Por una nueva ruta con Bolivia - EntornoInteligente
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Desde hace algunas semanas, Chile ha regresado a la palestra de los diarios bolivianos a causa de una declaración emitida por el expresidente y agente de Bolivia en La Haya, [Eduardo Rodríguez Veltzé] y, luego, por el listado de columnistas que han devuelto la mano en el tema. Y es que el Silala está en el centro de las preocupaciones de la política exterior de Bolivia y también dentro de las ocupaciones de la Cancillería chilena, faltando, quizás, poco tiempo para su resolución en el tribunal internacional.

Por ello, hemos querido apuntar algunos conceptos que buscan contextualizar el actual momento de la relación y explicar la razón de ser del Grupo de Reflexión chileno que se formó en la actual administración.

Bien es sabido que la noticia del fallo por la obligación de negociar de Bolivia causó asombro en ambos lados de la cordillera. En Chile, ese remezón fue importante, más que por los argumentos, por la contundencia del fallo. Sin embargo, a diferencia de otros momentos de la historia chilena en que se pudo haber producido cierta euforia, en el tiempo el país reaccionó con mesura. Primero, porque el resultado era jurídico y no el de un mundial de fútbol. Segundo, porque el desgaste del pleito fue importante, no solo por el contenido de la demanda, sino por la permanente pugnacidad del gobierno de Evo Morales y sus acólitos. En Chile, por ello, varios académicos y algunos analistas prefirieron la cautela, presumiendo una Corte [Internacional de Justicia] salomónica y equitativa. Con ello, la paciencia era obligada.

Resuelto el litigio, Evo buscó el sol en la noche, argumentando que la Corte había llamado al diálogo, pensando más en su reelección y en cómo convencer a una población a la que prometió el oro y el moro, y ninguna de ambas consiguió. Mi convicción fue a partir de ese momento, que Chile no podía volver a conversar mientras Evo Morales fuera presidente y, menos aún, en un ambiente electoral. En consecuencia, había que esperar.

Ese ambiente de espera y la decisión política de la Cancillería chilena es lo que la indujeron a gestar un Grupo de Reflexión Bolivia, con el fin de identificar propuestas que permitan “establecer, con visión de largo plazo, los lineamientos de una política bilateral en un escenario posfallo de la Corte Internacional de Justicia sobre la demanda marítima boliviana”. Una instancia liderada por la Dirección de Planificación Estratégica de la Cancillería e impulsada por el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Teodoro Ribera.

Se trata de una instancia multifocal en la que participan personas de distinto signo político, y en la que por primera vez —y me enorgullece decirlo— existe presencia femenina, integrándose a una investigadora de origen boliviano residente en Chile, del Instituto de Estudios de la Sociedad, Catalina Siles, y a la coordinadora portuaria del Ministerio de Transportes, Paulina Soriano. Acompañan varios diplomáticos de carrera activos y en retiro, conocedores de Bolivia, y se suman el político Sergio Bitar, reconocido impulsor de un diálogo con Bolivia, así como el ex subsecretario de Guerra y luego de Fuerzas Armadas, Gabriel Gaspar, el analista internacional y abogado José Rodríguez Elizondo y uno de los directores de la Empresa Portuaria de Arica (EPA), Aldo Cassinelli. Este grupo, como podrá concluirse, no está formado por analistas exclusivamente, sino por personas que tienen un nexo con Bolivia y el deseo de cambiar el ambiente de agresión preexistente.

A partir de ello, el Grupo de Reflexión tiene como propósito mirar las cosas en perspectiva de diálogo, buscar puntos en común, intereses compartidos y poner en clave de largo plazo ideas sobre cómo provocar un cambio real en las relaciones de los dos países.

Así, sin prisa, pero sin pausa, pero sobre todo con el mejor ánimo hacia Bolivia, la Cancillería chilena avanza hacia la construcción de una Política de Estado, que recoja las distintas visiones de un país que, a pesar del enorme daño que los años de masismo causaron a las relaciones bilaterales, alberga un natural afecto por el pueblo boliviano y desea estrechar lazos sobre una matriz que comprenda propuestas modernas y emergentes, y fortalezca el desarrollo de Bolivia y el Norte Grande de Chile.

Sabemos que Bolivia está en un momento crucial de su historia y Chile realmente espera que “Bolivia sea estable, democrática y próspera”, como dijo el canciller Ribera. Por eso seguimos con atención el proceso político y social en marcha. Estamos ante una gran oportunidad que, por ahora, descansa en un esfuerzo serio y maduro de la política exterior de Chile.

(*) Académica integrante del Grupo de Reflexión de Chile y Bolivia, del Ministerio de Relaciones Exteriores chileno. Este artículo fue enviado exclusivamente para Animal Político.

LINK ORIGINAL: La Razon

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