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Sobre la fuga de dólares y los cantos de sirena

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Entornointeligente.com / Algo por el estilo es lo que hay que sugerir a las autoridades que hagan en referencia a los consejos interesados que ya empezaron a escucharse acerca de una supuesta necesidad de bajar la brecha cambiaria, si es necesario usando dólares de las reservas, con el fin supuesto de garantizar el financiamiento para los vencimientos de deuda pública en pesos de julio y agosto que son más abultados que en otros meses. Veamos algunos de los argumentos que hoy desaconsejan rotundamente esto en esta larga travesía de la economía argentina:

Informate más Dólar hoy: a cuánto cerró este jueves 27 de mayo En primer lugar, buena parte de los títulos deuda en pesos están en manos de la ANSES y otros entes públicos. Y otra buena parte de los bonos en pesos está en manos de entes privados tales como aseguradoras, bancos, etc, que deben tener en su cartera una apreciable cantidad de títulos en pesos. Muchas veces la suma de ambos ronda el 60%. Es por eso que sólo en muy pocas ocasiones las colocaciones fallan, y las pocas veces en que sucede, suelen ser seguidas por colocaciones muy voluminosas a los pocos días. Ello es así porque ocurre que muy buena parte de la demanda de bonos en pesos es “demanda cautiva”. Muchas de las empresas y entes que los compran no tienen opción a ello.

En segundo lugar, Argentina está intentando por todos los medios refinanciar los pagos con el Club de París y con el FMI que operan en lo que resta del año a fin de capear una situación crítica de reservas. Algunos –inoportuna pero acertadamente- han llegado a definir la situación del país como mendicante. Y desde una mayoría tanto de despachos oficiales de primer nivel como de la oposición se admite que Argentina está en una situación cercana a la cesación de pagos por lo que se llega a calificar a la deuda como “impagable”. Ahora bien, si la situación adquiere esa dimensión, ¿no es una verdadera locura destinar algunas de las muy pocas reservas que hay en el Banco Central a intentar bajar la brecha cambiaria por mero capricho? ¿Podemos despilfarrar dólares de las reservas para mantener unas semanitas el dólar libre bien bajo mientras le pedimos socorro al Club de París y al FMI para no pagarles ahora los dólares que se les debe?

En tercer lugar la más estricta lógica indica que cuanto más bajas sean las reservas más alta será la brecha cambiaria. De esta manera, trabajar para tener en el futuro una brecha cambiaria lo más baja posible es acumular la mayor cantidad posible de dólares del superávit comercial en las reservas del BCRA y no dilapidarlos como lamentablemente esa entidad lo ha hecho por mucho más de u$s1.000 millones en los últimos meses.

En cuarto lugar, cuanto mayores sean las reservas más bajas podrán ser las tasas de interés lo cual mejorará no solo el costado financiero del perfil de deuda pública sino también la economía real. Es en un contexto de una gran mejora en el nivel de actividad en el cual se puede obtener un mejor financiamiento porque en esas condiciones mejora la confianza en la economía y fluyen fondos prestables.

En quinto lugar, pensar, como se lo ha hecho, que el bajo precio y la escasa demanda de los bonos ajustados por inflación en octubre pasado se debía a la alta brecha cambiaria de aquel entonces y suponer por ello que una alta brecha cambiaria atenta contra el financiamiento en pesos, es no entender lo que ocurría ni mucho menos entender cómo se mueven las variables. En realidad, las consideraciones que los inversores toman en cuenta en referencia a qué bonos comprar tienen que ver con qué variables consideran que serán las que más subirán. En octubre pasado campeaba la creencia de que en breve sobrevendría una gran devaluación. Por lo tanto los inversores se alejaban de inversiones en bonos en pesos ajustables por inflación y privilegiaban las colocaciones en bonos en pesos ajustados por dólar oficial que tenían gran demanda. Ahora, en un contexto de una política de retraso cambiario que se piensa que perdurará un tiempo, los mismos inversores se alejan de los bonos ajustados por dólar oficial y optan por colocar esos mismos fondos en bonos ajustados por inflación. Es por eso que en octubre los bonos ajustados por inflación otorgaban un rendimiento de más de 9% más inflación y ahora de menos de 2% más inflación. De tal forma, si la brecha cambiaria sube, los inversores volverán a privilegiar bonos ajustados por dólar oficial en detrimento de bonos ajustados por inflación. Pero el financiamiento neto al Estado es aproximadamente el mismo, con brecha alta, que con brecha baja.

