Negocios míticos con una segunda vida - EXPANSION - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Expansión / La Duquesita, Florida Park o el Nebraska de Bravo Murillo han tenido otra oportunidad.

Mañana echará el cierre El Palentino, el último bar de toda la vida de Malasaña. Muchos españoles lo pusieron en el mapa cuando el director Álex de la Iglesia se inspiró en él para su película El Bar. El futuro de este local aún es incierto, pero el tiempo ha demostrado que muchos negocios míticos pueden tener una segunda vida.

La falta de relevo generacional obligó al dueño de La Duquesita, una de las pastelerías más antiguas de Madrid, a cerrar después de más de 100 años de historia. Sólo permaneció cerrada seis meses, hasta que la compró el pastelero catalán Oriol Balaguer. Algo similar ha sucedido en otros negocios que en su día fueron noticia por sus cierres y que han florecido en otras manos como el Café Comercial, Nebraska (el de Bravo Murillo abrió de nuevo de la mano de dos antiguos empleados) o el Florida Park.

Pero, ¿son buenas las segundas partes? “Si la marca había construido un imaginario en la mente de sus clientes, cuando se reabre el negocio es mucho más fácil que éstos vuelvan atraídos por la nostalgia. Asimismo, la gente que no supiera de su existencia probablemente quiera probarlo. Si la empresa encargada de abrirlo tiene experiencia previa en gestión de negocios similares, puede tener la capacidad de aportar un know how de gestión que, en muchos casos, esos negocios no tenían previamente por ser familiares heredados”, explica Bosco Torres, director asociado de Estrategia y Analytics de Interbrand Madrid. El experto también señala los riesgos, como la dilución de la marca. “Si un negocio se ha dedicado siempre a vender una tipología de productos y de la noche a la mañana vende esos y además otros muy diferentes que no tienen un encaje lógico, en el largo plazo se va a matar la reputación y las percepciones de la marca original. Además, en estas segundas partes se asume un riesgo económico; la marca puede tener un valor que ayude a generar notoriedad y elección, pero la enseña no lo soporta todo y si el negocio está mal enfocado y no consigue ir bien en los primeros meses, es muy difícil que pueda remontar a posteriori”.

Según Torres, las claves para hacer bien esta transición son, en primer lugar, “comprender la esencia de la marca. Si abres un sitio con el mismo nombre y un concepto que parece el mismo pero no lo es, el éxito será efímero o atraerá a un tipo de clientela que no estabas buscando. Esto no significa anclarse en el pasado, porque se puede ser moderno y mantener la esencia, lo importante es cuidar los detalles. Y no olvidar que los clientes buscan, ante todo, vivir una experiencia”.

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