URUGUAY: El informe PISA y nosotros - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Caras y Caretas / En tan sólo trece años, el Programa de la OCDE para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) ha logrado instalar sus pruebas periódicas como el más influyente y determinante método de evaluación comparativa de sistemas educativos, pese a las severas críticas que ha recibido de multitud de expertos que señalan sus deficiencias de diseño, sus inconsistencias estadísticas, y la limitada utilidad de sus resultados. Esto último para empezar, y sin necesidad de echar mano a otras perspectivas más profundas a las que no escapa que los autores de PISA no tienen ningún tipo de neutralidad y buscan con sus informes apuntalar políticas específicas y promover enfoques sobre lo que es, lo que podría ser y lo que debería esperarse de la educación de los niños y adolescentes, mediante la elaboración de un ránking internacional de competencias (destrezas en comprensión lectora, matemáticas y ciencias) de los adolescentes que concurren a instituciones educativas.

PISA mide “competencias” de una muestra representativa de adolescentes de entre 15 y 16 años que concurren a estudiar en 65 países o “economías”. No mide ni pretende medir los conocimientos adquiridos en el diseño curricular de sus respectivas países, ni evalúa los inputs del proceso educativo: es decir, no mide ni cómo entran los estudiantes, ni cómo entran los docentes o cuánto perciben, ni la inversión que hace un país en educación. A PISA sólo le importa si los estudiantes de 15 a 16 años son capaces de resolver ciertos problemas prácticos de la vida cotidiana mediante la aplicación de sus “habilidades” en matemática, en ciencias o en lenguaje, que los autores de PISA consideran que son los que indican la preparación de los jóvenes para insertarse en la economía globalizada del siglo XXI. Luego a PISA le preocupa mucho que no exista ningún elemento culturalmente significativo en las preguntas que pudiera hacer incomparables los resultados entre un adolescente uruguayo y un adolescente chino, por lo que invierte un gran esfuerzo en la eliminación de preguntas que pudieran introducir un sesgo cultural o lingüístico, y con ello, se llevan todo lo distintivo que el proceso educativo pudiera tener.

Cada vez que se realiza una prueba PISA (hasta ahora han sido cinco: 2000, 2003, 2006, 2009, 2012) se prioriza una de las citadas “competencias”. En el caso de PISA 2012, cuyo informe se conoció hace pocos días, al igual que en 2003, el énfasis de la prueba estuvo puesto en las competencias de matemáticas. El promedio de los resultados de las pruebas de los estudiantes de 15 años de cada sistema educativo se constituye en un puntaje del país y con ese puntaje se hace un ránking entre los 65 países participantes. El resto lo hacen la prensa y los políticos. Eso no ocurre en Uruguay exclusivamente, ocurre en casi todo el mundo. Por ejemplo, no hace ni un mes que el principal precandidato blanco, Jorge Larrañaga, se fue a Finlandia a buscar el modelo de éxito educativo para importar, confiado en el rédido electoral de su travesía nórdica, y muy seguro, siguiendo las orientaciones de las anteriores informes PISA, y ni bien se bajó del avión para contar sus hallazgos, el último informe PISA le tiró a Finlandia de la estantería (fue uno de los países que más cayó de un ránking al otro). Ahora en Finlandia hay tremenda preocupación y el Ministerio de Educación ha convocado a un foro formado por expertos, políticos, padres y alumnos para analizar las consecuencias del desplome. Ellos no tienen idea de lo que pasó. Algunos especulan que les pasó como a Nokia, la gigantesca empresa de telecomunicaciones finesa, que hace unos poquitos años copaba el mercado de telefonía celular y ahora ya fue superada por sus competidoras, y todo porque se la creyeron. Se habrían dormido en los laureles, sea lo que sea lo que eso signifique. En realidad, en Finlandia lo más probable es que no haya pasado nada y todo siga más o menos igual, pero la prueba no puede registrar eso, porque registra otra cosa. Mirándolo con detenimiento: si la prueba PISA hubiera analizado el porcentaje de inversión pública en educación con respecto al producto, el número de alumnos por salón de clase y profesor, la titulación máxima alcanzada por los docentes, los días de clase y las horas de dedicación al estudio, el régimen de asignaturas, el rendimiento en pruebas y exámenes, no habría encontrado ninguna diferencia significativa entre informe e informe. Quizá hasta habría observado mejoras, o al menos Finlandia seguiría ostentando su sistema educativo fundamentalmente intacto y con resultados razonablemente equivalentes pero, nuevamente, PISA no mide eso. Entonces te podés desplomar en el ránking de un informe al otro, como le pasó a Finlandia, sin motivo aparente, o como le ocurrió a Estados Unidos, que cayó la friolera de veinte puestos, sin que en el sistema educativo haya pasado nada.

