¿Recesión? Factura a la mala política - EntornoInteligente
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Aunque algunos tratan de encontrar explicaciones en el desaforado endeudamiento  que permitió superar la crisis de 2008,   la eventual recesión  de la que hoy todo mundo habla, es imputable a decisiones voluntarias y conscientes; errores de gestión; mala política.

Estados unidos, y el mundo, han vivido un extendido, aunque limitado, periodo de crecimiento desde  2010 en la administración Obama que pudo sortear con éxito la crisis de 2008 con medidas como aumento de gasto e inversión pública; compra de activos dañados y bajas tasas de interés, replicados poco después en Europa. Sin lograr afirmar una recuperación plena,  guerra comercial  y  Brexit aumentaron la incertidumbre en este 2019. Las consecuencias se empiezan a observar.

La política de retorno al proteccionismo es más que un discurso para el electorado: el desarrollo del comercio, a los niveles que hoy conocemos, ha potenciado la capacidad de compra de los salarios. La sustitución de importaciones competitivas por otras costosas tiene, necesariamente, efectos perversos en salarios, utilidades e inversión: lecciones para el mundo de un cambio de modelo que comienza a mostrar peores resultados  que  el déficit comercial, principal  argumento de la renovada visión proteccionista.

En un momento en que las expectativas  de recesión mundial se extienden, trayendo de la mano incertidumbre,  miedo  y disminución de la inversión y el consumo, vale recordar que los ciclos de la economía, la alternación de periodos de auge y recesión, han sido una  característica. Pocos antecedentes tiene, sin embargo, una crisis “deliberada”, consecuencia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China que, entre otros efectos, se puede devolver, como boomerang, al presidente Trump en las próximas elecciones.

El efecto de una recesión “inducida”, a partir del proteccionismo  norteamericano, comienza  a preocupar, incluso, a empresarios, inversionistas y ciudadanos  que hacen parte de la base electoral del presidente Trump. Caída de las bolsas  y  malas cifras de crecimiento en China y Alemania; reducción de la producción industrial en USA, y   mayor rentabilidad de los bonos a corto que a mediano plazo, conocidos  la semana pasada, constituyen poderosas señales de alarma.

Tirando un salvavidas  a una crisis promovida por errores de política, algunos consideran la inminente recesión como un evento casi “natural”, propio del comportamiento cíclico de la economía después de un largo periodo de expansión (?). The Economist, la semana pasada, por ejemplo,  anticipa un escenario de  “una crisis generalizada de los mercados emergentes, en la que varios mercados importantes enfrentan dificultades para atraer la financiación que necesitan y sufren una combinación de colapso de la moneda, crisis bancaria o crisis de deuda soberana”.

Aunque no incluye en la lista de eventuales primeros damnificados a Colombia,  una disminución más sensible  del crecimiento mundial afectaría negativamente los precios del petróleo, principal fuente de divisas, en un momento en que  nuestra economía, teniendo en cuenta lo que ocurre en otras latitudes, ha mostrado, para 2019, perspectivas aceptables, logrando un crecimiento del 3% en el segundo trimestre.

Nubarrones como las cifras de empleo y el deficiente desempeño de vivienda e industria  nos han puesto a discutir, aún sin estudios en profundidad, acerca de la influencia negativa, o excesiva, del aumento salarial, mientras otros afirman que sin él no se habría logrado el decoroso desempeño del consumo (el comercio creció al 4.8%) y el incremento del 3% de la economía.

Ante una eventual recesión, aparte de los bálsamos que pueda ofrecer temporalmente  la política monetaria, no conocemos  fórmula diferente a  expansión y aumento de la inversión y gasto público para estimular el consumo y la actividad privada. El gobierno tiene la responsabilidad de prepararse para el peor escenario y eso debería incluir  la previsión de medidas excepcionales en  términos de topes y metas fiscales que permitieran desarrollar, ahora sí sin Odebretch, indispensables  necesidades de infraestructura.

@herejesyluis

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¿Recesión? Factura a la mala política

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