Patios revueltos

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En lo que muchos consideran los patios traseros de Estados Unidos y de Rusia, los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin encontraron desplantes que exhiben puntos débiles en sus respectivos liderazgos.

La piedra en el zapato de Biden es el presidente de México. El jefe de la Casa Blanca debió suponer que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) intentaría convertirse en la voz de quienes no tendrán voz en la Cumbre de las Américas que en junio se realizará en Los Ángeles.

El desplante abre un debate necesario, porque ese instrumento regional sería más eficaz si, a problemas que no tienen que ver con la democracia y los DD.HH. los aborda con todos los gobiernos que imperan sobre territorios y poblaciones, sean o no democráticos.

Lo que cabe reprochar a AMLO es su silencio cómplice con el autoritarismo de los regímenes de Cuba, Venezuela, Nicaragua y los que se están construyendo en Guatemala y El Salvador.

La lista inicial de invitados dejaba afuera a los presidentes cubano, venezolano y nicaragüense, pero salió al cruce AMLO y muchos otros mandatarios se sumaron al reclamo de que no haya exclusiones.

El riesgo es que terminen siendo mayoría quienes desistan de ir a Los Angeles, con la suma de presidentes que, como el guatemalteco Alejandro Giammattei y el salvadoreño Nayib Bukele, quieren ausentarse para no ser blanco de los cuestionamientos que Washington les viene haciendo por sus derivas autoritarias.

En las próximas horas y días se sabrá que tanta marcha atrás dará Biden en su postura inicial y si alcanzará para salvar la Cumbre que lo tendrá de anfitrión.

AMLO puede tener éxito en este rol de justiciero, aunque esté claro que defiende esos regímenes porque comparte con ellos una cultura ideológica autoritaria. Y si tiene éxito es porque corresponde debatir el absurdo derecho de los anfitriones a confeccionar la lista de invitados.

Sería bueno que existan foros en los que sólo participen gobiernos democráticos. Pero las Cumbres de las Américas serían más útiles a la hora de coordinar acciones para enfrentar problemas como cambio climático, pandemias globales y crisis migratorias, si participaran todos los liderazgos imperantes, incluidos los autoritarios.

Estas cumbres comenzaron en los noventa con el objetivo de crear el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Algunos de estos encuentros revelaron disidencias explosivas, como el realizado en Mar del Plata, donde Hugo Chávez dinamitó el plan George W. Bush para poner en marcha el ALCA.

En Los Angeles no está en riesgo un proyecto tan ambicioso como el que recibió su certificado de defunción en aquella IV Cumbre, realizada en el 2005, pero es posible que la disidencia encabezada por AMLO inicie el proceso de extinción de este foro.

Biden necesita evitar que le toque ser el sepulturero de las Cumbres de las Américas como a Bush hijo le tocó serlo del ALCA. Para evitarlo, deberá hacer concesiones que lo mostrarán derrotado por AMLO.

Ver a Biden lidiando con su «patio trasero» habrá atenuado el malestar de Putin por el desplante que encontró en el suyo. Los aliados centroasiáticos de Rusia muestran rechazo a la invasión de Ucrania. Ni siquiera el presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokaev, al que Putin salvó de un tsunami de protesta social haciendo que la OTSC envíe 2.500 militares a reprimir las manifestaciones, aceptó respaldar la invasión y comprometer tropas.

Tampoco pudieron los presidentes ruso y bielorruso conseguir compromisos firmes para ayudarlos a eludir las sanciones económicas impuestas por las potencias occidentales.

Por la ayuda que recibió del Kremlin para seguir en el poder tras protestas contra el fraude en la última elección presidencial, Lukashenko permitió a Putin lanzar desde Bielorrusia el fallido intento de ocupar Kiev. Pero la invasión está resultando tan catastrófica y el aislamiento es tan grande, que hasta el déspota bielorruso duda sobre enviar tropas a Ucrania.

En la cumbre de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) Putin esperaba un respaldo a su guerra. No lo tuvo. Tampoco logró que los países centroasiáticos acepten enviar tropas a Ucrania.

La OTSC es la versión euroasiática de la OTAN. Creada en 1991 en el marco de la fallida Comunidad de Estados Independientes, inicialmente también la integraron Uzbekistán, Georgia y Azerbaiyán. Tras la retirada de esos países, quedaron Armenia, Tayikistán, Kirguistán y Kazajstán, junto a Rusia y Bielorrusia.

Si Putin hubiera usado su influencia para impedir, o detener rápidamente, la ofensiva militar de Azerbaiyán sobre Nagorno Karabaj, quizá Armenia tendría un motivo para ayudar a Putin. Pero el líder de Rusia recién actuó cuando la ofensiva azerí ya controlaba casi el 80 por ciento del enclave armenio.

Y los otros países centroasiáticos ¿por qué apoyarían una invasión que, de resultar exitosa y quedar impune, también podrían sufrir en sus propios territorios?

LINK ORIGINAL: El País

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