NOS SIGUEN MATANDO - EntornoInteligente
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El sábado 10 de agosto, a las 7:30 de la mañana, usando armas de largo alcance y disparando en forma indiscriminada, un grupo armado atacó a balazos un camión de pasajeros en el que un grupo de indígenas viajaba hacia una feria del café en el municipio de Toribio, Cauca. En el ataque murieron Kevin Mestizo Coicué y Eugenio Tenorio, dos miembros de la Guardia Indígena, y resultaron heridas cinco personas, entre ellas un niño de siete años y dos mujeres.

Un día antes, mientras las comunidades de la región celebraban el Día internacional de los pueblos indígenas, varios miembros de la Guardia fueron atacados con armas de fuego en la carretera que comunica a Toribio con el corregimiento El Palo. La Guardia viajaba hacia el caserío atendiendo un llamado de la comunidad en el que denunciaba la “siembra” de artefactos explosivos en la vía.

El 4 de agosto dos desconocidos que iban en una motocicleta asesinaron a Enrique Guegia, un sabio ancestral que desempeñaba el cargo de alguacil del Cabildo de Tacueyó, en Toribio.

El 1 de agosto también fue asesinado el guardia Gersain Yatacue Escue, de 25 años, coordinador de la Guardia Indígena de la vereda San Julián del municipio de Toribio.

El 25 de julio, en el corregimiento El Palo, en la carretera que comunica a Caloto con Toribio, la Guardia Indígena fue víctima de un atentado con armas de fuego y artefactos explosivos en el que resultaron heridos Giovany Vitoncó, Fabián Camayo, Arcadio Tróchez y Jorge Ulcué.

Estos son apenas algunos de los 161 homicidios cometidos en contra de líderes sociales y defensores de derechos humanos en el Cauca entre 2016 y 2019, después de la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno y las guerrillas de las Farc. Cuarenta de ellos han segado la vida de dirigentes y guardias del movimiento indígena.

“Nos siguen matando”: estas palabras del Consejo Regional Indígena del Cauca ―CRIC―, denunciando estos crímenes, resumen la angustia de miles de pobladores de esa región del sur de Colombia que han sido víctimas de asesinatos sistemáticos, desapariciones, amenazas, robos, secuestros y reclutamiento forzoso de jóvenes y menores por parte de grupos armados que han invadido sus territorios.

Los indígenas sostienen que el recrudecimiento de la violencia se ha desatado porque sus tierras son el escenario de una guerra por el dominio territorial de al menos seis grupos armados residuales o emergentes, lo mismo que narco-paramilitares, que han llegado al Cauca después del Acuerdo de Paz. Ellos se disputan la distribución de rentas y seguridad armada de los negocios de la cocaína, la marihuana y la minería ilegal, antes bajo el dominio de las Farc.

“Hemos resistido con la fuerza asombrosa de nuestro espíritu a la violencia cíclica que de un periodo a otro se sigue reproduciendo con otros sujetos, otras armas, y otras estrategias cada vez más sofisticadas”, dijeron los indígenas tratando de explicar estas muertes.

EL CRIC criticó la estrategia del Gobierno en la guerra contra las drogas ilícitas, basada en la confiscación de embarques y en el uso de la fuerza, y lo acusó de estigmatizar a sus comunidades por no querer dejar entrar la fuerza pública a sus territorios, “a sabiendas que ya existen más de 7 bases militares, puestos de policía en todos los municipios y constante vigilancia aérea”.

En cambio, pidió un diálogo con el presidente Iván Duque para buscar salidas concertadas a estos problemas y alcanzar una paz integral que ponga fin al genocidio de indígenas.

El CRIC también llamó a la comunidad internacional a que continúe con su misión de observación y verificación, tanto de los acuerdos entre el gobierno y los grupos insurgentes, como de la crisis humanitaria que viven los indígenas del norte del Cauca.

LINK ORIGINAL: El Colombiano

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