Siete postales desde ningún lugar (Cuentos de sábado en la tarde) - EntornoInteligente
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Universos paralelos

A veces me imagino que no soy un escritor famoso, galardonado con los premios más ansiados del ámbito literario y poderoso en todo el planeta, asediado por los admiradores, los medios de comunicación en busca de una entrevista, los escritores aficionados que desean encontrar el truco del éxito y los detractores que refutan mis planteamientos sobre las causas (ya corroboradas por la ciencia) de la extinción masiva de gran parte de la vida animal y vegetal en la Tierra, la dramática involución genética de la especie humana y su consecuente división en dos nuevas razas, una de las cuales (el Homo ciber subsapiens) fue obligada a regresar a las cavernas y a los lugares más inhóspitos de los territorios e incluso en algunas regiones septentrionales se procedió a su exterminio o a su deportación masiva a satélites de planetas aledaños, ya colonizados por las grandes corporaciones que sustituyeron a los países en el gobierno del mundo durante generaciones enteras… Pero es ya es vox populi …

Cómo explicar que, dadas estas condiciones, yo haya optado por asumir la anónima identidad de un corrector de estilo que trabaja en una revista de viajes y en un periódico, vive una existencia de bajo perfil en su ciudad natal y camina por la calle tranquilo, sin ser reconocido por nadie y disfrutando de la maravillosa sensación de ser un ciudadano normal en un mundo que apenas agoniza entre los estertores y rescoldos de lo que alguna vez, con tanta jactancia, se llamó civilización humana…

 

Crisis infinitas en tierras devastadas

Se dice que nos ha tocado vivir tiempos muy duros y que el mundo está en crisis; pero parafraseando a Borges, creo que en su relato “El inmortal”, “siempre vivimos en tiempos de crisis”. Y tiene razón. Vaya uno a saber qué sentía un dinosaurio cegado por el resplandor del meteorito que acabaría con su especie, un australopiteco al notar que la tierra se abría bajo sus pies cuando África se separaba de América, un gladiador al pisar la arena y pronunciar sus últimas palabras, un cristiano en tiempos de Nerón observando al león que lo devoraría, un inca enfrentando al feroz y despiadado Pizarro, un azteca divisando en altamar los ominosos veleros de Cortés que auguraron los dioses, un judío asomado a su ventana viendo marchar a las SS, la perrita Laika mirando por la ventanilla del Sputnik II cómo se alejaba su casa hasta convertirse en un puntito azul o un osezno polar navegando a la deriva en un témpano cada vez más pequeño y lejano de su blanco hogar por culpa de unos bípedos idiotas que no saben vivir

Entonces, empaco mis arcoíris, recojo mi sol de los venados, doblo cuidadosamente mi Luna llena, guardo mis asteroides favoritos y vuelo en busca de una nueva constelación donde establecer mi reino de pensamientos astrales y juegos mentales. Entonces, si sabes todo esto, ¿por qué aún te sorprende que viva en las nubes?

Si le interesa leer otro cuento de esta serie, ingrese acá: El susto (Cuentos de sábado en la tarde)

Orcos a la deriva

Mientras espero el bus por la mañana, para ir a mi nuevo trabajo, veo que de repente un policía en una ruidosa motocicleta frena con evidente brusquedad frente a los numerosos autos que circulan a esa hora por la calle y observa desafiante a lado y lado; detrás vienen como ocho flamantes “mafionetas” con vidrios polarizados a velocidad de asalto a un banco, escoltadas por varios policías más en sus potentes motos. Son gente que no respeta ni a su abuela y parar en un semáforo es impensable para ellos. A su paso van desparramando odio, desprecio e impunidad. En cada una de esas 4×4 adivino la nefasta presencia de un ministro, un esmeraldero, un congresista, un gobernador, un capo de la mafia, el alcalde, el procurador, algún traficante de armas, cualquier innombrable, una familia de narcotraficantes, algún acaudalado pastor, el presidente de una multinacional… Da lo mismo.

La escoria está por encima de la justicia, porque los apoyan los “representantes” de la ley, quienes no tienen la más remota idea de valores como paz, justicia, respeto ni equidad. Un incauto automovilista se atreve a protestar, tocando la bocina y recibe por toda respuesta un gesto vulgar y desafiante. Pienso en la canción de Piero que dice: “Pasa una banda de criminales en sus hermosas motos policiales”, y veo que en cuarenta años nada ha cambiado. Me pregunto a qué le temen esos hampones…

Si está interesado en leer otro texto de Cuentos de sábado en la tarde, ingrese acá: El trono (Cuentos de sábado en la tarde)

Absorto sideral

En medio de la algarabía, el desorden, la desidia, los pronósticos futbolísticos, el mal humor, las risotadas, las voces estridentes, los adjetivos descalificadores, la envidia, los noticieros nauseabundos, el fanatismo, los restaurantes insalubres, la intolerancia… mi alma se eleva hacia las estrellas, de donde procedo, y el sordo rumor de la horda primitiva va quedando abajo, junto a los restos de una civilización perdida, vacía y lúgubre a la cual ya no pertenezco. Por eso mi espíritu vaga en los recintos etéreos del pensamiento, la libertad y la lucidez. Es así como puedo afirmar (con el gran Baudelaire) que hoy sentí pasar sobre mí el “viento del ala de la imbecilidad”, mientras yo desplegaba mis alas translúcidas y volaba lejos en busca de nuevos horizontes. Por eso me llaman “el loco”; por eso ríen ante mi silencio sutil; por eso soy feliz.