En el último Informe PISA los países que andan mejor son los asiáticos. Difícilmente sea éste el nuevo destino de los políticos y periodistas opositores, toda vez que tendrían que irse a Shangái a leer la Constitución china de 1982 y la ley de educación China de 1995 que establecen cosas como que “el Estado realiza entre el pueblo una educación en el espíritu del patriotismo y del colectivismo, así como del internacionalismo y del comunismo, imparte una educación en el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, y lucha contra la ideología capitalista, la feudal y otras ideologías decadentes”. Y todo eso para primaria y ciclo básico; después se ponen exquisitos. Es difícil imaginarse la cara del pobre Guapo recibiendo lecciones en Shangái, pero con sobrados 600 puntos en la prueba, los asiáticos desde este punto de vista del informe PISA están despegados, no sólo de nosotros sino también de Europa. Y esto último es gravísimo, porque en las pruebas PISA se suponía que Europa no debía perder.

De todos modos, cabe destacar que no sólo los chinos de Shangái están volando para el informe PISA. Todos los asiáticos lo están. Los chinos de Macao, de Hong Kong y de Taipéi también están en el top ten . Lo mismo sucede con Corea del Sur y Japón. Todo esto aunque sus sistemas educativos y de gobierno no tengan nada que ver. En un artículo publicado en El País de Madrid, el catedrático en sociología de la Universidad de Salamanca Jaime Riviére explica que el factor que más razonablemente explica la actuación de los asiáticos son los valores de autodisciplina y respeto a la autoridad que impone el confucionismo, y eso además es lo que justifica que sea toda Asia y no sólo un país o un sistema de gobierno la que lidere el ránking. Así que ahí tenemos un nuevo desafío para la OCDE y para Larrañaga: difundir las doctrinas morales y religiosas de los discípulos de Confucio.

Para Uruguay, la prueba dio tan mal como venía dando. Dio en realidad un poco peor que la prueba de 2003, con una caída estadísticamente significativa de su puntaje, aunque si se observa con más detalle es fácil observar que la caída no fue muy dramática (fue la menor entre los que tuvieron una caída con significación estadística). Los 409 puntos que obtuvo Uruguay en Matemática suponen una caída de doce puntos en relación con la puntuación alcanzada en PISA 2003. Sin embargo, si se analizan las características educativas de la población evaluada, observamos que entre los jóvenes evaluados de 15 a 16 años, sólo 57,3 por ciento está en el año que debe estar (es decir, cuarto de liceo); más de 40 por ciento están rezagados en los estudios, y sus rendimientos y puntajes se corresponden con el año de educación formal que cursan y no con su edad cronológica. Como la estadística también detecta que la cobertura en el tramo de edad aumentó de 74,6 por ciento a 84,6 por ciento, se puede afirmar que el aumento en cobertura en alguna medida desplazó la actuación de Uruguay a la baja.

Siendo más claros: un aumento de la población que accede a la educación formal, pública o privada, por la vía de la recaptación de personas que se habían desvinculado, es un objetivo deseable para cualquier sistema educativo no elitista ni elitizante. Pero dicho aumento viene acompañado necesariamente de una caída en el rendimiento promedio, puesto que los estudiantes que retoman, por lo menos al principio, “bajan el nivel” general. Si el objetivo fuera mejorar el desempeño en PISA, drásticas medidas de depuración de la currícula, con exámenes de ingreso, cupos y expulsión de los aplazadores, lograrían rápidamente que Uruguay fuera un país modelo. El mecanismo no difiere de lo que hacen las escuelas y liceos gratuitos de gestión privada: seleccionan la matrícula y, por supuesto, sus desempeños mejoran notablemente. A la derecha en Uruguay y en el mundo, ese modelo es el que más le gusta, y no son pocos los países donde se denuncia que el ránking PISA se está volviendo un arma de los grupos conservadores contra la educación pública en favor de una educación de elites. Ni hablar de la significación que tiene una prueba que no evalúa ningún otro aspecto que las destrezas prácticas en la resolución de problemas cotidianos y, de ser posible, económicos, para un mundo moderno basado en el consumo y la competencia despiadada.

El informe destaca, además, que Uruguay es un país con una tremenda desigualdad equitativa que salta a la luz cuando se observa que menos de 20 por ciento de los estudiantes pobres alcanzan el nivel dos de “competencias”, es decir, el nivel mínimo que te permitiría desempeñarte en la vida, y, por el contrario, más de 80 por ciento de los estudiantes favorecidos y muy favorecidos económicamente alcanzan por lo menos ese nivel. Y este, junto con los otros informes anteriores, no hace más que ratificar lo que se sabe desde ya hace muchos años: que la educación depende menos de los sistemas de enseñanza que de las condiciones materiales y sociales de procedencia de los estudiantes. Y que América Latina, pese a los esfuerzos realizados en la última década, sigue siendo un continente desigual donde los pobres muchas veces no son capaces de comprender un texto y los que están mejor económicamente rinden a la par de Europa e incluso de Asia.

Por supuesto que las explicaciones que tienden a responsabilizar a los sindicatos o la participación del orden docente en el gobierno de la educación (representación que los medios insisten en tergiversar diciendo que es una representación sindical, sin mencionar nunca que fueron electos por todo el orden docente y que hubo otras listas además de la presentada por la coordinadora de sindicatos: la presentada por el Partido Nacional y la presentada por el Partido Colorado, aunque ambas marcharon) son jugarretas de políticos irresponsables y periodistas mandaderos, pero es bueno igual que el gobierno mire los datos y trate de analizarlos con seriedad, porque seguramente con ellos algo se pueda hacer, además de un miss universo educativo impracticable e inconducente.

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