¿Qué sigue para la economía circular en México?

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El 17 de noviembre del 2021, el pleno del Senado de la República aprobó el proyecto de decreto por el que se expide la Ley General de Economía Circular para México. Mientras se discuten los siguientes pasos en la Cámara de Diputados, la noticia ha llenado de júbilo a múltiples actores involucrados con esta incipiente pero poderosa conversación en México, pero también ha sido sometida a voces que no terminan de convencerse de cuán eficiente serán estas regulaciones en realidad.

La economía circular suele definirse como un sistema económico diseñado con la intención de extraer el máximo provecho de los recursos y generar el mínimo de residuos para su eliminación. Actividades relacionadas con reducción, reutilización y reciclaje de recursos son las que normalmente describen la realidad operativa de la economía circular. Dicho de una forma muy simple, una de las aspiraciones de la economía circular es que los procesos de producción eliminen el concepto de desperdicio; lo que se convierte en desecho en una parte del proceso, debería convertirse en insumo para otra parte del proceso.

Aunque el auge de la conversación en tiempos recientes ha sido notorio dado el deterioro ambiental que enfrentamos, desde la década de los noventa el químico alemán Michael Braungart y el arquitecto norteamericano William McDonough empezaban a proponer que debíamos de ser mucho más ingeniosos a la hora de pensar en nuestros procesos de producción. En vez de usar la lógica de obtener-transformar-desperdiciar, podíamos re-imaginar los procesos de innovación desde su origen. Es decir, más que lidiar con desechos, la economía circular tiene el potencial de brindarnos una rica plataforma para rediseñar procesos enteros de producción.

En esta línea, en medio de la ferviente conversación alrededor de las normativas, vale la pena detenerse a analizar cómo México ya se ha anclado en la economía circular (algunos proyectos mucho antes de que las regulaciones estuvieran sobre la mesa). Existen ejemplos de modelos que nacen con la lógica de repensar los cómos de nuestros procesos de producción.  

Uno de ellos es Flor de la Paz, una marca de tés mexicanos que nace en Valle de Bravo con la inquietud de darle vida a tierras muy maltratadas, fomentando una cultura agrícola saludable, contribuyendo en la educación y promoviendo la salud en el campo y zonas marginadas de México. Los procesos de producción siguen la lógica de lo que ellos denominan bio-dinamismo: todo lo que se saca de la tierra se regresa. No se siembra fuera de los ciclos naturales de las plantas.

Cerrando el Ciclo es otro ejemplo de un proyecto mexicano que promueve los principios de economía circular.  El modelo capacita y ofrece alternativas de desarrollo social a mujeres e impulsa el reciclaje, reúso y upcycling de botellas de vidrio con innovación y creatividad. Producen joyería e insumos para la construcción y los comercializan a través de distintos canales.

A nivel del sistema, la propuesta de Ley es una gran noticia: el Ejecutivo Federal a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) será quien esté a cargo de institucionalizar la conversación de forma coordinada con los estados y los municipios. No obstante, la gran noticia es que incluso previo a la aprobación de este proyecto de ley, emprendedoras y emprendedores en México ya veían en la promesa de esta conversación.

Respecto a la economía circular en México, aunque la pregunta «¿Qué sigue?» nos debe desafiar y emocionar, la pregunta de «¿Qué es lo que ya hay?» nos puede dar insumos valiosos para hacer frente a lo que sigue.  Un próximo paso importante es no dejarnos abrumar por las significativas implicaciones que podrá tener esto para varias industrias. Hoy sabemos que muchos de los esfuerzos exitosos de economía circular se logran porque se implementan de forma gradual y con una lógica incremental. Por fortuna, son cada vez más y mejores los ejemplos de emprendimientos y de intra-emprendimientos que nos enseñan que la Ley no solo se puede, sino que se debe de enriquecer de la experiencia práctica que ya existe en México.

*Profesora del área de Entorno Político y Social en IPADE Business School.

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Columna Invitada Empresas Responsables
LINK ORIGINAL: El Economista

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