URUGUAY: De qué hablamos cuando hablamos de realidad - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Caras y Caretas / La ontología hegeliana consolidó una nueva idea: la de que lo importante para definir lo real no es sólo el ser, sino lo que ‘existe’, lo que es ‘fuera-de-sí-para otros’, lo que es percibido por otro como diverso de sí mismo. Y esto permite ubicar la discusión en un nivel nuevo, porque desde entonces el ser y la apariencia conjugan la realidad en su integridad: el ser profundo (esencial para los aristotélicos) y su apariencia, su puesta en acto desde su potencia, que será lo percibido por otros.

Desde que hay distinción ser-existir y desde que se discrimina analíticamente entre realidad y apariencia (luego significante-significado en semiología, cuando el foco no es el ontológico clásico sino a nivel de ‘sentido’), es posible pensar en una distancia apariencia-realidad mucho mayor que su mera distinción analítica. Porque la realidad esencial, el ser, puede existir a través de diversas apariencias, que bien pueden contener significantes alternativos del mismo significado o significantes que mienten y simulan significados; por lo tanto, algo existente, percibido por su apariencia en significantes, puede expresar realidades y significados, o mentir y fingir realidades y significados que trascienden sus significantes aparentes. Al mismo tiempo, se hace posible pensar que la progresiva existencia de apariencias sensorialmente significantes puede guiar al perceptor hacia realidades de significado tan aparentemente convincentes como ilusorias respecto de las realidades o significados trascendentes a esas apariencias significantes.

Desde las Torres a Charlie Hebdo

Llevada la teoría a los casos de las Torres Gemelas, de Charlie Hebdo o de cualquier fenómeno mediáticamente masivo y contemporáneo de similar gravedad, ¿cuáles son las apariencias que significan realidad y cuáles los significantes que expresan significados? ¿En qué medida expresan realidad o la mienten a través de apariencias y significantes que aparentan realidad y significados aparentes? ¿Cuáles son los significantes y apariencias que sustentan distintas y hasta conflictivas teorías sobre la realidad y el significado de ambos ataques, o de la lectura masiva de algo mediáticamente informado?

La apariencia inmediatamente divulgada indicó que la caída de las Torres Gemelas había sido provocada por impactos, explosiones e incendios de dos aviones que chocaron sucesivamente con ellas. Esa apariencia se completaba, a nivel de sentido más que de realidad ontológica, con el significado que se le dio inicialmente al fenómeno significante: ataque vengativo y aterrorizante ejemplar dentro de una guerra santa del fundamentalismo islámico históricamente humillado, liderada por la organización Al Qaeda, liderada por Osama bin Laden. Apariencia significante, existencia percibida por otros e interpretada como significado desde esa existencia aparente de los significantes. Sin embargo, si focalizamos otros significantes, otras partes de la apariencia, el significado puede ser otro, y así sucedió en un segundo momento de la interpretación de los hechos: la forma de implosión de las Torres Gemelas, la implosión semejante de un predio vecino a ellas que no fue impactada por nada, junto a muchos otros indicios (apariencias significantes generales o especializados), permiten afirmar, focalizando otras apariencias significantes, un significado diverso: se simuló un ataque para permitir la construcción de un álter enemigo que permitiera un doble objetivo: legitimar la intervención militar liderada por Estados Unidos y la inducción de legislaciones antiterroristas en los países se desean cotidianamente controlados férreamente, con la excusa de la necesidad de prevenir y descubrir terrorismos posibles. El Patriotic Act estadounidense es seguido por la legislación de la comunidad europea, de la ley de procedimientos policiales en Uruguay (sin que siquiera haya existido nada que la justificarla), y seguirán legislaciones más restrictivas de libertados y garantías (como en Francia, luego de Charlie Hebdo ).

Jean Baudrillard afirma que la guerra simbólica es entre significantes aparentes, ya que ellos son los que hacen plausibles y verosímiles significados y realidades creídas. Claro, esta guerra retórica por los significantes aparentes supone que hay algún código hegemónico de conversión de una apariencia significante en una realidad manifiesta y significada. Quien domina o impone el código y quien domina el aparato de producción de apariencias y significantes, que están unidas en el código a realidades y significados, dominará el transcurrir de la realidad desde la mayoría silenciosa de los masivamente convencidos por la comunicación retórica y seductora de las apariencias y de los significantes.

