Norberto Olivar: Alí Babá y los cuarenta ladrones (versión bolivariana)

Lapatilla agosto 02 2026, 7:46 amPosteado en:  OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn El doblete sísmico, con toda la desgracia que acarreó a los venezolanos, también hizo las veces de «Ábrete, sésamo». Igual que en el relato de Las mil y una noches, la tierra se abrió en dos como aquella roca enorme que servía de caja fuerte para resguardar el botín de los míticos cuarenta ladrones de Sherezade. No hay palabras para describir tanta fatalidad, tampoco para justificar que, días después, funcionarios policiales, en lugar de actuar como rescatistas, mutaran en cazadores de tesoros, de caletas de dólares entre los escombros. También vimos, en las redes sociales, cómo aparecían tentadores fajos de billetes y a efectivos de la Guardia Nacional cerrando el paso a quienes sí buscaban salvar vidas. En vez de sumarse a ellos con pico y pala, se dedicaron a custodiar sus escondrijos. Suscríbete aquí para hacerle seguimiento diario al rescate de Venezuela tras los sismos La revolución mostró su «cara de brea y barba de cerdo», como la de aquellos cuarenta. Sea como fuere, en varios de los edificios destruidos, según dicen quienes intentaban salvar a sus familiares y vecinos, se “almacenaban grandes sumas de dólares en cajas fuertes, maletas y bolsas con billetes, algunas de las cuales habrían sido recuperadas en camiones nocturnos”. Algo parecido leemos en el relato árabe, donde el alma avarienta de Kassin, hermano de Alí, imaginó una caravana de camellos, “avanzada la noche”, para extraer el tesoro de la cueva de los cuarenta ladrones. Tampoco es raro que sigan encontrando dólares porque, al fin y al cabo, e

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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