Por qué no funciona la democracia

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El problema de la crisis de representación parece ser bastante más profundo que lo que podría abordar la ingeniería institucional. Que la sociedad no se sienta representada en el sistema político constituye un permanente problema para la estabilidad de éste y las posibilidades de éxito en sus propuestas. Los gobiernos cuentan cada vez con menos apoyo y las autoridades elegidas parten con un muy débil respaldo, puesto que la mayoría no ha participado de hecho en su elección. El invento de la segunda vuelta en elecciones sólo sirve para mostrar ficticiamente que se elige una autoridad con mayoría absoluta de votos, en circunstancias de que su votación real de apoyo fue lo que obtuvo en la primera vuelta, a lo que se debe agregar que regularmente se vota por un candidato para evitar que gane el otro. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

La crisis de representación en Chile se cocinó lentamente. Desde la entusiasta inauguración de la Segunda República en 1989 esa crisis se fue manifestando en una relación inversamente proporcional: disminuía la política institucional (elecciones) y aumentaba la política contenciosa (peñascazos), hasta llegar al estallido y la búsqueda de una salida.

En la democracia moderna el principio de representación es el ídem sentire, esto es, representación de ideas, proyectos o programas sobre la orientación del poder. El supuesto es que este idem sentire se expresa en partidos políticos y liderazgos que compiten por el poder para implementarlo.

El giro actual es hacia una muestra representativa de las características de la población. Por el momento ya se establece que debe ser representativa en paridad de sexo y cuota de pueblos originarios, pero ya hay propuestas de representación de discapacitados o de otras diferencias, como opciones sexuales u origen étnico. Se abre un  abanico de diferencias que pueden ser consideradas en esa representatividad.

Más allá de ese giro y lo que pueda significar, la preocupación política ha estado puesta en el progresivo alejamiento de la ciudadanía de la participación electoral, lo que evidentemente resta legitimidad a las autoridades. Ya varias veces se ha recurrido a la ingeniería institucional para mejorar los resultados electorales. Tal fue el caso de la derogación del sistema binominal y la implementación de un sistema proporcional, luego fue la inscripción automática y el voto voluntario. Ahora los ingenieros consideran indispensable volver al voto obligatorio y mantener la inscripción automática.

Por cierto que todos esos inventos de ingeniería institucional sólo pueden permitir barrer bajo la alfombra el verdadero problema: la ciudadanía no se siente representada por los partidos y los políticos.

Difícil esto de la democracia representativa cuando se la mira de cerca, sólo parece funcionar cuando pasa desapercibida.

Frente a tales dificultades surgen ahora propuestas de establecer alternativas de participación diferentes a los partidos políticos. De hecho, tales alternativas fueron implementadas al diseñar la forma de elección de los miembros de la Convención Constitucional. Además de paridad de género y cuotas para pueblos originarios se establecieron especiales condiciones que facilitaran la elección de candidatos independientes.Esas grandes facilidades a los independientes permitió su absoluto predominio en la elección de convencionales: cerca del 68% son independientes.

Raro eso de los independientes en política. Es un absurdo lógico, porque ser político implica por definición tener una posición o idea respecto del orden; es un absurdo funcional, porque un independiente no podría proponer ni dialogar; y es un absurdo real, porque nadie elige a un independiente por ser independiente. Independiente sólo significa que no pertenece a un partido político. Pero hay independientes de derecha, de centro y de izquierda; No hay independientes-independientes.

Con el cambio de sistema binominal a sistema proporcional aparecieron nuevas fuerzas políticas, pero no aumentó la participación electoral. Las especiales facilidades para candidaturas independientes aumentó abrumadoramente su presencia en la Convención Constituyente, pero la participación electoral bajó a sólo el 40%.

El problema de la crisis de representación parece ser bastante más profundo que lo que podría abordar la ingeniería institucional. Que la sociedad no se sienta representada en el sistema político constituye un permanente problema para la estabilidad de éste y las posibilidades de éxito en sus propuestas. Los gobiernos cuentan cada vez con menos apoyo y las autoridades elegidas parten con un muy débil respaldo, puesto que la mayoría no ha participado de hecho en su elección. El invento de la segunda vuelta en elecciones sólo sirve para mostrar ficticiamente que se elige una autoridad con mayoría absoluta de votos, en circunstancias de que su votación real de apoyo fue lo que obtuvo en la primera vuelta, a lo que se debe agregar que regularmente se vota por un candidato para evitar que gane el otro.

Difícil esto de la democracia representativa cuando se la mira de cerca, sólo parece funcionar cuando pasa desapercibida.

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