Sánchez necesita un catalizador: ¿romper con Podemos?

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En los mercados financieros, un catalizador es un evento que provoca una ruptura abrupta de tendencia, especialmente al alza. En ocasiones la publicación de los resultados de las compañías o de diferentes datos macro sorprende positivamente a analistas e inversores y actúa de acelerador de una rápida subida de las cotizaciones.

Alberto Núñez Feijóo ha sido claramente el catalizador del PP. Su llegada a la dirección del partido ha cambiado rotundamente la tendencia en la cotización de las expectativas electorales populares. La cuestión ahora es saber hasta dónde pueden llegar esas perspectivas, dónde está el techo electoral del PP de Feijóo.

La expansión Popular depende de su capacidad de captar adhesiones a su izquierda (PSOE) y a su derecha (Vox). El centro, que parecía habitado por Ciudadanos, ha desaparecido en la práctica, absorbido por el PP, como se vio en los comicios de Madrid y Castilla y León.

Todos los partidos están muy movilizados y no solo porque en un mes hay elecciones en Andalucía, sino porque 2023 va a ser el superaño electoral; con municipales, autonómicas y generales, y todos andan buscando su particular evento que mejore o cambie sus perspectivas. El PP ya lo ha encontrado, pero ¿dónde está el catalizador del PSOE? ¿Cuál va ser el argumento de Pedro Sánchez para dar la vuelva a la persistente caída de expectativas?

Hace un año, cuando la pandemia remitía con la vacunación, se idealizó el valor de catapulta de los 140.000 millones de euros de fondos europeos. Enseguida se vio que el dinero llegaba tarde y mal, con lo que el artefacto no iba a tener suficiente fuerza como para lanzar la bola y romper la muralla, menos aún superarla. Después se pensó que el rápido repunte de la economía y la creación de empleo podrían actuar de revulsivo electoral. Tener a más de 20 millones de españoles cotizando a la Seguridad Social y una perspectiva de crecimiento medio del 4% para este año y 3% el que viene parece esperanzador. Pero, cuando la inflación está descontrolada, la subida de precios de la energía contamina a toda la cesta y el BCE afila el lápiz de la subida de tipos de interés es muy difícil construir una narrativa oficial positiva alrededor de la economía.

Mientras, el PP de Feijóo ha iniciado su particular viaje hacia el centro. Él empezó la campaña recordando en el Circle d’Economia de Catalunya que el artículo 2 de la Constitución consagra que España está integrada por «nacionalidades y regiones». Le siguió Elías Bendodo, coordinador general del nuevo PP, asegurando que España es un Estado plurinacional.

Nada es por casualidad, los jefes de laboratorio del PP saben que para triunfar en la Carrera de San Jerónimo necesitas, como poco, una base fuerte en Andalucía y Cataluña, donde se juegan 109 escaños. Vox quiso aprovechar el giro del PP al centro para captar más voto españolista, pero Feijóo no es dudoso.

Una reciente encuesta de Metroscopia dice que el 49% de los españoles considera que España es un Estado plurinacional y un 44% que no, de manera que el país está claramente partido en dos mitades muy similares en este punto. Cuando se analiza por preferencias políticas, los votantes de derechas son mayoritariamente no plurinacionales (63%), mientras que en la izquierda, el 59% ve a este país plurinacional. Los nacionalistas e independentistas no sorprenden: el 86% considera que España es plurinacional.

Ayer salió la nueva encuesta del CIS, que es interesante en lo que oculta y vergonzosa en lo que esconde. El resumen es que el bloque de izquierdas camina hacia la oposición y el de derechas hacia el poder sin remisión. El CIS lo pinta a baja velocidad y las encuestas de las empresas de demoscopia privadas a gran ritmo.

Lo más duro para el PSOE es que sobrevive gracias al desangre de Podemos, pero la izquierda necesita a los socialistas con vigor y a Sumar, la nueva plataforma de Yolanda Díaz, añadiendo. Todo lo demás son bendiciones al bloque de derechas.

El PSOE suspira por un catalizador de alta densidad y es imposible que la macroeconomía sea el revulsivo electoral. Tendría que producirse un milagroso encadenamiento de buenas noticias con rápida traslación a la microeconomía diaria. La invasión de Ucrania debería terminar ya y provocar un desplome de precios en los hidrocarburos, de manera que se hundan los precios de la electricidad, los combustibles y toda la cesta de la compra.

El boli Bic y las cintas de Villarejo son insuficientes, son precisas decisiones de calado para que el PSOE revierta la situación. Lo primero es cortar la iniciativa legislativa a Podemos con temas que son muy políticos y poco acuciantes. Es urgente que Pedro Sánchez demuestre que es el presidente del Gobierno, no de una parte del mismo, y eso solo lo va a demostrar cuando cese a algunos de los ministros irreverentes de la parte contratante.

Cada semana generan una crisis interna, con un contenido que sirve en la misma proporción para debilitar el lado centrado del PSOE y promocionar al PP como alternativa. El espectáculo con el programa Pegasus y las escuchas es de primero de espías. Qué adelanta el PSOE con los aspavientos de la ministra de Defensa defendiendo a todos los uniformados de este país, si sus coaligados y socios les ridiculizan y piden corte de cabezas como si España estuviera en el Medievo. La capacidad de autodestrucción de la izquierda sigue intacta, como se ha visto en la constitución de las listas en Andalucía.

Si el PSOE quiere retomar la iniciativa, y sabiendo que la economía no va a ser el aliado, necesita recuperar la iniciativa y separarse de Podemos rápido y con mucho ruido. Eso pasa por prorrogar en 2023 los Presupuestos de este año, permitir que Sumar tenga su hueco en la izquierda y convocar las generales en mayo, coincidiendo con las demás, o aguantar hasta fin de año mirando al cielo.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense

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