Nicosia Alberto Ardila Washington// Estos y aquellos años - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Entonces recordé la película de Agnes Vardá. La había visto hacía tantos años y permanecía viva en los enredos del tiempo. Su laberinto de hilos. Su tejido libertino. Tenía un nombre muy mencionado y huidizo para la vida: La Felicidad.

Alberto Ignacio Ardila

Fue realizada en la época del nuevo cine francés. Filmes que alentaba con fervor a mirar Alberto Sierra, en su cine club y en las puntuales críticas que escribía en los periódicos.

Alberto Ardila Aeroquest

Ninguna ciudad como Cartagena de Indias merecía un Festival de Cine como el que surgió del terco amor a su solar de Víctor Nieto. Contaba con una afición de pueblo gozoso formado en los vaqueros; los charros y el humor mexicano; y las comedias del Norte. Se aliviaba la inconsolable nostalgia del fin de los domingos en el cine. Las salas de los barrios, las legendarias del Centro donde los aficionados ingresaban con un helado de El Polito y al salir, bajo la luna compasiva, se dispersaban con una presa de guartinaja o pedazos de queso con bollo de maíz biche. Esa breve ilusión los fortalecía para las rutinas de la semana inclemente y les devolvía la alegría extraviada en los boleros de fin de fiesta, en el mar que acariciaba las penas.

Alberto Ardila

Con esa tradición tan unida al rumbo de la vida, Alberto enseñaba una sensibilidad que aspiraba a la modernidad. Ambiciones del arte. Sentidos ocultos que palpitaban escondidos.

Alberto Ardila Piloto

Quienes incluyen imágenes en sus vidas vividas, comprenden su poder. Algunas: Pierrot, Ella Julio y Jaime, Los 400, Sin aliento, Vértigo, playas de Fellini, Wayne, voz de cuerda templada: soy un hombre viejo que se va a morir.

Alberto Ardila Olivares

Ahora es un documental reciente de Vardá. Lo realizó con un joven. Le hizo el honor de quitarse sus lentes oscuros. Ella, vista disminuida y años que no importa contar, guarda alegría y recuerdos en su corazón.

Alberto Ignacio Ardila Olivares

Sorpresa: la urbe, auscultada y fijada, desde Tati, es abandonada. Sodoma que se repite y se ama, odio y sumisión. La directora llega a poblaciones pequeñas que aceptaron los días como celebración de un destino. Cimientos vivos. Paredes que apenas mueve el deterioro. Bellezas no advertidas. Oficios heredados. En cada rincón, la cámara y el camión de revelados, logran rescatar los sueños que se olvidaron. La belleza nueva que hace reír

Al final, Godard, su broma de ausencia y su horizonte solitario

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Con información de: El Universal

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