Recuerdo como hoy, ese día 9 de Enero de 1964 - EntornoInteligente
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Decenas de jóvenes nos r eunimos a la entrada del Alma Mater, nuestro glorioso Instituto Nacional, organizándonos y dispuestos a marchar a la Zona del Canal a e narbolar nuestra bandera , arriada por jóvenes americanos (muchos de ellos nacidos en territorio panameño, la Zona del Canal ,  aunque ellos no lo aceptaban) desafiando los tratados que indicaban que nuestra bandera debería enarbolarse a la par de la bandera de Estados Unidos en todo el territorio canalero. Así pues, como a las 3:30 p.m., iniciamos la marcha hacia la hoy difunta Escuela Superior de Balboa a enarbolar nuestra insignia nacional. Esta bandera que llevábamos era muy especial: era la bandera nacional de nuestra Alma Mater, prestada por el rector Dídimo Ríos , para que la izáramos como se establecía en el acuerdo, de 1962, entre el presidente panameño, Roberto Chiari, y el estadounidense, John F. Kennedy , en el que se establecía que las banderas de ambos países debían ondear en lugares civiles de la Zona del Canal, lo que no se cumplió en la fecha fijada, 1 enero de 1964. Marchamos, entonando nuestros cánticos patriotas y cual jóvenes soñadores , entusiasmados con el objetivo a lograr. VEA TAMBIÉN:  ¡Son nuestros héroes, no nuestros mártires! La marcha se realizaba sin contratiempos, pero a medida que nos acercábamos a nuestro objetivo, se comenzaba a notar la presencia de policías de la Zona del Canal. Al llegar al objetivo, nos encontramos con una centena de jóvenes y sus padres protegidos por tropas policivas para impedir la entrada al área donde debía izarse nuestro pabellón nacional y en donde se notaba un asta desnuda de bandera y otra con la bandera americana. Se inició la negociación y, al final, la policía zoneíta permitió que una delegación de unas cinco personas ingresaran con la bandera para izarla. Pero la turba de jóvenes y sus padres se lanzaron sobre nuestros compañeros que trataron de defenderse y replegarse. Fue allí donde, sin control alguno, la policía inició la represión contra nosotros quienes tratamos de ir a proteger a nuestros compañeros y atónicos vimos cómo, a golpe de garrote, desgarraron nuestra bandera, creando indignación en nosotros . Ante la supremacía de fuerzas y la impotencia nuestra, decidimos retirarnos de vuelta al Instituto Nacional. Aún duelen los manguerazos y toletazos en la espalda y el resto del cuerpo. Pero a medida que avanzábamos de vuelta al Instituto Nacional, siempre vigilados por la policía canalera , el pueblo panameño se iba enterando del suceso y comenzaron a sumarse, surgiendo una combustión espontánea de un pueblo indignado y avasallado. VEA TAMBIÉN:  El suicido de la derecha (y de Chile) Por centenas se aproximaban a los límites de la Zona del Canal donde ahora era el ejército americano, acantonado en las áreas del canal, quien nos esperaba con su artillería militar. Los panameños solo contábamos con las “letales” armas recogidas de las calles : variedades de piedras. Recuerdo precisamente que, eran alrededor de las 7:00 pm., estando en Radio Mía con el periodista Ramón Pereira (Q.E.P.D.), narrando lo ocurrido , cuando lo llaman para informarle que el primer muerto se había dado: era Ascanio Arosemena, de la Escuela Profesional y quien también fue en algún momento estudiante del Instituto Nacional, por consiguiente, hermano de aulas. Fue un duro golpe para Luis Ramos (Q.E.P.D.), presidente de la Afin (Asociación Federada del Instituto Nacional) en ese período y para mí que lo acompañaba. Bueno, lo demás ya es historia. Se levantó Colón, que también puso su cuota de sangre. En todo el territorio nacional el pueblo indignado protestaba. Fueron 21 los héroes que dieron su vida (bebes, niños, jóvenes y adultos) y centenares de heridos. Sangre inocente derramada debido al capricho de unos cuantos habitantes canaleros. Ese día, el mundo vio la valentía de un pueblo pequeño que, armado de sueños y coraje, se enfrentó al Goliat del ejército americano. Vio la hidalguía de un presidente, Roberto Francisco Chiari , quien no dudó por un segundo al ver la barbarie que se cometía contra su pueblo, romper relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, exigiendo respeto y dignidad para con Panamá, que no se incó ante la más grande potencia del mundo. Y no se inclinará ni ahora ni nunca ante ninguna. Sus muertos están en la tierra vigilantes y la sangre derramada abona los destinos de una nación llamada a ser “puente del mundo y corazón del universo”. Concluyo, como indica un poema mío de esa época: “9 de enero/conato proletario de entereza/principio de una luz en las tinieblas/fecha inmortal, histórica y primera/tu muerte en mi memoria cobra vida.” Generación Institutora 64-65
LINK ORIGINAL: Panamaamerica

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