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Un sistema financiero español en desuso

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Entornointeligente.com / Hagamos una visión de tres compañías internacionales que están colocadas entre las cinco más importantes del mundo: Apple Inc., Microsoft Corporation y Amazon Inc. Entre las tres, el último valor bursátil publicado fue de 3,89 billones de dólares americanos, es decir, aproximadamente ocho veces los Presupuestos Generales del Estado aprobados para 2021 en España. ¡Realmente impresionante! Sin embargo, también hay que decir que existen más empresas con alto valor, pero tienen otras características: pozos petrolíferos.

Las tres compañías relacionadas poseen algo que las iguala en su nacimiento: son proyectos que nacen de la sola idea de sus creadores y, por tanto, que parten del cero más absoluto. A estas alturas de la lectura se estarán preguntando: ¿adónde quiero ir a parar con esto? Pues verán, los fundadores con su idea bajo el brazo, en un país capitalista como Estados Unidos donde lo importante es el beneficio y la rentabilidad de la inversión, consiguieron la financiación que necesitaban, trabajaron en su proyecto y esa idea inicial se convirtió en casi cuatro billones de dólares americanos. Y aquí nos deberíamos preguntar: ¿creen ustedes, sobre todo los empresarios de las pymes, que, en España, con el modelo de instituciones financieras que tenemos, estas tres empresas existirían? Ya les adelanto la respuesta, con toda seguridad, ¡no!

Pero permítanme que les ponga ante otro escenario: en 2008 sufrimos la más dura de las crisis económicas que hemos conocido, al menos desde la de 1929. La nuestra, que fue y nació como una quiebra financiera, obligó a los países a ir en auxilio de las entidades financieras. Muchas de ellas, por una gestión nefasta, habían caído en una quiebra total, pero con el motivo de amparar a los clientes, y no hacer un daño desmedido, el dinero público les sacó del atolladero.

Si volvemos de nuevo a Estados Unidos, también allí hubo que ayudar a los bancos para salir del fatídico momento. El Gobierno federal compró deuda por valor de 700.000 millones de dólares garantizada por participación en los bancos, sin embargo, es necesario conocer que el total de lo prestado ha sido devuelto, incluso con intereses. España tuvo los mismos problemas y aportó a las entidades financieras 60.000 millones de euros; me atrevería a asegurar que, en el mejor de los casos, el Estado retornará un 20%, teniendo en cuenta que, además, la limpieza de créditos hipotecarios y activos inmobiliarios, con la creación del denominado de manera coloquial banco malo, Sareb de nombre oficial, dejó unos balances bancarios en perfecta revisión. Como ya hemos denunciado en otras ocasiones, el compromiso de las entidades financieras de apoyo a la empresa española, en especial a la pyme, es bastante cercano al nulo; tanto es así que los 145.000 millones que aportó el Estado a través del ICO tuvieron como primera finalidad garantizar a los bancos la morosidad que la crisis económica les podía producir a causa del Covid-19.

En los últimos tiempos el ICO ha revisado la verdadera función de estos avales, que no era otra que poner financiación en el mercado y no garantizar las cuentas de los bancos. Pues bien, si reflexionamos sobre todas estas cuestiones y algunas más que seguro conocen, llegaremos a una primera y sencilla conclusión: el sistema financiero español no participa en el mejor funcionamiento de la economía productiva de España, solo responde a su propio interés de negocio que, además, tiene una mínima participación en los ingresos del Estado, ya que a través de ingenierías financieras pagan una media del 5% sobre sus elevados beneficios, cuando las pymes lo hacen alrededor del 20%, con la diferencia, como ya hemos descrito, que a la banca se la rescata y a las pymes no.

Pero veamos el sistema financiero en su conjunto. No vamos a incluir en este recorrido a las compañías de tarjetas de crédito, las de seguros, los fondos de inversión y algunas otras empresas que actúan como prestamistas poco recomendables. Las entidades financieras, bancos, cajas de ahorros (las que quedan pues la mayoría aprovechando el rescate y a través de fusiones se han reconvertido en bancos, magia pura) y las cajas rurales tienen la misma forma de actuar, y si protestas te dicen que les obliga el Banco de España. Una pyme va a su banco a pedir financiación con un proyecto, le hacen el favor de escuchar la explicación, para a continuación poner su condición: los socios deberán avalar. Otra opción es que vaya a una sociedad de garantía recíproca-SGR y que le den un aval para garantizar la financiación. Pero, mire usted, señor banco, que el proyecto es inmejorable. No importa: hay aval o no hay financiación.

Ante esta situación, los socios deberán avalar con su patrimonio, en el caso de que lo tengan, y a esperar que nada se desvíe, de lo contrario toca poner fin al proyecto, las ilusiones y el dinero invertido. Pero antes se habrá ido a una SGR donde vuelves a contarle todo para acabar diciéndote: ¿cómo piensa garantizar el aval? Esa es una pregunta que no se resuelve ni en la mejor cátedra de filosofía.

Para no cansar y finalizar, las SGR son otro negocio que ni aporta ni apuesta por las pymes. Muchas de ellas están conectadas muy directamente a los Gobiernos autonómicos, incluso Avalmadrid está presidida por un político y tiene tres representantes de la Comunidad de Madrid. Dinero público que no ayuda a participar en la riqueza del territorio.

Como verán, es necesario una total transformación del sistema financiero español o, bien, que las pymes se las ingenien entre ellas al margen de este.

Hilario Alfaro es Presidente de Madrid Foro Empresarial

LINK ORIGINAL: Cinco Dias

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