Roma: Las heridas permanentes en las memorias de Cuarón - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Una de las grandes cualidades del cine mexicano actual es su capacidad de acercarse al pasado, ya sea de un modo conciliador, de reconocimiento o en la búsqueda de la belleza olvidada. En medio de una generación privilegiada, es Alfonso Cuarón el que llega a coronar una época tan gloriosa, en propuesta fílmica, como triste, en su lucha contra la monstruosidad del blockbuster . Las primeras escenas de Roma , el nuevo filme de Alfonso Cuarón, dan la sensación de ser imágenes como las que uno puede llegar a tener cuando aprieta los ojos y comienza a recordar algo lejano en el tiempo. Quizás un hecho naturalmente insignificante, pero simbólicamente presente. En este caso, la película es un viaje a la memoria del director.

Las memorias de Cuarón son las de un homenaje a las personas que lo criaron. Es el retrato de cómo se fractura una familia. Es el derrumbe del matrimonio de Sofía (Marina de Tavira) y su esposo, un médico, que pasa a un segundo plano para centrarse en la historia de Cleo (Yalitzia Aparicio), una mujer indígena que se dedica al servicio junto con Adela (Nancy García) y quienes son las principales responsables de los cuatro niños de la casa. Cleo es la primera en levantarse por las mañanas, para despertar a los niños y llevarlos a la escuela y la última en irse a la cama después de lavar los platos, mientras sus patrones desgastan su relación con discusiones a puerta cerrada. Cuarón nos ofrece una emotiva versión de sus recuerdos más profundos. Lo que llama la atención es que se acerca al pasado tratando de reconstruirlo de la manera más realista posible y es ahí en donde el espectador encuentra una empatía con los personajes de los que es casi imposible escapar. Los problemas que plantea, ya sean sociales o sentimentales, son tan cercanos a cualquier persona que el filme puede sentirse como una caricia a las heridas propias. La película es una obra maestra del cine mexicano. Apenas llega a las salas de cine y ya tiene un lugar en la historia como la primera película de raíz completamente mexicana que gana el León de Oro y está por mostrar su potencial en la cima del glamour fílmico de los Premios Oscar. Pero incluso las obras maestras no son perfectas, si pensamos que el cine es el arte del artificio. Es en la sinceridad y el manejo del lenguaje fílmico donde la historia puede tocar el corazón. Desde luego que Roma lo hace. Ya sea en una confesión de Cleo, en las peleas nupciales y, sobre todo, en las secuencias del Halconazo y el mar. Es la película de Alfonso Cuarón que más profundidad emocional tiene, mas no tiene aún el virtuosismo técnico que alcanzó con Niños del hombre (2006), sobre todo en movimientos de cámara y la fotografía con la que debuta Cuarón, sin la complicidad de Emmanuel Lubezki. Decir esto no demerita la película. Para el cine mexicano es una de sus hazañas más grandes y un parteaguas. Más allá de valorar el sitio que ocupa entre las mejores películas mexicanas, hay que decir que es, desde ya, una obra fundamental. Yalitzia Aparicio es una revelación maravillosa; Marina de Tavira brilla por su manera de enfrentar la derrota, es una monstruosidad el trabajo de Eugenio Caballero, Roma es poesía en el arte de recordar.   NO TE PREOCUPES, NO IRÁ LEJOS DIRECTOR: GUS VAN SANT (EU, 2018) Ha pasado mucho tiempo desde que el cineasta Gus van Sant había desvanecido sus elogios como realizador audaz, original y pasional del cine independiente. El tiempo lo ha hecho mucho más complaciente, lo ha convertido en un especialista de lo emotivo, de lo convencional y, salvo algunos filmes como Paranoid Park, ha tenido poca fortuna en la creación de dramas inquietantes y bellos. Es un director que a menudo recae en lo excesivo, en remarcar fórmulas que funcionan para provocar sentimientos, a veces con mayor profundidad y destreza como en Milk: Un hombre, una revolución, una esperanza, y a veces con decepcionantes abusos de cliché como en Restless: Sin descanso. Ahora vuelve a maniobrar el sentimentalismo a través de No te preocupes, no irá lejos, con un encantador e irreverente drama biográfico que se centra en la vida de John Callahan. Joaquin Phoenix es el protagonista de esta historia que es la radiografía de un hombre que está marcado por las malas decisiones que tomó a lo largo de su vida inspiradas por los excesos. Debido a un accidente automovilístico en el que Dexter (Jack Black), un amigo que conoció en una noche, iba manejando, Callahan quedó parapléjico. El acontecimiento cambia por completo la vida del protagonista, quien tiene que encontrar una forma de lidiar con su discapacidad; sin embargo, descubre que tiene un increíble talento para crear animaciones irreverentes que son del agrado de miles de personas. Para salir adelante tiene que enfrentar sus problemas con el alcohol. Resulta una paradoja extraordinaria que la columna vertebral de este filme sea la de un hombre que no puede caminar. Phoenix, por todos sabidos como un multifacético excepcional, ofrece uno de los mejores papeles de su historia, pues encuentra el espíritu de un personaje sin glorificarlo ni hacerle perder su dignidad. Sobre todo, destaca porque no sigue los caminos del cliché de personajes con discapacidad a los que a menudo Hollywood recibe con aplausos cuando desarrollan su historia desde la figura de la víctima. Ahí el acierto es para Gus van Sant, quien toma el humor negro para salir de ese convencionalismo y no juega a tener una moraleja sobre la prevención del alcohol, sino que usa la figura de un héroe para redimirlo a través de las vivencias que lo obligan a tener una reflexión introspectiva sobre su razón de ser. Las escenas sobre los aspectos existenciales son un triunfo sobre la lágrima fácil. Aquí es cuando se para uno a aplaudir el que los cineastas no se sumen a la manera de reflejar la realidad de una manera políticamente correcta. El filme además nos muestra un trabajo de edición destacado al nivel de su filme Elephant, en el que supo equilibrar los actos dramáticos con calma, los desarrolla por casi dos horas sin caer en la pesadez. Imprimir

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