"No es posible un cambio político sin negociación y sin garantías para ambas partes" - EntornoInteligente
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“No es posible transitar hacia un cambio político (imprescindible para que ocurran otros cambios) sin negociación y sin garantías para ambas partes. Pero ese es un proceso complejo que necesita apoyo interno y externo, presión sobre los actores políticos y sobre todo necesita explicación y pedagogía política”.

La opinión de la politóloga y escritora venezolana, Colette Capriles, se inscribe en la tesis de una salida negociada a la crisis venezolana. En conversación con PANORAMA agrega que para el problema venezolano “no hay soluciones instantáneas, lamentablemente, y la magnitud de la catástrofe nos pone a los ciudadanos en una situación desesperada que contrasta con los tiempos de la política. Pero esos tiempos serán más lentos  si no ejercemos presión para las soluciones”.

Para Colette Capriles: “La salida de Bolton no cambia nada porque la política hacia Venezuela la maneja Elliott Abrams y el Departamento de Estado” En relación con la estrategia de EE UU sobre el caso Venezuela y la salida de John Bolton de la Casa Blanca, la profesora de la Universidad Simón Bolívar, estima que “no cambiará nada porque la política de EE UU hacia Venezuela porque la maneja Elliott Abrams y el Departamento de Estado desde hace meses. Puede ser que no tener a Bolton declarando por su cuenta ayude a Abrams a proyectar una política más coherente de EE UU hacia el caso venezolano, centrada en mantener la presión para que se logre una solución negociada, como lo ha dicho el propio Abrams”.

La politóloga cuestiona la inexistencia de comunicación entre Caracas y Bogotá, a raíz de la más reciente crisis binacional. “Las relaciones entre el gobierno de Duque y el de Maduro son nulas y ello es  en mi opinión sumamente irresponsable de ambas partes. Independientemente de las diferencias políticas se debe conservar un canal para el abordaje de los problemas y urgencias comunes. En particular la cuestión migratoria y la seguridad fronteriza”.

—   ¿Cómo calificaría usted esta suerte de ‘juegos de guerra’ de la última crisis entre Colombia y Venezuela?

— Hay que verla, desde luego, como parte de la coyuntura en la que se encuentra la crisis venezolana y la relación del Gobierno colombiano con ésta. Soy de la opinión de que la reaparición de la amenaza insurreccional de disidentes de la Farc y su presunta alianza con el ELN forma parte de una estrategia de agudización de tensiones que conviene al gobierno de Maduro en la medida en que saca el foco de atención de la propuesta de solución negociada que ha hecho la oposición, a la que debe dar respuesta. Estimula por otra parte la radicalización del Gobierno colombiano. Es una forma de debilitar la posibilidad  de  una negociación que ya no puede ser postergada.

—  Pese a las denuncias de persecución a oficiales, el Presidente apeló a la “moral” de la Fuerza Armada al decretar la alerta naranja reciente, ¿cómo lograr invocar esa “moral”?

— Lamentablemente la gran mayoría de la Fanb y especialmente su cúpula se cohesiona en torno a la “moral” nacionalista y patriótica que este tipo de tensiones estimula. Podría hipotetizarse que es precisamente uno de los objetivos del Gobierno al aumentar esta tensión. Si hay percepción de que la Fanb se siente molesta o dividida por la catastrófica situación del país y la grave situación de seguridad nacional que implica la guerrilla—, es posible que la apelación al patriotismo anticolombiano ayude a recuperar cohesión.

—  El manejo de la crisis fronteriza no es responsabilidad de un solo país, cree usted que tanto Caracas, como Bogotá no han hecho una verdadera  y coherente política de fronteras?

—Las relaciones entre el gobierno de Duque y el de Maduro son nulas y ello es  en mi opinión sumamente irresponsable de ambas partes. Independientemente de las diferencias políticas se debe conservar un canal para el abordaje de los problemas y urgencias comunes. En particular la cuestión migratoria y la seguridad fronteriza.

— Más allá de la crisis binacional, está la crisis política, económica y social del país que luce estancada, parece que ninguna de las partes está en capacidad de doblegar a la otra, en ese escenario, ¿cuáles son las claves para salir de esta crisis multifactorial?