Lo mismo sucedió con el episodio de Charlie Hebdo: la apariencia primera y los significados unidos en el imaginario a apariencias y significantes como los inicialmente comunicados fueron posteriormente discutidos a partir de otros significantes y apariencias nuevas, no focalizadas al principio de la comunicación de los hechos. Y aquí está la importancia de la doble hegemonía que hace a la superioridad ideológica: la superioridad retórica y seductora del dominio en la fabricación y elección de las apariencias significantes, y la superioridad en la imposición o explotación de esos significantes para la consolidación de la realidad y de su significado.

Un ejemplo futbolero

Una incidencia que expresó dramáticamente la importancia del dominio de los códigos, de los significados y de la producción, jerarquización y acumulación de significantes masivamente perceptibles fue la incidencia del penal que zagueros croatas cometen sobre Fred y que pone a Brasil 2-1 al ejecutarlo con éxito Neymar. Las primeras imágenes significantes, masivamente difundidas, parecen indicar un excesivo rigor arbitral en la sanción de un contacto corporal que normalmente no es castigado como foul-penal. A ese significante que podría significar favoritismo por el local Brasil se lo refuerza con comentarios casi unánimes en el sentido del fallo localista que protegería a locales, FIFA y espónsores de la pérdida económico-financiera de la eliminación precoz de Brasil del torneo. Posteriormente se revelaron imágenes anteriores a las inicialmente difundidas que muestran faltas más importantes cometidas por los zagueros croatas antes de las focalizadas. Además, se conoce que FIFA, ante la multitud de faltas que se cometen en las áreas y que dejan en ridículo la legalidad del fútbol, impusieron a los árbitros una mayor rigurosidad en la cobranza de faltas penales. La primera ocasión en que los jueces cumplen con esa directiva es en esa incidencia, imperfectamente cubierta con imágenes retrospectivas y con masiva ignorancia y mínima mención de los comentaristas. Lo más curioso fue que, mostradas imágenes mejores y conocida la directiva de la FIFA a los jueces, casi nadie en la opinión pública mundial cambió su opinión sobre la jugada, Brasil, FIFA, ni de los jueces por ello.

Juego de apariencias

Lo más dramático de este tipo de situaciones mediáticamente construidas, así como de los primeros significantes y significados impuestos desde la difusión inicial en las Torres Gemelas, del caso Charlie Hebdo , o la circunstancia del penal en el partido de fútbol Brasil-Croacia, es que quien disfruta del stock de significados del código, de sus correspondencias con significantes, del poder de elegir significantes a difundir y del poder de interpretar consensuadamente esas primeras imágenes significantes, no sólo pega primero sino que pega dos o más veces.

Nunca se podrán sustituir las opiniones y convicciones producidas de acuerdo al código dominante, aunque se construya una contrainterpretación de la inicial. Toda la construcción de informe, films, reportajes y conferencias tendientes a sustentar que el ataque a las Torres Gemelas fue un autoatentado no ha podido mantenerse, tanto por la impresión y opiniones iniciales como por la espiral del silencio y por la defensa de la consistencia cognitiva y la dominancia ideológica de las interpretaciones. Tampoco la interpretación del ataque con ‘falsa bandera’, o sea de autoría fingida, ha podido sustituir, fuera de pequeños grupos ideológicamente fuertes, la interpretación que cree en justicieros fundamentalistas iconoclastas e integristas. Debe recordarse que tampoco se pudo contra la evaluación del penal a Brasil.

Es aquí que entramos en una nueva fase del debate apariencia-realidad y significantes-significados: ¿qué significantes conducen a una u otra inferencia de significados y realidades? Porque si bien es posible hacer un ataque llamado de ‘bandera falsa’ (nombre que proviene de los piratas marítimos que izaban una bandera de un país que no era el que atacaba, como forma de minimizar represalias posteriores), ya quedó más que comprobado que es posible incluso la posibilidad de fingir ataques con ‘bandera falsa’, lo cual coloca la noción de realidad en un nivel mucho más acorde con la teoría de Baudrillard de los simulacros crecientemente sustituidores o constitutivos de la realidad.

Estamos viviendo, cada vez más, un mundo de alucinaciones colectivas inducidas por fuentes de poder, que se creen por proliferación de significantes convergentes y de interpretaciones cómodas al código dominante y que no cambian por deseo de participar de las mayorías constituidas y como modo de proteger de disonancias cognitivas y de disrupciones del imaginario. Terrible mundo se nos viene.

Con Información de Caras y Caretas

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