René Higuita, de Oriente Medio al oriente antioqueño - EntornoInteligente

El Espectador / El exportero habló con El Espectador sobre su experiencia en Arabia Saudita, donde formó parte del cuerpo técnico del Al-Nassr, equipo de la ciudad de Riad. Ahora, es preparador de arqueros de Atlético Nacional.

René Higuita junto a Franco Armani (der.). / Luis Benavides La voz que escuchó del otro lado del teléfono era tan conocida que no se preguntó quién lo llamaba ese viernes 23 de diciembre de 2011 dispuesto a pedir un gesto de lealtad en plena época decembrina. “René, ¿vos querés ser entrenador de arqueros en el Al-Nassr? Las palabras las soltó Francisco Maturana, un hombre conocedor de la locura cuerda de René Higuita, y consciente de que el ex portero no se negaría.

—¿Cuándo tengo que viajar?

—Mañana mismo.

—¡Listo!

“¿Eso no será muy peligroso por allá?, René”, fue lo único que se atrevió a preguntarle Magnolia, su esposa, una mujer que entendió, desde siempre, que cuando Higuita escogía un camino era muy difícil cambiarle la trayectoria. Ese mismo día alistó maleta mientras le llegaban los pasajes por correo. A la mañana siguiente viajó rumbo a Baréin para gestionar la visa de trabajo y poder ingresar a Arabia Saudita, donde ya lo esperaba el cuerpo técnico del equipo de Riad.

La propuesta contractual fue llamativa. Un hogar en una urbanización que hacía las veces de una pequeña ciudad con piscinas, canchas de tenis, salones sociales, centros comerciales, peluquerías, restaurantes, gimnasios, colegios y todo lo necesario para no tener que desplazarse, un auto nuevo, 12 tiquetes para familiares y, por supuesto, un salario más que suficiente para tomar el riesgo.

Ya en el avión hubo tiempo de pensar, de encontrar en sí mismo la razón de ese sí tan fácil que le dio a Maturana y de recordar que era un personaje de instintos y de temperamento aventurero. Cuando llegó, una hombre se le acercó, se presentó y le dijo que tenía que llevarlo a un hotel mientras hacía todo el papeleo. Que no se preocupara de nada. “Y es que fue así. No hice nada. Solo me recosté y en la tarde ya tenía mi visa”.

Luego de la efímera escala en el diminuto pedazo de tierra en el Golfo Pérsico, René tomó el primer vuelo hacia Riad, una población lejos del mar, pero con la misma sensación térmica de las costeras. Allí había un montón de gente que aguardaba por él como si fuera la más costosa de las contrataciones. Que las flores y los autógrafos, que los micrófonos de los periodistas, que los flashes de las cámaras. Evocó lúcidamente sus épocas de futbolista.

La primera palabra que aprendió en árabe fue foto, pues relacionó un sonido nuevo a la acción de un desconocido que posaba junto a él mientras sonreía a la cámara de un celular de alta gama. Desconocido el idioma y la comida, la gente y las costumbres. Eso le generó adrenalina y aumentó sus expectativas. A los dos meses, cuando todo estaba debidamente organizado, Magnolia viajó a Riad a conocer el que sería su hogar por seis meses y que terminaría siendo su casa durante cinco años.

A René y a su señora les llamó la atención la vestimenta de las mujeres, que parecían sombras andantes a las que sólo se les podía ver unos ojos milenarios. “A mí me dieron ganas de tomarles una foto, pero entendí que sería una falta de respeto y me arrepentí”, recuerda Higuita. La infidelidad implícita, como se le conoce allá popularmente cuando una mujer sale sin su marido a la calle, no representó problema alguno, pues Magnolia siempre estuvo a gusto donde René se sintió cómodo.

Y mientras que Higuita entrenaba con sus porteros en las tardes, su esposa se quedaba en la casa con varias mujeres de colombianos odontólogos, médicos y cafeteros retrocediendo el tiempo y añorando ese pedazo de existencia al otro lado del Atlántico. “Era más bien poco lo que podían hacer porque si salían sin nosotros era un problema grave. Entonces se ponían a hablar de Colombia, a cocinar y contar anécdotas”.