— No es posible transitar hacia un cambio político (imprescindible para que ocurran otros cambios) sin negociación y sin garantías para ambas partes. Pero ese es un proceso complejo que necesita apoyo interno y externo, presión sobre los actores políticos y sobre todo necesita explicación y pedagogía política. No hay soluciones instantáneas, lamentablemente, y la magnitud de la catástrofe nos pone a los ciudadanos en una situación desesperada que contrasta con los tiempos de la política. Pero esos tiempos serán más lentos  si no ejercemos presión para las soluciones.

—  Sondeos revelan que al menos seis de cada diez venezolanos prefieren una salida negociada, qué condiciones deben darse para una salida negociada?

— La voluntad política de las partes evidentemente, pero sobre todo, que las alternativas a una negociación sean peores que los costos de ésta. El régimen está tratando de construirse una alternativa al traer la amenaza de unas elecciones parlamentarias ilegales pero que en su perspectiva dividirían a la oposición; la oposición está tratando de que aumente la presión externa para que se acelere la solución negociada. Habrá que ver cómo se desarrollan estas “alternativas”.

— Con una proporción de rechazo de 8 de cada 10 venezolanos hacia el Gobierno, por qué se sigue “pateando” el tablero electoral?

— No veo que se esté “pateando”, al contrario: esa es la propuesta de la oposición. Elecciones libres bajo un conjunto de condiciones institucionales y políticas que hoy no existen y que hay que negociar precisamente.

—  ¿Por qué el chavismo como movimiento político sigue hipotecado a Maduro, quien tiene un rechazo del 80%?

— Eso hay que preguntárselo al chavismo. Es un misterio, en realidad. Deshacerse del madurismo le daría al chavismo una amplia posibilidad de prosperar como un partido normal, que acepta las reglas democráticas y que podría modernizarse y ser reconocido como una fuerza política normal dentro de “las izquierdas” internacionales. Por ahora no lo es y da la impresión de que su visión es norcoreana.

—  La salida de John Bolton de alguna manera puede significar un volver a empezar de EE UU sobre el caso Venezuela porque pareciera que hay serias diferencias en el Departamento de Estado sobre el caso Venezuela, por ejemplo?

— La salida de Bolton no cambia nada porque la política hacia Venezuela la maneja Elliott Abrams y el Departamento de Estado desde hace meses. Puede ser que no tener a Bolton declarando por su cuenta ayude a Abrams a proyectar una política más coherente de EE UU hacia el caso venezolano, centrada en mantener la presión para que se logre una solución negociada, como lo ha dicho el propio Abrams.

— Habiendo pasado ya ocho meses del Plan Guaidó, cree que hace falta un revulsivo para su estrategia política, toda vez que el tiempo comienza a correr en su contra, en particular de su liderazgo?

— Aunque hay desgaste del liderazgo en general y del de Guaidó (en términos de popularidad) la estrategia no debe depender de la demagógica apelación a la popularidad. Yo creería que lo que en este momento conviene es reforzar la unidad de todos los factores de la oposición para evitar que maniobras del régimen logren dividirla, y promover  el proceso de negociación como el principal foco de atención.  Nada tendrá éxito si no hay unidad en la oposición, si no hay permanente comunicación y consulta entre todos sus factores.

— Un régimen cuestionado en todos los frentes, como el venezolano, ha logrado instalarse en la esfera de la geopolítica internacional con China y Rusia como sus valedores, cuánto de las salidas a nuestra crisis está fuera del alcance de nuestra dirigencia y más bien instalada en la geopolítica internacional?

— Hay una parte muy importante de la situación que obedece a dinámicas geopolíticas complejas de las que sabemos poco. Pero en la práctica esas configuraciones han permitido que el caso de Venezuela no sea ignorado y han ejercido presión sobre el gobierno de Maduro. Yo no creo que el caso venezolano pueda evolucionar hacia la democracia sin la actuación de factores externos, pero es ridiculo pensar que es solo por esos factores que puede sobrevenir una solución. Más allá de lo estrictamente político, la migración venezolana es un gigantesco problema geopolítico, de modo que inevitablemente habrá un cuadro externo actuando.

LINK ORIGINAL: Reporte Confidencial

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