Fuente de la imagen, Getty Images Para Donald Trump, las preocupaciones sobre los peligros de la inteligencia artificial —como la idea de que "los robots marcharán hacia nuestras ciudades y acabarán con todos nosotros"— son un engaño. Es el tipo de lenguaje que el presidente de EE.UU. suele reservar para aquello que más desprecia: las teorías sobre el cambio climático provocado por el ser humano, las investigaciones sobre la injerencia rusa en las elecciones o los intentos de someterlo a un juicio político y destituirlo durante su primer mandato. Presentándose como el "destapador de engaños", el lunes publicó una serie de mensajes en redes sociales en los que respaldaba con vehemencia lo que calificó como "el mayor motor de desarrollo económico de la historia" y menospreciaba a quienes cuestionan los beneficios de esta tecnología. El número de escépticos, sin embargo, ha aumentado en las últimas semanas por la inquietud que genera el carácter disruptivo de la IA —cuando no el temor a un peligro que podría amenazar a la civilización— entre algunos expertos del sector y políticos, incluidos miembros de su propio Partido Republicano. Nada de esto ha disuadido a Trump. Su reciente ofensiva en redes sociales no es más que el último intento de contrarrestar, a fuerza de voluntad, el creciente escepticismo hacia la IA. Ya sea que el presidente considere la batalla por la IA como algo crucial para su legado económico, como un frente clave en la lucha global por el poder o como otra conspiración de sus enemigos en su contra, lo cierto es que al involucrarse de lleno en la disputa ha situado el tema en el centro de la política estadounidense, incluso a riesgo de enemistarse con aliados de muchos años. "Creemos que esta podría ser una gran tecnología, pero no vamos a darles carta blanca a estos tipos", declaró el martes Steve Bannon, exasesor de Trump, durante una conferencia de corte "humanista" sobre los peligros de la IA. Po
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