Rafael Simón Jiménez: Perseverar en la salida pacífica, democrática y electoral - EntornoInteligente
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En el conflicto político venezolano, cada uno de los sectores en pugna tiene muy claro cuáles son sus activos y potencialidades. El Gobierno de Nicolás Maduro repudiado popularmente y escuálidos de respaldos sociales, se sostiene sobre la base de la represión, la violencia y el uso indiscriminado de la intimidación  y la fuerza. Los sectores  democráticos, que se le oponen,  representan  un inmenso deseo de cambio que supera el 80%  de la población y que se constituye en un capital invalorable a la hora de presionar la transición política en Venezuela.

El respaldo activo y beligerante de buena parte de la comunidad latinoamericana y mundial engrosa a esos factores que presionan internacionalmente por una salida pacífica, democrática y electoral dando mayor capacidad de materialización a esa posibilidad. A partir de esa realidad resulta lógico pensar que cada uno de los actores políticos formule su estrategia apalancándose en sus ventajas comparativas y competitivas.

Para el oficialismo carente de apoyos populares, sería un disparate aceptar mansamente unas elecciones Presidenciales, donde de antemano resultarían derrotados, escenario posible solo si las presiones internas y externas y las garantías de preservación de su integridad y espacio político, los encaminan a esa solución. En el caso de las fuerzas opositoras, el disparate va en sentido contrario, es decir en el de plantearse confrontar al gobierno en el escenario de la violencia y la fuerza, donde carece de los medios para prevalecer y donde de antemano como ya ha pasado en reiteradas oportunidades lleva todas las de perder.

Por eso la idea de que el gobierno “solo sale por la fuerza “es una conclusión no solo aventurada, sino irresponsable, que puede conducir como en las “varias salidas “implementadas en el pasado inmediato que solo llevaron  a un baño de sangre, a una terrible frustración colectiva y a atornillar en el poder a un régimen menguante cuya debilidad precisamente se ubica en el rechazo y el abandono popular.

En abono  al análisis y las  consideraciones anteriores, viene la experiencia vivida por las fuerzas democráticas a partir de la amplia y clamorosa victoria en las elecciones parlamentarias del 2.015, que debieron por su contundencia haber marcado un camino para la conquista de nuevos espacios institucionales, asegurando el desplazamiento del régimen en las próximas elecciones presidenciales.

Un coctel mortal de impaciencia, oportunismo, aventurerismo e irresponsabilidad, llevo a plantearse escenarios y objetivos fuera de toda lógica y cordura, y terminaron en una catastrófica dilapidación del capital electoral y social acumulado, conduciendo de nuevo a las frustración y a la pasividad, sin que ni siquiera por un elemental sentimiento de pudor y vergüenza, alguno de sus promotores fuera capaz de tener algún gesto autocritico y menos de hacer un mea culpa y pedir perdón a miles de venezolanos que han tenido que sufrir las consecuencias humanitarias de la prolongación del actual desastre.

La Realidad de hoy, es que esa desesperanza, ese pesimismo y esa falta de opciones que por largos meses, marco la conducta del pueblo opositor, ha encontrado a partir del pasado  Enero un nuevo motivo de entusiasmo, de motivación, de esperanzas en el liderazgo de Juan Guaido y en la Asamblea Nacional como centro de dirección de la conducción opositora, solo que el pasar de los meses  y la falta de materialización de la trilogía de objetivos planteados: cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres, ha comenzado a generar dentro del mundo de los que favorecen el cambio dudas y reflexiones razonables sobre su factibilidad, todas alentadas de los mejores propósitos de no volver a incurrir en los costosos errores del pasado.

Un  sereno análisis de la realidad venezolana de hoy, solo puede conducir a reforzar el empeño en lograr la salida electoral, pacífica y democrática,  que asegure al conjunto de los venezolanos la posibilidad de expresarse en elecciones libres y limpias. Todas las presiones, desde dentro y desde fuera tienen que concurrir a ese objetivo, y además deben reforzarse todos los escenarios de lucha: el parlamento, la calle, la comunidad internacional, junto a la  profundización  y ampliación de la unidad, e insistiendo en la negociación para obtener condiciones y garantías electorales que devuelvan a los ciudadanos la confianza en el sufragio como instrumento de cambio en democracia.

Hay que convencerse de que la debilidad del gobierno está en la inconformidad y la protesta popular, en la organización y movilización de la sociedad, en las exigencias y presiones de la comunidad internacional, que su verdadero talón de Aquiles es  la desafección y la rabia de la gente frente a la tragedia que hoy vivimos. Cualquier tentación, como las tantas pasadas, de desafiar al gobierno en el terreno de la violencia y la fuerza está destinada a ser derrotada y a generar mayores niveles de frustración y decepción en la gente.

Ojala que quienes hoy tienen las responsabilidades fundamentales, en la dirección de las fuerzas democráticas entiendan este análisis y esta realidad, que no tiene nada de profundo, denso o enjundioso sino que forma parte del ABC del razonamiento político.

 

LINK ORIGINAL: Costa del Sol

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