 

Mundos posibles

Hoy abrí mi muro en la red y resulta que amaneció traducido al inglés, idioma que comprendo bastante bien… Sin embargo, me inquieta pensar que algún día le dé por cambiarse al swahili; que al mirar por la ventana aparezca la imponente silueta del Kilimanjaro, con jirafas, cebras y ñus pastando por las praderas del Serengueti, y que de repente me convierta en un guerrero masái que baila contoneo watusi, vive en choza de barro, desconoce la gramática española, caza leones con una lanza y un buen día sale en busca de un tronco para hacer un tambor, porque eso implicaría que me habría convertido en Karaiba Kunta Kinte, hijo de Omoro…

 

Utopía en el cielo con diamantes

Evoco aquel mundo en que los dibujos animados eran lindos, coherentes y divertidos. Es quizá la representación de una era que creyó estar a las puertas de la Utopía, que rozó el Cielo con la punta de los dedos y se atrevió por primera vez a tutear a Dios, que creó universos de fantasía psicodélica y logró asustar al Gran Hermano, pero al final el descontrol, la anarquía, el consumo desaforado, los fanatismos y la inevitable estupidez humana convirtieron todo en un espectáculo, una parodia, un dogma… Y nos electrodomesticaron: embalsamaron a nuestros ídolos y los convirtieron en títeres de cartón, robaron nuestras canciones favoritas y las usaron para vender cereal, descubrieron a la mujer más bella e inocente del mundo y se la dieron al presidente más emblemático para poder matarlos a ambos.

 

Universos paralelos

A veces me imagino que no soy un escritor famoso, galardonado con los premios más ansiados del ámbito literario y poderoso en todo el planeta, asediado por los admiradores, los medios de comunicación en busca de una entrevista, los escritores aficionados que desean encontrar el truco del éxito y los detractores que refutan mis planteamientos sobre las causas (ya corroboradas por la ciencia) de la extinción masiva de gran parte de la vida animal y vegetal en la Tierra, la dramática involución genética de la especie humana y su consecuente división en dos nuevas razas, una de las cuales (el Homo ciber subsapiens) fue obligada a regresar a las cavernas y a los lugares más inhóspitos de los territorios e incluso en algunas regiones septentrionales se procedió a su exterminio o a su deportación masiva a satélites de planetas aledaños, ya colonizados por las grandes corporaciones que sustituyeron a los países en el gobierno del mundo durante generaciones enteras… Pero es ya es vox populi …

Cómo explicar que, dadas estas condiciones, yo haya optado por asumir la anónima identidad de un corrector de estilo que trabaja en una revista de viajes y en un periódico, vive una existencia de bajo perfil en su ciudad natal y camina por la calle tranquilo, sin ser reconocido por nadie y disfrutando de la maravillosa sensación de ser un ciudadano normal en un mundo que apenas agoniza entre los estertores y rescoldos de lo que alguna vez, con tanta jactancia, se llamó civilización humana…

 

Crisis infinitas en tierras devastadas

Se dice que nos ha tocado vivir tiempos muy duros y que el mundo está en crisis; pero parafraseando a Borges, creo que en su relato “El inmortal”, “siempre vivimos en tiempos de crisis”. Y tiene razón. Vaya uno a saber qué sentía un dinosaurio cegado por el resplandor del meteorito que acabaría con su especie, un australopiteco al notar que la tierra se abría bajo sus pies cuando África se separaba de América, un gladiador al pisar la arena y pronunciar sus últimas palabras, un cristiano en tiempos de Nerón observando al león que lo devoraría, un inca enfrentando al feroz y despiadado Pizarro, un azteca divisando en altamar los ominosos veleros de Cortés que auguraron los dioses, un judío asomado a su ventana viendo marchar a las SS, la perrita Laika mirando por la ventanilla del Sputnik II cómo se alejaba su casa hasta convertirse en un puntito azul o un osezno polar navegando a la deriva en un témpano cada vez más pequeño y lejano de su blanco hogar por culpa de unos bípedos idiotas que no saben vivir.

Sé que no es muy edificante y el último ejemplo muestra un reto que la especie humana no enfrentó nunca antes… ¿o sí? ¿No se suceden las civilizaciones milenarias a los imperios inmemoriales en ciclos tan prolongados que los llamamos eternidad?

***

El autor

En estas Siete postales… el autor salta de lo etéreo a lo real con transiciones del relato tan disímiles, que bien podría ser que cada postal fuese la voz de un personaje diferente, pero todos teñidos por la ansiada búsqueda de la utopía, heredada de Tomás Moro ( Utopía ), Francis Bacon ( La Nueva Atlántida ), Jonathan Swift ( Los viajes de Gulliver ), Voltaire ( Micromegas ), Samuel Butler ( Nowhere o allende las montañas ), Oscar Wilde ( El alma del hombre bajo el socialismo ), Aldous Huxley ( Un mundo feliz ), Isaac Asimov ( Fundación ), George Orwell ( 1984 ) y Ray Bradbury ( Fahrenheit 451 ).

Todos estos autores han creado mundos imaginarios, bien sea para denunciar un temible futuro o alertar sobre peligros actuales y soñar alternativas viables de un mundo en paz y armonía; pero tal vez la humanidad nunca se había visto ante un panorama tan desolador, con treinta años de plazo para el conteo regresivo hacia la extinción. Por eso, siempre los mundos imaginarios o no lugares permiten tomar distancia de lo irremediable del ser y su constante devenir en el cosmos.

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Orlando Plata González

Cultura

Siete postales desde ningún lugar (Cuentos de sábado en la tarde)

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