Transformar la educación significa luchar contra las trampas de pobreza

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SAN JOSÉ – La pandemia de COVID-19 provocó que la educación atravesara por su perturbación más significativa a nivel mundial en la historia moderna. Ya que se vieron afectados nueve de cada diez niños de todo el mundo, se encuentran en peligro dos décadas de progresos en los ámbitos de acceso a la educación y de logros educativos.

En respuesta a esta crisis, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres , convocó a la Cumbre sobre la Transformación de la Educación que se celebrará en Nueva York este mes. Pero la cumbre abarca mucho más que meramente recuperar el terreno perdido. El objetivo es poner en marcha un movimiento mundial que pueda llevar a la educación a la vanguardia de la agenda política y pueda presionar a los encargado de la formulación de políticas para que logren el Objetivo de Desarrollo Sostenible para la Educación (ODS 4) de las Naciones Unidas: «garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida para todos».

No es difícil ver por qué es necesario transformar la educación. Incluso antes de la pandemia, el estado de la educación en todo el mundo estaba lejos de ser ideal. Debido a que existen 300 millones de niños sin escolarización, se calcula que el 57%   de los niños de diez años en los países de ingresos bajos y de ingresos medios no pueden ni siquiera comprender un texto sencillo.

Para que cada niño tenga la más alta probabilidad de alcanzar el éxito, debemos apuntar a llegar más lejos. Lograr que la educación sea más inclusiva y equitativa significa abordar las flagrantes desigualdades en oportunidades e inversión. Asimismo significa erradicar los mecanismos que se refuerzan a sí mismos (mecanismos que también son conocidos como trampas de pobreza ) y que perpetúan las disparidades existentes.

Para empezar, la educación debe permitir que todos los estudiantes desarrollen su capacidad de aprendizaje, comenzando con la mejora de los elementos básicos necesarios para la construcción del conocimiento y del pensamiento crítico: la lectoescritura, la aritmética y el razonamiento científico. El logro de lo antedicho ayudaría a que los estudiantes distingan las aseveraciones basadas en hechos de las afirmaciones falsas o sin fundamento. La educación también deber mejorar la capacidad de aprendizaje y reaprendizaje a lo largo de toda la vida, ya que esta es una habilidad de crucial importancia en el rápidamente cambiante mercado laboral de hoy en día.

Pero en un momento de creciente polarización política, la educación debe ir más allá de las habilidades académicas y debe desarrollar la capacidad de convivencia de los estudiantes. Esto requeriría sistemas educativos que enfaticen la responsabilidad cívica, la gobernabilidad democrática, el respeto por la diversidad humana y un compromiso activo con el desarrollo sostenible.

Si se busca que la educación se transforme en sentido positivo, las propias escuelas tienen que cambiar. Por ejemplo, en los países en desarrollo, se estima que el 90% de los niños con discapacidades aún no van a la escuela. Todas las escuelas deben convertirse en espacios de aprendizaje que sean seguros y saludables, espacios donde todos y cada uno de los niños o jóvenes se sienta aceptados y protegidos.

Los educadores son el factor de importancia más crítica en la educación, y necesitamos más: para ser exactos, se necesita aumentar la cifra de educadores en 69 millones , esto con el fin de lograr el objetivo de la ONU con respecto a garantizar la educación básica universal para el año 2030. Sin embargo, si se desea transformar la educación, los maestros también deben transformarse a sí mismos, pasando de la mera transmisión de contenido al desarrollo de las habilidades de resolución de problemas por parte de sus estudiantes, así como también deben dejar de circunscribirse a sólo recitar respuestas preconcebidas y deben empezar a plantear preguntas desafiantes. El problema es que los maestros están poco capacitados, además de estar infravalorados y mal pagados. La única manera de tener mayor cantidad y mejores maestros es fortaleciendo su formación, mostrándoles más confianza y respeto, y garantizando que reciban un salario más alto.

La pandemia ha demostrado el potencial y los riegos del aprendizaje digital. En medio de los confinamientos, la tecnología digital permitió que muchas escuelas y maestros pudiesen conectarse con estudiantes que sin dicha forma de comunicación se hubiesen encontrado aislados. Sin embargo, en los países de ingresos bajos y medios, muchos niños aún carecen de acceso al equipamiento necesario y a una conectividad fiable. En todo el mundo, dos tercios de los niños y jóvenes menores de 25 años siguen sin contar con conexión domiciliaria a Internet.

La revolución digital tiene el poder de ampliar el acceso y enriquecer el aprendizaje. Pero si se la deja sola a merced de las manos del mercado, puede exacerbar las desigualdades existentes. Los recursos educativos de enseñanza y aprendizaje deben considerarse bienes públicos, gratuitos y abiertos a todos.

Pero hará falta algo más que solamente acceso a recursos digitales para reducir las disparidades en materia de inversión y oportunidades educativas. Según datos recientes provenientes del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, los países ricos invierten un promedio de 8.500 dólares al año por cada persona en edad escolar. Los países de ingreso medio-alto invierten unos 1.000 dólares por estudiante, los de renta media-baja sólo 275 dólares y los más pobres menos de 50 dólares.

No es sólo la desigualdad entre países lo que se constituye en fuente de preocupación. Las brechas dentro de los países entre los niños de hogares de mayores ingresos con padres que alcanzaron un mayor nivel educativo y los niños nacidos en familias de bajos ingresos y con menor nivel educativo no son para nada menos preocupantes, en especial en el mundo en desarrollo, donde menos de la mitad de los niños tienen acceso a la educación preescolar, en comparación con el 91% en los países de altos ingresos.

Para cerrar estas brechas es necesario abordar el financiamiento de la educación pública como una inversión eficiente y socialmente responsable: necesitamos invertir más en educación y debemos hacerlo de manera más equitativa y eficiente. Un creciente volumen de estudios de investigación demuestra que la educación tiene el índice de rentabilidad más alto, especialmente la educación que se imparte durante la primera infancia, misma que produce un valor de 17 dólares por cada dólar invertido.

El problema es que la inversión en educación depende del contexto. Un país que sufre de alta desigualdad y abundancia de mano de obra barata atrae inversiones en ámbitos con poca sofisticación, mismos que crean empleos de baja productividad. Al no existir la necesidad de contar con una fuerza laboral calificada, los gobiernos tienen pocos incentivos para invertir en educación. Como han demostrado   Daron Acemoglu , Simon Johnson , y James A. Robinson , los marcos institucionales tienden a ser más débiles en esos países. El poder económico y político se concentra típicamente en manos de los ricos, que son quienes se oponen a los aumentos progresivos de impuestos, mismos que son necesarios para financiar una educación universal de calidad. Consiguientemente, el resultado es una trampa de pobreza.

A menudo se dice que la educación desempeña un papel esencial en la promoción del crecimiento económico sostenible. Pero las trampas de la pobreza, al ser ambientalmente destructivas y económicamente ineficientes, se constituyen en todo lo opuesto a lo que se define como sostenible. Es imperativo erradicar estas trampas de pobreza para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de las Naciones Unidas. Sólo con un modelo más equitativo podremos consagrar con éxito a la educación como un derecho humano.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos

Leonardo Garnier es asesor especial del Secretario General de las Naciones Unidas para la Cumbre sobre la Transformación de la Educación.

Copyright: Project Syndicate, 2022. www.project-syndicate.org

Leonardo Garnier

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