Página quince: Tiempos de travesía - EntornoInteligente
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Días atrás, asistí a la entrega de un libro cuyo título, en principio, me pareció enigmático. Tiempos de travesía, se llama. Reúne varios ensayos suscritos por diversos autores en torno a las elecciones nacionales del año pasado, precedido de un preámbulo de sus editores. La publicación del libro se debe a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Digo que el título me pareció enigmático. El título de un libro es el umbral que hay que cruzar para acceder al libro. Yo, en ocasiones, me resisto a hacerlo porque el título me desanima. Ahora mismo tengo enfrente El colgajo, de Philippe Lancon. Colgajo, ilustra el diccionario, tiene varias acepciones: puede referirse, por ejemplo, a cualquier trapo o cosa despreciable que cuelga, o a un racimo de uvas o de frutas que se cuelgan para protegerlas, o bien, a una porción de piel sana que en las operaciones quirúrgicas se reserva para cubrir la herida.

Como en el caso de El colgajo sé aproximadamente de qué va la cosa, he de suponer que el título del libro alude a la tercera de aquellas acepciones. Pero puedo imaginar, también, que el título es solo una figura que a la larga encubre o delata un desecho literario, un texto carente de valor, como tantos otros: un trapo.

Todavía no lo sé, y solo lo sabré si cruzo el umbral de ese título apestoso para penetrar, ojalá, en un drama contemporáneo que no me va a robar el tiempo, de modo que no me reprocharé haberlo perdido haciendo lo que no tenía que hacer.

La película. Cosa parecida sucede con otras expresiones artísticas, como, por ejemplo, una película. Me gusta la anécdota que Luis Buñuel cuenta acerca de cómo llegó a denominar una de sus más reputadas creaciones, El discreto encanto de la burguesía.

Primero fue, simplemente, El encanto de la burguesía, pero se le hizo notar que faltaba un adjetivo: eligió discreto. Con este título, decía, la película adquiría otra forma y casi otro fondo: se le miraba de forma distinta.

Y lo tengo por cierto, al punto que el nombre es lo que más me gusta de la película, lo que me hace entrar sin más en un sugestivo mundo de sospechas.

En suma, no es cosa fácil reunir un grupo de palabras apropiadas para darle nombre a un libro. La dificultad ha de ser mayor si el libro expone, piensa uno, el resultado de arduas investigaciones científicas o académicas.

Aclaraciones. Y ahora vuelvo al principio. Gracias a su título, es cosa fácil cruzar el umbral de Tiempos de travesía para ver qué se esconde más allá. Y lo que he hallado no es un texto pesado, sino un conjunto de estudios, percepciones y opiniones no solo consistentes, cuando es menester, sino entretenidas cuando los autores se van por la libre.

Un libro destinado por sus editores a contribuir a aclarar qué pasó en abril del 2018 y a sensibilizar y elevar el nivel de la conversación en democracia. Una obra, en fin, cuya lectura apunta a la necesidad y la posibilidad de desarrollar destrezas para gestionar los novedosos avatares de nuestra realidad política en procura de que, como dice el título, estos solo sean tiempos de travesía y no, como muchos piensan, tiempos de oscuridad.

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El autor es exmagistrado.

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