Tarjeta roja para Delcy Rodríguez y la Guardia Nacional Bolivariana

Tarjeta roja para Delcy Rodríguez y la Guardia Nacional Bolivariana

Lapatilla junio 28 2026, 9:00 amPosteado en:  Destacados, NacionalesCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Una mujer espera frente a un edificio afectado por un terremoto, este sábado en La Guaira (Venezuela). EFE/ Henry Chirinos   Creemos seriamente en la transición como proceso político, necesario para llegar a la reinstitucionalización del país. Considero importante, como madre y abuela, asumiendo la representación de la mujer venezolana, que es necesario el reencuentro y la reconciliación. Sin embargo, ese sentimiento, que fundamenta y es esencial, nos guía por ser nosotras la representación sensible de la sociedad; se vuelve añicos ante esta tragedia, esta nueva tragedia, que enluta y estremece al país. Por Elsa Muro URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ Otra tragedia que se agrava en sus consecuencias, y tiende a agravarse por la negligencia de un gobierno que ha permanecido en el poder desde 1999 y que ha profundizado todos los males, distorsiones y perversiones que unos han denominado, con cierta alergia de los politólogos, como un Estado fallido. Vargas, La Guaira, o como quiera denominarlo la jerga carnavalesca del gobierno, ha sido la vitrina y el epicentro de la perversión de una forma de gobernar. La tragedia, la nueva tragedia de La Guaira, es el resultado de la desidia, la indolencia, la burla y la saña; la expresión del dominio político y ciudadano, sin tener en cuenta los valores de la vida, la protección, el bienestar, la libertad, la propiedad y el desarrollo de la dignidad humana, que debe llevar a todo poder a actuar en función de lo que realmente le corresponde. Miles de venezolanos se encuentran bajo la tierra del deslave de ayer, bajo el concreto de los terremotos de hoy. Las Fuerzas Armadas, los órganos policiales, de seguridad y contrainteligencia, que ayer eficientemente inundaron las calles de las principales ciudades del país, incluso de pequeños poblados y ciudades del interior, se encontraban ausentes de las labores de rescate. No se les veía en la calle con la misma fuerza e ímpetu para arremeter contra la población, los estudiantes, los trabajadores, los campesinos, los maestros y la ciudadanía; contra el venezolano, con la saña y la brutalidad, cumpliendo órdenes de aquel constructor y gran arquitecto del desastre venezolano que fue Hugo Chávez: «Me le echan gas del bueno». Las motos que pululaban por las ciudades con un conductor y un parrillero, y en el medio un estudiante golpeado, lo que iba a ser el inicio de una pesadilla, no circulaban por Vargas, por La Guaira, por Caracas o por Tucacas. Las jaulas que tanto criticaron en el pasado los constructores revolucionarios, no se encontraban en las esquinas para ayudar, tal como en el pasado reciente para meter a golpetazos a los ciudadanos y conducirlos a los centros de tortura. Las tanquetas y demás vehículos de guerra de origen chino o ruso, que estaban apostados en distintos sitios de la ciudad, como si de carritos se tratara, de aquellos que acompañaban a mis hijos en sus juegos, apostados en la autopista Caracas-La Guaira, en Naiguatá o en Plaza Venezuela, brillaron por su ausencia. Los generales bravucones que eructaban frente a las cámaras, los generales con formas atléticas que arremetían en la avenida Libertador contra los manifestantes y que luego lucían sus corbatas de lujo cuando llegaron a la Asamblea Nacional, abusando de las formas democráticas, estaban ausentes; ni por asomo aparecieron. Los militares, esos hombrecitos de verde, cubanos disfrazados de venezolanos, y los venezolanos que aterrorizaron

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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