Tina Vandersteel: la gestora que ganó apostando a Venezuela

Cuando Venezuela entró en default y el mercado de bonos se paralizó, la mayoría de inversionistas huyó. Sin embargo, Tina Vandersteel, gestora de la firma Grantham Mayo Van Otterloo & Co. con sede en Boston, hizo lo contrario: compró más bonos venezolanos. Su estrategia contraria al mercado, mientras otros evitaban la deuda soberana venezolana, la posicionó como una de las pocas compradoras dispuestas a asumir el riesgo cuando nadie más lo hacía.

Ocho años después de esa decisión, el panorama ha cambiado drásticamente. Ahora que el mercado venezolano ha resurgido de forma inesperada y otros fondos buscan exposición, Vandersteel y su equipo poseen gran parte de la deuda que nuevos inversionistas desean adquirir. "Tengo todos los bonos", señaló la gestora en una entrevista reciente, reflejando su posición dominante en el mercado. Esta transformación, de ser una de las pocas compradoras a convertirse en creadora de mercado en una de las operaciones más complejas políticamente del mundo, ha generado resultados excepcionales.

El fondo GMO Emerging Country Debt Fund, gestionado por Vandersteel, registró la rentabilidad ajustada por riesgo más alta entre los fondos globales de deuda soberana desde que estalló la guerra con Irán, según datos de Bloomberg. Vandersteel gestiona alrededor de 9.500 millones de dólares y ha invertido durante décadas en mercados emergentes. Se incorporó a GMO en 2004 procedente de JPMorgan Chase, donde había trabajado desde 1990, acumulando vasta experiencia en operaciones de riesgo.

La apuesta venezolana se construyó pacientemente durante años, acumulando bonos del país a precios de remate mientras otros evitaban el mercado. La estrategia se basaba en una convicción fundamental: las enormes reservas petroleras de Venezuela terminarían devolviéndoles valor a esos títulos. Aunque Vandersteel también identifica oportunidades en otros mercados como Medio Oriente, particularmente en deuda israelí, pocas operaciones han tenido resultados tan lucrativos como su apuesta contraria en Venezuela, demostrando el valor de mantener la confianza cuando el mercado pierde la fe.

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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