Transforman 100 libros de economía en objetos de arte - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Cronica / Cien libros de economía editados entre 1953 y 1971 que tuvieron pocos lectores o que ni siquiera fueron hojeados, terminaron en una librería de viejo esperando a un posible lector hasta hace tres años, cuando el ilustrador Alejandro Magallanes (Ciudad de México, 1971) los eligió para sumergirlos en pintura blanca, convertirlos en libros-objetos imposibles de abrir y otorgarles una nueva portada.  “La mayoría de estos libros sí tuvieron lectores, pues son libros usados, pero me encontré con un par que nunca fue abierto. Eso me hace pensar en la vida de un libro: para que tenga vida debe tener un lector y un libro cerrado sigue siendo un objeto”, comenta en entrevista Magallanes a propósito de su libro Libros fósiles, editado por Almadía. Las publicaciones que seleccionó el ilustrador mexicano tenían pastas duras, papel de buena calidad y un contenido interesante a pesar de ser especializado. “Me imagino la cantidad de trabajo que implicó hacerlos, en su momento fueron —para la vida de muchas personas— lo más importante, aunque después ya no le importó a nadie, porque quizá las teorías económicas que presentaban ya no eran válidas o ya se habían superado”, explica.  Además, añade, le interesó que fueran sobre economía porque se generaba un contrapunto: que el libro estaba sin economía porque ya nadie quería comprarlo y porque generaba una reflexión sobre la economía del libro. “Cancelé el contenido de estos tratados de economía sumergiéndolos en pintura blanca para que quedara solamente su cascarón y pudiera darle otra salida a esos objetos. Los convertí en libros fósiles porque tienen la forma de libro pero ya no lo eran. Aproveché la estructura del libro: su portada, contraportada y el lomo pero ya no es libro, puede ser una escultura o un dibujo en un soporte distinto”. En palabras de Magallanes, este libro es una paradoja porque contiene una colección de dibujos que fue fotografiada “porque los dibujos están en las portadas de los libros, los cuales ya no son libros porque fueron cancelados con la pintura blanca”. Quizás, agrega, el lector podría decir que es un libro de portadas y contraportadas, e incluso, puede “imaginar el contenido de esos libros que he intervenido porque puse en sus portadas títulos como Las obras completas de, Breve historia del baño sauna en México. Tomo XI o Dos pensamientos obsesivos”. — ¿Hay ironía en estas nuevas portadas? — Sí, la ironía de imaginarme sus circunstancias. Es fascinante que existan enciclopedias técnicas, porque un editor supuso que habría un lector interesado en ese tema, pero en mis dibujos juego con los propios parámetros; por ejemplo, titular Triste al best seller… es decir, dedicarme a diseñar libros me ofrece perspectivas del libro como objeto. Otro aspecto que resalta Magallanes es que estas portadas “rectificadas” fueron reducidas a su mínima expresión. “Sólo utilicé la pintura blanca y negra con diferentes técnicas e hice dibujos expresados con letras o imágenes”. OBSEQUIOS. El ilustrador mexicano que ganó la medalla Josef Mroszczak en la XVI Bienal del Cartel en Varsovia, considera la portada de un libro como un regalo al lector. “La portada es la cara del libro y es el primer acercamiento de los lectores. En ese sentido, hay que pensarlas de tal forma que no sea un spoiler de lo que leerás pero que si dé información. Me parece que sí un libro tiene un título muy anclado con alguna imagen, lo mejor es hacer un contrapeso entre imagen y título. Hay veces que el título te da la pista o una cosa muy incidental en el texto, en el poema o en la narrativa, aunque no sea la escena principal, a lo mejor eso te dará la posibilidad de jugar con la imagen”. Para Magallanes, es importante la portada de un libro independientemente si el artista creó algo de buen gusto para el lector, porque siempre será algo que el comprador no olvidará. “Si nos ponemos a pensar en libros clásicos, por ejemplo, un libro de Gabriel García Márquez, si tú leíste cierta edición recordarás ese libro sí por la historia pero también por su portada, es decir, el lector guarda cierto cariño o desprecio a la portada”. — La publicidad que se hace a ciertos libros, ¿provoca el olvido de buenas historias? — Pienso que cada uno de los libros que se publican, es una hazaña, incluso los que son muy criticados como las publicaciones de autoayuda o de autores muy populares pero que son aquellos que provocan el mercado de libros piratas o muchas veces sostienen a las editoriales. Cada libro tiene sus lectores. “Tratar de vender el libro como una mercancía tal cual, no se logra del todo porque  es un objeto con mucha historia. Creo que el tiempo va poniendo cada cosa en su lugar, hay libros excelentes que al no tener una campaña a su favor resulta que nadie los conoce, sólo de boca a boca. Hay libros que son una llamarada de petate en cuanto a que sus contenidos tienen muchísimos lectores y después se olvidan, pero hay libros que son como una semilla: tardan mucho en crecer pero forman arboles muy robustos”, responde.

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