Tan lejos, tan cerca y tan incómodo: la ruta del acercamiento de la DC al Gobierno

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El aterrizaje de figuras cercanas a la ex Concertación ha desnudado el interés del Gobierno por tender puentes hacia sectores que no formaban parte de su coalición original. Un eventual interés de la Democracia Cristiana (DC) de responder positivamente a un posible llamado del Ejecutivo, despierta diversas reacciones al interior de los conglomerados. Mientras en el oficialismo solo están abiertos a sumar a actores involucrados con la lógica «transformadora» que sustenta su programa, en la falange llaman a tener «dignidad» y a aceptar su rol de oposición constructiva. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

En su búsqueda por lograr acuerdos transversales que le posibiliten avanzar en la legitimización de su programa, el Gobierno del Presidente Gabriel Boric ha debido abrir puentes hacia sectores de la ex Concertación que no conforman ninguna de las coaliciones oficialistas. Una apertura que tiene a la Democracia Cristiana (DC) entregando señales evidentes de su disposición a una futura colaboración con el Ejecutivo, claras muestras de interés que son bienvenidas por algunos y resistidas por otros.

Una de estas voces de alerta sobre los riesgos de construir puentes con la ex Concertación proviene del alcalde de Valparaíso y exmilitante de Convergencia Social, Jorge Sharp, quien –en entrevista con El Mercurio– señaló que considera un error ampliar su base política y social hacia esos sectores, «porque significa gobernar con personas que durante 30 años tuvieron su oportunidad de gobernar». El jefe comunal dice no estar de acuerdo con esta apuesta, ya que considera que los actores que creen en la agenda de cambios, que –a su juicio– requiere el país, no se encuentran en las cúpulas de la ex Concertación.

Una crítica que abre los cuestionamientos sobre cuál será la estrategia de un Gobierno que, al no contar con mayoría parlamentaria, está obligado a negociar con sectores políticos que no conforman ninguna de sus coaliciones (Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático), abriendo puertas para que nuevos actores tengan un inusitado protagonismo. Además del Partido Socialista (PS) y el Partido por la Democracia (PPD), que empiezan a cobrar notoriedad al interior de La Moneda, comienzan a surgir las primeras señales por parte de un conglomerado que, hasta ahora, se había mantenido al margen, pero que se ha mostrado disponible a responder a un eventual llamado desde el Ejecutivo.

Se trata de la Democracia Cristiana (DC), colectividad desde la cual dicen tener toda la disposición para colaborar y dan los primeros atisbos sobre cuáles serían los eventuales elementos de negociación. Así lo ratifica su timonel, el alcalde de La Granja, Felipe Delpin, quien sostiene que «si el Presidente Boric cree que en algún momento, más allá de los votos de nuestros parlamentarios, necesita del aporte de nuestros técnicos y profesionales, para tener un Gobierno exitoso y una mejor gestión, él tendrá que tomar la decisión. Hasta este momento, nosotros no hemos solicitado nada, para darles tranquilidad a todos los sectores que se han inquietado con respecto a una posible incorporación de la DC al Gobierno. No hemos solicitado absolutamente nada y tampoco lo vamos a hacer. Si hay una iniciativa, tendrá que provenir del Gobierno y, si es así, tomaremos las decisiones en los órganos que correspondan al interior de nuestro partido».

Otra figura cercana a la ex Concertación, que ya no es militante de la falange pero que actualmente se identifica con el grupo «Amarillos por Chile», Mariana Aylwin, utilizó su cuenta de Twitter para defender al Presidente Boric después de las pifias que recibió por parte de un sector del público en el acto oficial del pasado sábado 21 de mayo en Valparaíso. La exministra de Educación calificó el hecho como «una vergüenza», agregando que «la consistencia logra imponerse si se es firme en convicciones y respetuoso de las formas republicanas. Aguante Presidente», cerró Aylwin. Con respecto a esta defensa y un posible acercamiento entre el actual Ejecutivo y el partido al que renunció en 2018, señaló que «estoy tan lejos de la DC que no tengo mucho que aportar. En cualquier Gobierno la DC puede ser un factor de influencia si no renuncia a su identidad. Porque, para ser un partido más, igual a los demás, da lo mismo que esté o no».

