Sufragistas, sindicalistas y luchadoras: las primeras feministas uruguayas - EntornoInteligente
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Es difícil saber a ciencia cierta cuándo el feminismo empezó a caminar en Uruguay. Se podrían aventurar un montón de fechas, de hipótesis, de detonantes.  

Durante gran parte del siglo XX, incluso desde un poco antes, las mujeres fueron protagonistas de una revolución silenciosa. Una que empezó puertas adentro al final del siglo XIX y que podría tener al 1881 como el año en el que el movimiento tomó el impulso suficiente para salir a la calle. 

Ese año, algunas mujeres pioneras comenzaron a levantar la voz y a apuntar con el dedo a un sistema patriarcal que las excluía de los derechos políticos, civiles, laborales y culturales. Así lo recoge uno de los tantos textos que la académica especialista en género, historiadora y docente, Graciela Sapriza, publicó sobre la avanzada feminista en Uruguay.

Sapriza también cuenta que, históricamente, la lucha de las mujeres fue de todas las mujeres. Burguesas, obreras, liberales, anarquistas, afiliadas a tal o cual proyecto político, con mucha o poca educación, de una u otra clase. No importaba. Todas coincidieron en lo mismo: tenían que cambiar sus vidas, apretar al sistema, hacer bajar de ese pedestal autoimpuesto y aberrante a los hombres que creían –que siguen creyendo– en la falsa superioridad.   

MARTIN BERNETTI / AFP

Por aquel entonces, la lucha buscaba cambiar la Constitución, que desde su origen excluyó a las mujeres del derecho a votar y ser electas. También buscaba corregir el Código Civil, que limitaba otro montón de derechos, como elegir su residencia o administrar sus bienes. La lucha dio sus frutos, primero en 1927, cuando las mujeres pudieron votar por primera vez en un plebiscito, y luego en 1938, cuando se concretó el voto femenino durante las elecciones nacionales luego del golpe de Estado de 1933. Antes, en 1912, se aprobó la ley de divorcio por voluntad de la mujer. Fechas históricas en América Latina.

Las luchas de estas feministas sufragistas “forjaron la modernización del país acompasando con la inmigración masiva, la rápida urbanización, el inicio de la industrialización, la formación de las clases trabajadoras y las capas medias”, publicó Sapriza en el libro Notas para la memoria feminista .  

El siguiente salto llegó en 1942 cuando cuatro mujeres entraron al Parlamento con los cargos de senadoras y diputadas. Su trabajo desde adentro pasó a la historia: en 1946 aprobaron la ley de Derechos Civiles de la Mujer.  

“Se podría decir que allí se cerró una etapa. También, que a partir de allí comenzó a operar el mito de la igualdad entre hombres y mujeres en el Uruguay”, escribió Sapriza. Porque la igualdad no era total. No lo era entonces ni lo es ahora.

Leonardo Carreño

Luego del terror de la dictadura, en 1985, el feminismo empezó a tomar más y más fuerza en Uruguay. Las historiadoras dicen que la militancia en aquellas décadas venía más que nada desde la izquierda. No solo en Uruguay sino también en el resto de América Latina y, aseguran, con mucha hipocresía. 

Pero la militancia comenzó lentamente a visibilizar el maltrato, la violencia doméstica, el acoso, la desigualdad evidente entre hombres y mujeres en el trabajo. Una parte de la sociedad abrió los ojos, se llenaron la cabeza, el cuerpo entero, de dudas.

En el medio pasaron muchas cosas, pero una fecha clave es 1985 cuando un artículo titulado ¿Por qué solo los hombres tienen la palabra? , publicado en la revista Cotidiano Mujer, encendió en Uruguay la discusión en torno al aborto. En 1989 comenzó una campaña para legalizarlo. El resultado llegó cuando se convirtió en ley en 2012, luego de que el expresidente Tabaré Vázquez vetara la ley aprobada en 2008.

Llegaron también la ley de cuotas y las manifestaciones masivas. 

Los cambios fueron muchos, pero todavía falta; a veces parece que demasiado.

A propósito del 8 de marzo –Día Internacional de la Mujer– es que en El Observador quisimos dejar en negro sobre blanco los nombres y las historias de aquellas mujeres uruguayas que gestaron y alimentaron la lucha feminista en el curso de la historia nacional. Hay muchas que quedaron por fuera de esta selección y que su aporte fue valioso en la construcción de la libertad, son los riesgos de hacer este tipo de homenajes. 

Pase, vea, descubra, redescubra a todas estas mujeres. Pero lo más importante: que se mantenga vivo su legado.

Delmira Agustini Montevideo, 1886 – 1914

Wikipedia Commons

Delmira Agustini

Cuando el exmarido de Delmira Agustini le pegó dos tiros en la cabeza, la palabra femicidio no existía. Aquello fue rotulado como un crimen pasional. Se intentó justificar el accionar del hombre, Enrique Job Reyes, que luego de matar a Agustini se suicidó. La pregunta que la sociedad se hizo entonces fue qué habría llevado a Job Reyes a quitarse la vida. Pocos se cuestionaron la injusticia del asesinato. “La prensa uruguaya y de Buenos Aires encontraron razones, justificaron, comprendieron, sintieron piedad por Reyes y lo que hizo. Solo un medio satírico de la época, La Mosca, lo condenó de manera tajante: ‘Protestamos contra los hombres autoritarios que se erigen en amos de la mujer y quieren hacerse amar a tiros de revólver’, escribió un o una cronista en el anonimato”, recoge Vanina Escales en una nota publicada en LatFem , un medio de comunicación feminista.  

