Paloma Valencia, candidata presidencial colombiana de 48 años, ha logrado unir a una parte del centro político con el uribismo en su propuesta electoral. Las encuestas indican que podría derrotar a Iván Cepeda en una eventual segunda vuelta de las elecciones presidenciales. La senadora y abogada, conocida por defender ideas conservadoras con firmeza, ha elegido como compañero de fórmula al economista Juan Diego Oviedo, decisión que generó críticas en sectores del Centro Democrático debido a que Oviedo es homosexual casado, se declara centrista y defiende causas que el partido tradicionalmente rechaza.
En cuanto a sus prioridades de gobierno, Valencia enfatiza el retorno de la seguridad como eje central, comprometiéndose a acabar con la Paz Total, el acuerdo que considera ha permitido que grupos violentos desarrollen negocios ilícitos y tomen control territorial. Su agenda incluye también fortalecer la seguridad urbana, combatir el microtráfico y mejorar el procesamiento de delincuentes. En salud, promete recuperar medicamentos y servicios que afirma han sido destruidos, mientras que en energía busca evitar apagones y saneará las finanzas públicas mediante reducción de ministerios y ajustes en la nómina.
Valencia critica duramente el legado de Gustavo Petro, señalando como los peores daños el intento de estatización del sistema de salud y el sector energético, así como la erosión de la confianza en la iniciativa privada. Sin embargo, destaca que el pacto de Paz Total es el más problemático, argumentando que ha resultado en cifras de terrorismo, reclutamiento de menores y masacres que no se veían desde hace décadas. Respecto a su gobierno, asegura que buscará incorporar personas de todas las tendencias políticas, combinando capacidad técnica con responsabilidad ante el electorado.
Regarding Venezuela, Valencia se reunió en Panamá con María Corina Machado y declara que cualquier relación con el país vecino debe canalizarse a través de Estados Unidos, priorizando el retorno de la democracia. Deja clara su posición al afirmar que Colombia no puede legalizar la dictadura de Delcy Rodríguez, estableciendo una línea roja en cuanto a la diplomacia con el régimen chavista. Su enfoque busca presionar internacionalmente por cambios democráticos en Venezuela mientras mantiene distancia del gobierno actual.
Fuente: El Mundo — Ver nota original