En cuanto a las críticas que surgen en la izquierda sobre un eventual ingreso de la Democracia Cristiana al Gobierno, y si se trataría o no de una traición a los principios transformadores que sustentaron el arribo del Primer Mandatario a La Moneda, el timonel del Partido Comunista (PC) y una de las voces de mayor experiencia al interior de Apruebo Dignidad, Guillermo Teillier, descartó que el ampliarse a la ex Concertación signifique traicionar el espíritu de su gestión. «Cuando estamos hablando de un programa, si alguien quiere colaborar con ese programa, yo no veo que sea traición con nada, ni que los que aceptamos esa colaboración seamos traidores. Lo importante es mantener al pie de la letra el programa de gobierno. Y yo creo que si la DC está dispuesta a colaborar con eso, las puertas están abiertas y no están cerradas de ninguna manera», sentenció Teillier.

Diferencias internas sobre un posible acercamiento Sobre la posibilidad de incorporarse formalmente al actual Gobierno, parlamentarios de la DC manifestaron su descontento con esta opción, asegurando que deben colaborar en darle gobernabilidad al país sin la necesidad de entrar al Ejecutivo. Al respecto, el diputado por el distrito 8 (Región Metropolitana), Alberto Undurraga, señaló que lo que buscan es seguir siendo «colaboradores con autonomía». En tal sentido, el parlamentario agregó que «no estamos en el Gobierno ni queremos estarlo. La ciudadanía nos puso en un rol distinto y desde allí queremos colaborar».

Quien apuntó más allá fue el senador por la Región de Coquimbo, Matías Walker, que sostuvo que «nosotros tenemos que tener dignidad. Perdimos la elección presidencial, este no es nuestro Gobierno, mucho menos nuestra coalición; no compartimos el ánimo refundacional que tiene Apruebo Dignidad, por lo tanto, mal podríamos compartir una coalición de Gobierno con ellos. Lo que sí podemos hacer es colaborar en todos aquellos proyectos que sean beneficiosos para la ciudadanía, como lo demostramos, por ejemplo, con la aprobación y perfeccionamiento del proyecto de aumento del salario mínimo».

Una lógica transformadora o refundacional que podría ser la piedra de tope para un posible acercamiento de la DC a un Gobierno que busca ampliar su base de apoyo, pero que requiere que dicha base de apoyo sea consistente con su programa, pues desde el interior de La Moneda aseguran que no se trata solamente de sumar votos en el Parlamento, al tiempo que puntualizan que, aquellos sectores que estén dispuestos a sumarse, deberán hacerlo desde ese predicamento, ligado a una convicción respecto de «cambios profundos en el país».

Alguien que emplazó directamente al histórico partido del ex Presidente Patricio Aylwin, fue el timonel de Acción Humanista y diputado por el distrito 11 (Región Metropolitana), Tomás Hirsch, quien planteó que «si la DC quiere pasar de su postura inicial de ser oposición, a luego ser una oposición ‘constructiva’, para después no ser oposición pero tampoco ser parte del Gobierno, y si hoy día quieren contribuir con el programa, me parece bien, aunque no me pareció muy estético que el planteamiento de ellos haya sido en el sentido de si el Gobierno les convoca a un cargo, estarían disponibles. Me parece que ojalá no fueran tan obvios en plantear que lo que están buscando son cargos de Gobierno», señaló.

Finalmente, el presidente del Partido Liberal y diputado por el distrito 1 (Región de Arica y Parinacota), Vlado Mirosevic, dijo que el sumar nuevos actores no implica necesariamente traicionar el espíritu del Gobierno, en la medida que la agenda de reformas siga estando clara. En ese sentido, se mostró abierto a un diálogo amplio con el objetivo de que dichas reformas tengan un piso político en el Congreso, ya que, por el contrario, cree que surge un camino alternativo, que es uno sectario que va a llevar a que todas las grandes reformas sean rechazadas en el Congreso, donde no cuentan con la mayoría necesaria.

 

 

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