Se volvieron muy amigos de Camilo Ospina, un jockey colombiano nacido en Guarne, Antioquia, que se crio en el antiguo y ya desaparecido hipódromo Los Comuneros y que montaba el caballo más rápido del rey Abdullah Bin Abdulaziz. Su comunión con el animal era tan natural que el monarca, amante de la hípica, nunca escatimó en gastos para tenerlo contento y amañado. La estricta dieta de Ospina se esfumaba cuando los Higuita hacían frijolada en su casa. “Nos tocaba llevarlos desde Colombia porque los que uno compraba allá no se ablandan con nada. Incluso llevábamos la maicena para hacer arepas y para preparar la masa de los buñuelos. Y, pues, siempre nos habrían la maleta pensando que era otra cosa. Invitábamos a todo el mundo porque Magnolia cocina delicioso y hay que compartir los manjares”.

El fútbol y su lenguaje universal

Recién llegó, a Higuita le entregaron un traductor para poderse comunicar con los arqueros del equipo. Pocas fueron las veces en las que el colombiano tuvo que recurrir a la máquina. Las señas, los gestos y las miradas llegaron a ser suficientes para darse a entender, a fin de transmitir lo que quería a un grupo de jóvenes absortos, que cumplían sus instrucciones de manera sacrosanta. “Aprendieron ellos primero español que yo árabe. Ya los tenía acostumbrados y me decían ‘cómo estás, buenos días y buenas noches’”.

La primera misión de René fue romper el silencio profundo que nacía por la barrera del lenguaje. Lo logró siendo extrovertido, siendo él mismo, riendo por todo, siendo serio cuando tocaba, formando un lazo de confianza sin necesidad de decir más que dos palabras. Los arqueros le respondieron. No sólo en los entrenamientos, sino también donde era valorado: en la cancha. La valla menos vencida, el portero revelación, la figura bajo el arco, algunos de los reconocimientos que recibieron los jóvenes que adoptó como hijos propios.

Solo trabajó dos meses con Maturana. Un clásico perdido, un entrenador despedido por un presidente pulsional y el frío de la ausencia de un amigo que le dio la oportunidad al otro lado del mundo. Irse prematuramente fue una opción.

– Hicimos contratos independientes, ¿cierto? A usted no lo están echando. Además, ¿quiere pagar la pequeña multa si se va?

– Gracias, Pacho. Sólo quería saber qué pensabas vos.

Renovó por dos años más. Estuvo con entrenadores de la talla del uruguayo Daniel Carreño, con el que ganó todo lo ganable (Copa del Rey y liga local), con Jorge Da Silva y con el italiano Fabio Cannavaro, que siempre se marchaban antes de tiempo por las discrepancias con un príncipe reaccionario que no se perdía ningún entrenamiento y que creía saber de fútbol como ningún otro. Su trabajo fue su arma para defenderse. Incluso dirigió unos cuantos partidos con un saldo de cuatro victorias y un empate. Le ofrecieron ser el DT, pero rechazó la oferta por el precedente de los estrategas anteriores. Siempre fue agradecido, tanto que aceptaba las invitaciones a comer kabsa (plato típico de Arabia Saudita que se come con la mano) sin importar que la mensualidad ya no llegara cada mes como debía ser.

En la segunda temporada, los retrasos en los pagos se hicieron menos tolerables, pero el compromiso con sus arqueros y con él mismo ayudaron a mermar la angustia. Siempre fue responsable, nunca faltó a un entrenamiento y mucho menos dejó su profesionalismo a un lado. Cuando ya se iba a cumplir su contrato, el club le comunicó que no iba a contar con él, pues el nuevo cuerpo técnico traía su propio preparador de arqueros. “Fue contradictorio porque siempre que venía alguien le decían que ya había un encargado en esa área y nunca ponían problema. Pero, curiosamente, ahora, cuando me debían dinero, sí había inconvenientes”, recuerda Higuita con una memoria milimétrica.

Se fue de vacaciones para Colombia y no volvió jamás. Lo único que llevó fue un tapete persa que le encantó a su señora y que hoy tiene en su casa en Antioquia. René no habla mal del equipo y sus dirigentes aunque le estaría permitido hacerlo. Es prudente. No le gusta que ese pedazo de la historia opaque la aventura que vivió en el Medio Oriente. Hoy en día, tiene una demanda ante la FIFA para recuperar lo que por derecho es suyo, lo que se ganó lejos de su tierra con el pulso de su trabajo, con la tristeza de tener a sus hijos a miles de kilómetros. “Eso, de buena fe, no se recupera, mijo. Por eso tuve que proceder”, concluye El Loco, quien este semestre será el entrenador de arqueros de Atlético Nacional, el equipo por el que dejaría el alma, incluso las entrañas.

René Higuita, de Oriente Medio al oriente antioqueño

Con Información de El Espectador

www.entornointeligente.com

Síguenos en Twitter @entornoi

Entornointeligente.com




Instagram

Username or hashtag @entornointeligente is incorrect.