Qin: los reinos combatientes - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Aprovecho las distracciones de Semana Santa para dedicar esta columna a un tema que no es de interés general y acaso resulta bastante banal: los juegos de rol. En particular, uno desarrollado por la escritora francesa Valérie Laproye, que está ambientado en la China de los Reinos Combatientes, una época que coincide con la Grecia clásica.

Los juegos de rol, antes vistos por el grueso público a través de estereotipos que les representaban como fachadas para cultos suicidas o satánicos, o sencillamente el escapismo de adolescentes temerosos de la vida real, han tenido una suerte de renacimiento durante los últimos 15 años, en parte aupados por el éxito de producciones audiovisuales como  El señor de los anillos ,  Juego de tronos  y  Stranger Things , serie en la que los protagonistas juegan  Calabozos y dragones , el más famoso de los juegos de rol.

Para quienes no lo sepan, estos juegos son una mezcla entre un juego de mesa y teatro improvisado. Cada jugador asume un personaje y la trama se desarrolla según la decisión de los protagonistas y el lanzamiento de los dados, guiados por uno de los jugadores, que hace de director de juego. Algo así como el director de una película, pues los demás jugadores son los auténticos guionistas.

La ambientación en la que se desarrollan puede ir desde el clásico mundo medieval fantástico, calcado de la obra de J.R.R. Tolkien, hasta la ciencia ficción. En lo personal, mi debilidad son las ambientaciones históricas o contemporáneas. Me resulta más interesante usar el mundo real como base para inventar historias, que modelar mundos fantásticos donde, finalmente, se están proyectando a menudo situaciones del mundo real.  Juego de tronos , por ejemplo, es una mezcla entre la Guerra de las Rosas y las invasiones de los mongoles.

Últimamente se han diseñado juegos bastante creativos. Por ejemplo, hay algunos basados en los escuadrones de aviadoras soviéticas durante la Segunda Guerra Mundial, las pandillas de Río de Janeiro durante el Brasil del siglo XIX, y hasta una historia alternativa de los mormones.

Me enganché con  Qin: los reinos combatientes  porque resultaba sorprendentemente fiel a la historia y tradiciones chinas, a pesar de haber sido diseñado por franceses. “Nunca vivimos en China, pero leímos muchos libros (arqueología, historia y literatura antigua), y finalmente lo mezclamos con algunas leyendas fantásticas, pero siempre respetando y resaltando la cultura china”, dijo Valérie Laproye en una corta charla por correo electrónico.

La época de los reinos combatientes, que va del 475 al 221 a. C., es una etapa de la historia china en la que varios reinos competían por el dominio del “Imperio del Centro”. No obstante, al tiempo que la política se despeñaba en una guerra total, la filosofía estaba en su apogeo. Zhuangzi, quizás el filósofo favorito de Octavio Paz, Gongsun Long, el pionero desconocido de la lingüística posmoderna, y Mozi, tal vez el primero en proponer el amor universal como base de la vida social humana, son solo algunos representantes de “Las Diez Mil Escuelas de Pensamiento”, como se conoce a un rico periodo comparable, como dije, a las ciudades-Estado de Grecia y Turquía durante la Antigüedad.

Desgraciadamente el juego sólo se consigue en francés , su idioma original, e inglés , en versión pdf, pues sus ediciones físicas se agotaron hace un par de años. A pesar de que ganó varios premios, nunca fue muy popular, como suele suceder con muchos productos culturales cuando son de la mejor calidad.

Para cerrar el círculo histórico, parece que los primeros juegos de rol fueron diseñados por los nobles de la dinastía Han, quienes gustaban de organizar jornadas de entretenimiento en las que representaban a personajes de épocas anteriores.

Y hablando también de Francia, escribí esta columna el lunes con dolor de cabeza y una sensación de vértigo, mientras pasaba de este texto a los reportes de prensa sobre el incendio en la Catedral de Notre-Dame, esperando el anuncio de que se lograron controlar las llamas. En cambio, las noticias eran cada vez más desalentadoras. Parece que la catedral quedará devastada.

La segunda y última vez que visité Notre-Dame no entré porque la fila era muy larga. En la vida nunca hay que tomarse las oportunidades a la ligera.

Twitter: @santiagovillach

LINK ORIGINAL: El Espectador

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