Federico Rampini, uno de los grandes intérpretes europeos de las mutaciones del poder occidental, analiza en su nuevo ensayo 'Trump' las similitudes y diferencias entre la administración Bush y la de Trump en materia de política exterior. Aunque ambas comparten la creencia en que Estados Unidos puede restaurar el orden mediante demostraciones de fuerza, Rampini subraya que Trump carece de la rigidez ideológica que caracterizó al neoconservadurismo de Bush, quien perseguía el nation-building como objetivo fundamental tras sus intervenciones en Oriente Próximo.
Según el intelectual italiano, el presidente Trump está motivado por factores personales que condicionan su visión geopolítica del mundo. Durante su juventud fue testigo de la crisis de los rehenes de 1979, un evento traumático que marcó profundamente su percepción de Irán. Esta herida histórica, junto con la influencia de Israel y las monarquías del Golfo, impulsa su política hacia Teherán, con la aspiración de ser el primer presidente estadounidense en resolver un conflicto que lleva 47 años sin solución desde el ataque a ciudadanos e intereses estadounidenses.
Rampini destaca que la imprevisibilidad de Trump, lejos de ser únicamente un riesgo, constituye una ventaja estratégica en las negociaciones internacionales. La capacidad del presidente para pasar de la amenaza a la negociación en cuestión de horas, y su falta de rigidez ideológica, le permiten declararla victoria y terminar conflictos cuando lo considere oportuno. Esta flexibilidad táctica contrasta con la inflexibilidad de administraciones anteriores que se vieron atrapadas en guerras prolongadas sin posibilidad de retirada política.
En el contexto latinoamericano, Rampini sugiere que Trump podría ser eficaz respecto a Cuba debido a circunstancias geopolíticas particulares: Rusia se encuentra distraída por otros conflictos y Venezuela ha capitulado como potencia regional. Estas condiciones crean un escenario diferente al de décadas pasadas, donde potencias externas podían sostener regímenes adversos a Washington, abriendo posibilidades para cambios de política exterior estadounidense en la región.
Fuente: El Mundo — Ver nota original