En sexto lugar desde julio bajará sensiblemente la liquidación de divisas que hará el campo. Ello impactará negativamente en los dólares que podrá comprar el Banco Central. Esta es la parte del año en la que los mismos más abundantes son. Si el Banco Central no aprovecha ahora para aumentar las reservas de manera muy ostensible, ingresará en breve en una etapa en la que costará muchísimo más hacerlo.

En séptimo lugar Argentina está embarcada en una política de retraso en el tipo de cambio. Vale decir que se ha decidido -de manera muy discutible pero ha sido una decisión tomada– sacrificar una importante parte del superávit comercial. Esto también va a aminorar el ingreso genuino de dólares a las reservas del BCRA, factor que desaconseja al igual que todos los anteriores puntos dedicar escasas reservas a vender en el segmento del dólar libre.

En octavo lugar, en plena pandemia hay un debate acerca de hasta donde el Estado puede tirar un precario salvavidas a empresas y personas que corren severos riesgos económicos además de sanitarios. Es directamente grotesco entonces pensar en subsidiar la compra de dólares. La vergüenza ajena hace que huelguen más palabras al respecto.

En noveno lugar, el Banco Central ha puesto en marcha hace no demasiado tiempo una muy nociva política de refinanciación compulsiva de vencimientos de deuda de los sectores público y privado. Entre las empresas dañadas está nada menos que YPF que ha tenido todo tipo de problemas y contratiempos con sus acreedores. A YPF le sigue una larguísima lista de empresas grandes y pequeñas que contra su voluntad no han podido honrar sus compromisos y que se las ven en figurillas para explicarle a sus acreedores del exterior esa irracional reglamentación del Banco Central. ¿Puede el Banco Central entonces seguir vendiendo cientos, miles de millones de dólares alegremente en el circuito del dólar libre si no deja pagar las deudas de empresas de los sectores público y privado?

En décimo lugar, el presidente del Banco Central definió el año pasado al mercado del dólar libre no solo como un mercado prohibido sino además como un refugio de narcotraficantes y vendedores de armas. Agregó que operar en él estaba prohibido y era un delito. Y a menos de 60 días de ello estaba vendiéndole dólares a esos mismos narcotraficantes y vendedores de armas. ¿Es razonable que siga haciéndolo?

Los argumentos en contra de seguir con la política de despilfarrar grandes cantidades de millones de dólares de las reservas en el mercado del dólar libre no le sirve a casi nadie entonces. No le sirve al Estado. No le sirve al gobierno. No le sirve a la oposición. No le sirve a las empresas del sector privado. No le sirve a los argentinos. No le sirve al propio Banco Central que es quien la implementa. Perjudica claramente al país. ¿A quien le puede servir entonces? Solo aparecen tres beneficiados. En primer los compradores de dólares, que los consiguen más baratos. En segundo lugar, los que invierten en pesos con la idea de pasarse a dólares rápido y con ganancia garantizada por el BCRA y en tercer lugar la cúpula del Banco Central que ha venido cometiendo este dislate y presiona por seguir haciéndolo, en parte por absoluto desconocimiento de las más triviales cuestiones económicas, y en buena parte para poder seguir un poco más de tiempo esquivando dar las justificadas explicaciones en varios ámbitos.

Hay que concluir entonces que no se puede demorar más en quitarle el “chiche nuevo” a la cúpula máxima de la conducción del Banco Central y entregarlo a manos más razonables, profesionales y prudentes. De otra manera, más que el canto de las sirenas, lo que podemos terminar escuchando… son las sirenas, pero sin cantos de ninguna índole.

Embed Walter Graziano y Asociados macroeconomía – finanzas –

inversiones – situación política –

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