Violencia obstétrica normalizada: el drama de parir en hospitales venezolanos

La Organización Mundial de la Salud define la violencia obstétrica como toda acción u omisión por parte del personal médico y de salud que dañe, lastime, denigre o cause la muerte a la mujer durante el embarazo, parto y puerperio. En Venezuela, esta problemática trasciende los protocolos médicos para convertirse en una cuestión profundamente cultural. Un estudio realizado por la enfermera, abogada e investigadora Luisa Urbaneja Castillo en 2010 sobre la Sala de Obstetricia del Hospital Universitario Antonio Patricio de Alcalá en Cumaná reveló cifras alarmantes que, según reportes recientes, no solo se han mantenido sino que se han agravado significativamente.

Los datos del estudio exponen la magnitud del problema en las salas de parto. El 55% de las mujeres fue sometido a cesáreas sin consentimiento informado, mientras que el 97% de quienes tuvieron parto natural fueron obligadas a adoptar la posición supina con las piernas levantadas, reconocida como la menos recomendada médicamente. Además, al 56% de las parturientas se les negó el contacto inicial con sus bebés inmediatamente después del nacimiento, impidiéndoles verlos o tocarlos en esos momentos cruciales. El 50% reportó haber recibido técnicas de aceleración del parto sin autorización previa, y el 40% sufrió maltrato verbal y psicológico del personal de salud.

Estela, una enfermera con más de treinta años de servicio en el hospital de Cumaná, reconoce sin rodeos que el maltrato a las embarazadas es cultural e institucionalizado. "No son solo las enfermeras y médicos, el maltrato a la embarazada está normalizado y empieza desde que llegan al área de admisión y se extiende hasta el puerperio. Ahí participan todos: el del ascensor, el vigilante, la secretaria o la que hace limpieza", describe. Este testimonio evidencia que la violencia obstétrica no es responsabilidad exclusiva de médicos, sino que permea toda la estructura hospitalaria, afectando a la mayoría de las pacientes, aunque no en todos los casos.

Los testimonios de mujeres víctimas de estas prácticas ponen rostro al drama. Casos como el de Isamar Reyes, de 22 años, quien acudió al hospital el 23 de noviembre de 2023 para el nacimiento de su hija Isabel, ejemplifican experiencias traumáticas que marcan de por vida a las gestantes. Estos relatos, documentados por periodistas investigadores como Nayrobis Rodríguez en reportajes para medios especializados, demuestran que la violencia obstétrica en Venezuela trasciende anécdotas aisladas para constituirse en un patrón sistemático que requiere intervención inmediata y cambios estructurales en la atención sanitaria maternal.

Fuente: NTN24 — Ver nota original

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