mariano Bermúdez y El Gucci están hoy, asegura, entre los artistas más convocantes en Montevideo (así como Agata, Calipso, Sonido Profesional, Lucas Sugo y Mario Silva lo son en el interior). Y está acostumbrado a que “el Suda” sea discriminado.

“Acá vienen albañiles, empleadas domésticas, el 90% del público es popular. Ahora, vos vas a un cumpleaños de 15 súper top, de lujo, y te ponen la misma música. ¿Sabés como es el ambiente acá? ¿Viste cómo está la juventud en los liceos? Acá está igual. Pero, por lo general, es tranquilo”.

Con Información de El País

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