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Quebrar las fracturas

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Luego de varias semanas de cuarentenas, restricciones y días difíciles, muchos afirman que habrá un antes y un después de la pandemia. Hay quienes dicen que la recesión y la caída en los precios del petróleo llevarán a cambios drásticos en las políticas económicas y sociales. Otros vaticinan una transformación profunda en las formas en que interactuamos entre nosotros y con la naturaleza. Quizá los cambios en Colombia solo profundicen fracturas viejas. Pues, pese a las sacudidas sufridas en la cotidianidad nacional, algunos procesos permanecen casi intactos ante la inercia, la terquedad y la falta de imaginación de los gremios, los grupos económicos y el Gobierno nacional.

Uno de estos tiene que ver con la minería en sus distintas versiones y tensiones. Tras un mes de ser desalojados de la mina La Cruzada, en Quinchía, Risaralda, guardias de seguridad privada aseguran que cerca de 50 mineros decidieron ingresar de nuevo al socavón para extraer oro en plena cuarentena. Catalina Cadena, gerente de la filial de una minera internacional en Risaralda, pidió ayuda a las autoridades nacionales y acusó a los mineros de hacer “un túnel conexo al que ya se había tapado anteriormente con un muro de concreto de un metro de espesor para evitar el ingreso de estas personas”. Cadena recordó que “esta mina es de la compañía, es decir, de propiedad privada”. Entretanto, los mineros explicaron que aun antes de la pandemia no hubo cumplimiento de las condiciones laborales por parte de la compañía y que, además, “necesitan llevar alimento a sus casas”.

Otro de estos procesos tiene que ver con el latifundio cañero en el Cauca, las promesas incumplidas de redistribución de la tierra en la región y los intentos de comunidades indígenas por recuperar tierras. La Sociedad de Agricultores y Ganaderos del Cauca (SAG) y Asocaña exigieron a las autoridades nacionales investigar el ingreso de “un número indeterminado de indígenas a un predio privado” en el municipio de Guachené, norte del Cauca. Se informó también que hizo presencia el Esmad de la Fuerza Pública “para restablecer el orden”. El proceso, en que comunidades del pueblo nasa buscan la reivindicación de las tierras ancestrales ocupando propiedades de la caña de azúcar y la agroindustria (y son después empujadas hacia afuera con ayuda del Estado) continúa.

En ciudades de clima caliente persiste una preocupación vieja que tiene que ver con la desigualdad en el acceso a infraestructura de agua. Tiene que ver también con una fiebre que no es la del COVID-19. En Tolima hay cierta sorpresa por un aumento del 91 % en los casos de dengue (en la semana epidemiológica número 14 de este año se contabilizaron 4.355 casos, o sea, un 91,9 % más comparado con el mismo período de tiempo en 2019). Las poblaciones más afectadas por el dengue en el Tolima son los niños y niñas de cinco a nueve años. En Caldas se vive una situación parecida. “Antes era posible que enviáramos personal a fumigar casas, pero ahora no se pueden desplazar”, explicó una funcionaria que invitó a las familias a estar pendientes de los zancudos.

Por último, está la guerra contra las drogas, que es tal vez el proceso más devastador y terco de la historia nacional. El pasado martes, mientras comunidades afrodescendientes en Nóvita, Chocó, esperaban subsidios y comida para afrontar la cuarentena, vieron llegar en cambio helicópteros llenos de policías antinarcóticos con la orden de erradicar cultivos de coca. De acuerdo con Víctor Darío Luna del Consejo Comunitario Mayor de Nóvita, ante las protestas de la comunidad que ahora no tiene más sustento, antinarcóticos respondió “disparando balas de goma, lanzando gases lacrimógenos, cortando con motosierras los cultivos y rociando con glifosato las hojas de coca y los cultivos de plátano y lulo”. Por su cuenta, autoridades del resguardo indígena Bocana de Luzón, en Putumayo, denunciaron una situación muy similar. Mientras intentaban mantenerse aislados para evitar contagios y llevaban semanas de autocuidado, llegó por aire, quién sabe desde donde, el Grupo de Operaciones Especiales “Comando Jungla” de antinarcóticos y estuvieron paseándose por todo el resguardo, amenazando sin tapabocas, ni cuidados, ni respeto por la dignidad de los pobladores.

Extractivismos, concentración de la tierra, desigualdad urbana y violencia estatal contra cultivadores de hoja de coca: cuatro procesos que, en tiempos de coronavirus, solo empeorarán.

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LINK ORIGINAL: El Espectador

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