Las familias afectadas por el doble terremoto ocurrido el pasado 24 de junio pernoctan en calles y plazas de Caracas a la espera de inspecciones o la entrega del informe que avale la entrada a sus casas Desde el Parque del Oeste hasta el Parque del Este, y desde San Bernardino hasta Los Próceres, las calles, aceras, plazas y parques de Caracas se han convertido en el refugio de cientos de familias que vieron sus viviendas afectadas tras el doble terremoto ocurrido en Venezuela el pasado 24 de junio. Muchos duermen en carpas, otros en colchones, algunos tienen toldos y otros, simplemente, un par de sábanas; en la mayoría de los casos, solo esperan que sus viviendas sean evaluadas por expertos para que les indiquen si en ellas se puede o no habitar. La plaza Altamira, la de la Moneda, la Juventud, la Morelos, el Panteón Nacional, la Darío Vivas y hasta Parque Carabobo son hoy espacios donde, entre carpas, lonas, colchones y sillas, conviven estas familias olvidadas por el Estado y sostenidas únicamente por la solidaridad de la sociedad civil. En pleno centro de Caracas, en la avenida México frente al Liceo Andrés Bello, hay 270 familias pertenecientes al edificio Continente, una edificación que, a pesar de no tener daños visibles por fuera, por dentro sufrió un serio deterioro, así lo señala Zoraida Martínez, habitante del lugar quien hoy lidera las iniciativas para organizar a su comunidad. En una hoja tiene escritos los datos de todos sus vecinos, en total son: 155 adultos, tres mujeres embarazadas, ocho adultos mayores y 88 niños. Al cumplirse una semana del doble terremoto, considera que “no es fácil estar en la calle durmiendo y más cuando tenemos niños, personas con discapacidad, adultos mayores que requieren mucha atención”. Al menos ocho inspecciones se han hecho en una semana a los vecinos de la residencia Continente, entre funcionarios de Protección Civil, el cuerpo de Bomberos e ingenieros de diversas universidades. Los últimos en revisar el área dijeron a las familias que el edificio sí estaba apto para habitar, pero que debían esperar a que se reforzara una base que sostiene la estructura, ubicada en el sótano del lugar, la cual sufrió serios daños, y a que se hagan las reparaciones internas necesarias para que puedan volver, lo que se traduce en una espera que puede durar meses o incluso años. Zoraida Martínez expone detalladamente el desgaste y las irregularidades que afrontan al vivir en la calle. “Bueno, nuestra situación ha sido una situación muy irritante, en virtud de que no es fácil estar en la calle, durmiendo y más cuando tenemos niños, tenemos personas con discapacidad, adulto mayor que requieren mucha atención. Aparte de eso estamos inseguros, ¿en qué sentido? Muchas personas se están aprovechando de la situación para pernoctar aquí en la acera de la avenida México, parroquia La Candelaria, para hacerse pasar por personas damnificadas como en este momento nos encontramos nosotros”, ante esto, hizo un llamado a los entes gubernamentales “para que nos ayuden, por favor, porque no hemos recibido ayuda de ningún ente del Estado. Bueno, gracias a Dios no nos ha faltado nada”. Su petición es clara, “lo que queremos es que nos den el informe donde nos avale y certificado para poder entrar a nuestras casas. Es una situación incómoda, no queremos estar acá, no queremos incomodar a la comunidad tampoco. Sé que es algo que fue a nivel nacional, que fue más afectado el estado La Guaira y que es prioridad, pero también acuérdense que aquí tenemos menores de edad”. “Han venido muchas personas, sí, y han hecho muchas inspecciones, pero nadie nos firma ni nos sella nada”, dice, al aclarar que solo quieren una certificación de riesgo en la que alguien asuma la responsabilidad. “Estamos hablando de alrededor de 270 familias del edificio Continente. Aquí están vecinos del edificio Brión, Silvia, Roteca que sí fue declarado como inhabitable, Tequendama y los vecinos del edificio República”. Lee también: Burocracia, censura
Fuente: Tal Cual — Ver nota original