Agustini fue una feminista que no se consideró a sí misma de esa manera. Tal vez porque no tenía el lenguaje, tal vez porque en aquella época eso no significaba demasiado. Aún así, sus textos, desobedientes, rompieron muchas cadenas para las mujeres. Una joven que tenía talento, tenía voz propia y hablaba a través de su poesía de los temas de los que se suponía que las mujeres no tenían que hablar.  

Alba Roballo Artigas, 1909 – 1996

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Alba Roballo

La lucha feminista de Alba Roballo fue siempre desde la política. El libro Uruguayas rebeldes , publicado en los últimos días, la destaca como la primera mujer ministra en la historia del país y América Latina. Ejerció su cargo en el Ministerio de Educación y Cultura desde 1968. Se plantó de frente ante los regímenes dictatoriales y represores de su tiempo.  

María Collazo Montevideo, 1884 – 1942

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María Collazo

Pasó su infancia entre las calles de La Aguada y un colegio de monjas al que detestaba ir. Ya en su adolescencia empezó a frecuentar otros ámbitos de ideas más libres y se distanció de su familia. 

Con treinta años decidió cruzar el charco y potenciar su militancia anarquista y feminista en Buenos Aires. Junto con otras compañeras mujeres fundó el Centro Femenino Anarquista, el primer local con estas características de Argentina. Su participación en huelgas y manifestaciones a favor de las trabajadoras mujeres provocó una deportación que la llevó de vuelta a Montevideo.

Una vez de vuelta en Uruguay, reagrupó a diferentes sindicalistas y juntas resistieron a las opresiones que el sistema imponía sobre lavanderas, planchadoras, vendedoras de cigarros, y otros rubros donde las mujeres fueron vulneradas durante décadas. 

Collazo encontró en la expresión artística y la pedagogía otro reducto para ejercer su feminismo. Y un canal de denuncia a través de la prensa escrita sobre las condiciones de trabajo de las obreras mujeres. Insistió en una idea que todavía hoy es un estandarte de la lucha feminista: que los hombres y las mujeres deberían ganar lo mismo por hacer el mismo trabajo.    

Las hermanas Luisi 

Archivo de la familia Luisi

Luisa Luisi

Fueron seis. Todas tuvieron un papel fundamental en el desarrollo y el crecimiento de los movimientos feministas en Uruguay. Sus padres llegaron desde Europa a Paysandú en 1878, se habían conocido años antes en París. Eran pedagogos y comenzaron a difundir sus ideas en medio de escándalos y cuestionamientos constantes por parte de una sociedad uruguaya pacata que no estaba preparada para enfrentar la posibilidad de tantas libertades. Las Luisi crecieron en ese entorno y todas optaron por magisterio cuando quisieron empezar a estudiar, aunque posteriormente tomaron otros caminos. 

De las seis, cuatro trabajaron más activamente en la lucha feminista: Paulina, Inés, Luisa y Clotilde. Paulina fue la primera médica del país y la primera mujer en recibir un título universitario de la Universidad de la República. También lideró el Consejo Nacional de Mujeres, una agrupación enfocada en el “adelanto moral, intelectual social y humanitario de la mujer”. Su trabajo impulsó el voto femenino. En el ámbito de la medicina, Paulina se dedicó, más que nada, a la salud sexual femenina. 

Clotilde, por su parte, fue la primera abogada recibida del país y generó otro escándalo por irrumpir con fuerza en un rubro dominado por hombres, incluso en el ámbito académico. 

Luisa, según consignó un reportaje publicado en El País , fue poeta, crítica literaria, profesora de español, conferencista y pedagoga. Ida Vitale la consideró “injustamente olvidada” por su trabajo no solo en las letras, sino también en la educación por sus ideas disruptivas para la época.   

María Esperanza Barrios Rocha, 1892 – 1926 

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María Esperanza Barrios

Quienes estudiaron la historia feminista tienen un consenso: las mujeres negras y sus logros siempre son relegados. Pasa ahora y pasaba en 1917, cuando María Esperanza Barrios fundó Nuestra raza. Era una publicación que buscaba reivindicar los derechos de la población afro en Uruguay. 

Barrios se especializó en hacerlo con un fuerte énfasis en los derechos de las mujeres y los niños. De hecho, hay quienes aseguran que sus palabras comenzaron a dar forma al movimiento feminista negro, del que se habla muy poco.   

Isabel Pinto de Vidal, Julia Arévalo de Roche, Sofía Álvarez Vignoli, Magdalena Antonelli Moreno Las primeras parlamentarias

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Isabel Pinto

1943. Hace nada más que 77 años que los uruguayos pudieron presenciar la imagen de mujeres en roles legislativos.

Fue en las elecciones de noviembre de 1942 cuando cuatro mujeres pudieron ser electas para integrar el Parlamento. Sofía Álvarez de Demicheli entró al senado con el partido colorado del ala conservadora, Magdalena Antonelli Moreno fue electa diputada por el sector batllista y Julia Arévalo de Roche por el partido comunista. La cuarta mujer, Isabel Pinto de Vidal, entró al senado como suplente de Luis Matiaude, que fue electo senador y luego designado ministro de Salud Pública, según consigna una publicación de LaRed21 . 

Su potencia cargó contra el sistema patriarcal desde adentro y en 1946, bajo la presidencia de Juan José de Amézaga, se aprobó la ley 10.729 que garantiza la igualdad de derechos civiles entre hombres y mujeres. “Esta ley le permite a la mujer administrar sus bienes, comprar y vender por sí, compartir la administración y división de la sociedad conyugal y el ejercicio de la patria potestad de sus hijos menores de edad, aunque se divorcie y se case con otro hombre”, detalla Uruguay Educa .  

(Producción: Facundo Macchi )

LINK ORIGINAL: El Observador

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