«Nunca maté ni una mosca», aseguró el procesado por el caso Lola Chomnalez

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«En 2014 no dije (nada) por miedo, por nervios. Quizás estuve mal todo este tiempo por no haber hablado. No maté a esa chiquilina. Nunca la vi, ni hablé», expresó Leonardo David Sena , de 39 años, al ser cuestionado por la evidencia de su sangre en el documento de identidad y en una toalla de Lola Chomnalez . En la sentencia del juez Juan Giménez Vera -en la que procesó a Sena por homicidio muy especialmente agravado- el indagado admitió que escuchó la noticia del asesinato de la adolescente argentina en los medios de comunicación, pero negó haber tenido contacto con la adolescente o participación en los hechos que ocurrieron en diciembre de 2014 en el balneario Barra de Valizas.

Cuando el juez le preguntó por su vinculación con un delito de homicidio, él respondió: «No. Nunca he matado a nadie. Ni a una mosca». Contó que él trabajaba en el supermercado «333» en la entrada principal de Valizas y bajaba todos los días a la playa dado que su empleadora permitía que los trabajadores tuvieran un descanso de una hora. Según sus declaraciones, iba a la playa a tomar mate, incluso en alguna oportunidad -dijo- fue con una compañera de trabajo.

En una de esas ocasiones, según su relato, fue que vio la mochila de Lola y la tomó para «sustraer dinero». Dijo que tomó las pertenencias de la chica «3 o 4 días» después de que se informara sobre su desaparición el 28 de diciembre de 2014. Cuando el juez le preguntó si no había visto la mochila, dado que bajaba por el mismo lugar todos los días, Sena respondió: «No estaba. Porque yo bajé (a la playa) y no estaba».

El hombre de 39 años afirmó ante el juez que un día, concretamente entre la noticia de la desaparición y el hallazgo de la mochila, se lastimó el dedo índice de la mano izquierda con una botella de vidrio que se rompió mientras él ordenaba unos casilleros de cerveza. Para cubrir su herida, le pidió a una compañera de trabajo dos curitas y se las colocó. Luego, llenó su termo con agua caliente, tomó el mate y se dirigió a la playa.

La sentencia detalla que el hombre narró que al llegar a la playa dobló a la izquierda, y a una distancia de «dos cuadras», que recorrió en «20 minutos», vio la mochila, la tomó, la abrió y vio que contenía una toalla, un monedero y un par de chancletas.

Cuando el juez le preguntó sobre el monedero, el presunto homicida indicó: «Lo abrí con la derecha. Tomé el monedero con la mano izquierda, tomé la plata, me la puse en el bolsillo, cerré y me fui». El hombre dijo que no vio documentos de identidad ni un libro -que allí estaban-, y que la mochila la dejó en el mismo sitio que la encontró.

En relación a la sangre del hombre en documento de la chica, el indagado sostuvo: Quizás al abrir. No lo saqué al documento ni lo toqué. Yo abrí el monedero». Finalmente, cuando le mencionaron los nombres «Peteca» y «Cachila» , el presunto asesino dijo que no los conocía, que solo había oído el nombre de este último por televisión, pero nunca lo vio.

En la sentencia, los argumentos de Sena se califican como inverosímiles dado que no se logra explicar por qué la sangre de Sena se halló mezclada con la de la víctima y el hecho de que la sangre también esté en la toalla que se encontraba en su mochila. A su vez, se determina que tampoco se logra explicar «que la mochila haya aparecido a kilómetros del lugar donde presuntamente la vio después de días de intenso rastrillaje y búsqueda por parte de particulares y funcionarios policiales». Por eso, se manifiesta: «La versión aportada carece de todo respaldo probatorio».

Documento con sangre evidencia «forcejeo»

 «En el DNI (documento de identidad argentino) la mancha es única y la sangre viene toda mezclada y no hay forma de que se mezclen las sangres si no estamos hablando de una situación de forcejeo o enfrentamiento donde ambas personas terminan cortadas», argumentó el abogado de la familia de Lola Chomnalez, Juan Raúl Williman.

Y añadió: «Es absolutamente descabellado el planteamiento del imputado, quien claramente es el responsable, es una de las personas que atacó a Lola». Sin embargo, también reconoce que «tiene derecho a no autoincriminarse».

Otra de las pruebas que fundamentan la participación del hombre en el homicidio de la adolescente argentina, según establece la sentencia, es que la apariencia física del imputado condice con la descripción que un testigo manifestó sobre un hombre que iba caminando por la playa el día de los hechos, así como también con el identikit realizado durante la investigación.

LINK ORIGINAL: El País

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