Un pacto por la inclusión de niños venezolanos en Bogotá - EntornoInteligente
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Alí Negrete es un joven venezolano de 16 años. Nació y vivió en el estado de Zulia hasta hace seis meses, cuando se vio obligado a emigrar hacia Colombia junto con su familia, debido que su papá padece una arritmia cardíaca y en su país los medicamentos son costosísimos, según cuenta. “Nuestra situación económica era muy difícil y salimos de allá porque un médico dijo que necesitaba atención urgente. Migramos porque tuvimos que hacerlo, no porque quisimos”. Negrete pronuncia estas palabras minutos después de hablar ante sus compañeros del colegio San Martín de Porres, una pequeña institución empotrada en el barrio Paraíso, arriba de la Av. Circunvalar, en límites con la zona rural de Chapinero.

Este joven fue el invitado de honor a la ceremonia de presentación de un acuerdo entre la ONU y el Distrito, que busca generar estrategias de inclusión para los estudiantes extranjeros. Y es que él no solo es uno de los 22.743 estudiantes venezolanos que hay en Bogotá, sino que es el personero del colegio San Martín, un hecho atípico y que llena de orgullo a los directivos de la institución. Por este motivo, la Secretaría de Educación declaró este colegio como “libre de bullying y xenofobia”, y lo escogió como sede de la firma del pacto.

¿Qué hace diferente al colegio San Martín, que genera que sus aulas sean más tranquilas y de sana convivencia? Para Negrete, la respuesta radica en que la institución tiene estudiantes de diversos orígenes, lo que ha hecho más fluido el diálogo entre todos. Por ejemplo, en la escuela hay varios de los 67.000 niños víctimas del conflicto armado que estudian en los planteles oficiales del Distrito. “Aquí nos han recibido de una gran manera y nos han integrado y ayudado mucho. A mí me gusta este colegio y acá estaré hasta acabar el bachillerato. Estoy muy tranquilo, porque nadie me ha hecho sentir mal, pero hay otros colegios en los que algunos compañeros me cuentan que los discriminan”.

¿En qué consiste el pacto?

El acuerdo, denominado Carta de Entendimiento, fue firmado por Claudia Puentes, secretaria de Educación del Distrito, y Jozef Merkx, representante de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur). Según explica la funcionaria distrital, en el documento quedaron suscritas una serie de estrategias para que los colegios de la ciudad tengan formas más técnicas de promover la inclusión. Se trata de metodologías pedagógicas y psicosociales con las que las escuelas puedan comprender mejor los efectos de la migración.

“Firmamos un protocolo para apoyar a nuestros docentes y rectores para que hagan un trabajo de atención a los venezolanos con mejores herramientas. Los profesores lo están haciendo bien, pero hemos identificado formas de hacerlo mejor. Esperamos poder entrenar a más profesores y orientadores, para hacer un gran trabajo de acogida”.

Según la Secretaría de Educación, a pesar del instructivo que existe para que todos los colegios del país acojan sin pretextos a niños venezolanos y que la gran mayoría de ellos sean bien recibidos, hay algunos casos en los que se han identificado comportamientos discriminatorios de los estudiantes, que a la larga terminan siendo problemas de convivencia en la institución. Para solucionarlos, se firmó el pacto que, de acuerdo con la Acnur, busca introducir algunos aspectos de la cultura venezolana, sin chocar con la colombiana y los currículos de los colegios.

“El acuerdo es para hacer un esfuerzo más grande para incluir a los niños venezolanos en el sistema educativo. No queremos crear escuelas separadas, porque el reto es la integración socioeconómica. Vamos a trabajar mucho, siempre respetando el pénsum de los colegios y dándole espacio a la cultura venezolana. Es sumamente importante la convivencia entre niños de diferentes edades y raíces. Podemos aprender mucho de otras palabras y gastronomías, por ejemplo”, afirma Merkx, representante de la Acnur en Colombia.

El plan se ejecutará inicialmente en 20 colegios de la ciudad, que se elegirán teniendo en cuenta tres criterios: los que tengan mayor porcentaje de población venezolana; aquellos que han tenido necesidades o algún problema de convivencia y necesitan más apoyo, y las escuelas que tienen mejores experiencias pedagógicas, que se puedan compartir con las demás.

En últimas, según explica la Secretaría de Educación, el éxito del programa estará en que más colegios de Bogotá tengan casos de niños líderes, como el de Negrete, o que el tema migratorio deje de ser algo extraño en las aulas de la capital. Asimismo, dice que el triunfo será que los niños extranjeros dejen de ser denominados como “el venezolano” y los llamen por sus nombres. “Buscaremos que en el menor tiempo posible se integren a la vida de la ciudad y puedan desplegar sus talentos y estudios. Trabajaremos en equipo entre toda la Alcaldía, para que cada uno ponga lo que sabe”, agrega Puentes.

Para el Distrito, que los estudiantes extranjeros se sientan acogidos hace que ellos y sus familias no piensen solo en sobrevivir y en el día a día, sino en un futuro, sea acá, en Venezuela o en otro país. Esto se demuestra en la experiencia de Negrete, quien sueña con estudiar contaduría y, además, ha notado una gran mejoría en la salud de su padre. “Ahora que estamos acá podemos comprar las pastillas y él está más tranquilo. No le duele el pecho y el clima le hace mucho bien”, remata el joven.

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LINK ORIGINAL: El Espectador

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