Matías Avramow Neuquén – 04 jun 2026 – 06:00CESTCompartir en WhatsappCompartir en FacebookCompartir en TwitterDesplegar Redes SocialesIr a los comentariosAñadir EL PAÍS en GoogleCompartir:WhatsappFacebookTwitterBlueskyLinkedinCopiar enlaceEL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.La ciudad de Neuquén está dividida en dos realidades por un gran barranco que la atraviesa. Aunque las calles suburbanas del valle son muy parecidas a las de cualquier otra ciudad argentina, en la meseta, la industrialización del país cubre absolutamente el paisaje. Es un páramo con tendido eléctrico que espera nuevos residentes en una de las regiones de más rápido crecimiento del país. El motor de estos cambios es Vaca Muerta, uno de los yacimientos de shale gas más grandes del mundo y aclamado por todo el espectro político argentino como su salvación económica. Según datos del Ministerio de Energía de Neuquén, más del 97 % del petróleo de la provincia y más del 90 % de su gas se extraen mediante fracking, una técnica que consiste en inyectar agua, arena y productos químicos a alta presión para fracturar la roca y liberar hidrocarburos. A finales de 2025 se batió el récord histórico de producción. Se trata de un método controvertido al que los residentes le suman otra cara oculta: los residuos. Sostienen que los del fracking no se están tratando adecuadamente en Argentina, lo que provoca contaminación ambiental y potenciales riesgos para la salud pública. La normativa local exige que se procesen adecuadamente. Pero allí hay montañas de residuos que demuestran lo contrario. Montañas de residuos La calidad de vida en Neuquén depende de la dirección del viento. “Cuando sopla en esta dirección, el olor se vuelve muy fuerte. Te pica en los ojos y te hace estornudar constantemente”, dice Julio Polo, guardia de seguridad en el complejo urbanístico que rodea el Parque Industrial Neuquén Oeste (PINO). El olor es similar al del azufre, aunque hay muchas más sustancias químicas en el aire y el suelo. El fracking genera dos tipos de residuos. Uno es el agua contaminada que vuelve a la superficie tras la fractura, junto con salmuera natural, y se inyecta en pozos subterráneos. Esta práctica se ha relacionado con la sismicidad inducida, ya que la presión puede reactivar fallas inactivas. En algunos países de América del Norte, hasta el 70 % de estas aguas residuales se reutiliza para el fracking y otros fines industriales, pero en Argentina, más del 95 % se deposita bajo tierra, según explicó Pedro Brisio, miembro de la junta directiva de la Asociación de Profesionales del Medio Ambiente de Neuquén, al medio Vaca Muerta News. Los segundos residuos son los semisólidos: una pasta del color de la tierra húmeda y compuesta por roca perforada, denominada cuttings o recortes, mezclada con restos procesados y arena. A lo largo del tiempo en Vaca Muerta, los subcontratistas han amontonado estos lodos hasta formar montañas gigantescas, algunas muy cercanas a zonas residenciales. La normativa provincial exige que estos lodos se traten mediante métodos autorizados, entre ellos hornos de alta temperatura que queman los componentes tóxicos y los reducen a cenizas en un ambiente controlado. Sin embargo, en la práctica, la capacidad de tratamiento ha sido sistemáticamente insuficiente para los volúmenes que se producen. En 2023, aumentaron en más de un tercio con respecto al año anterior, según datos a los que ha tenido acceso el portal Chequeado. Hay reportes que apuntan a la peligrosa contaminación que significan estos residuos. Según un estudio de 2019 realizado por la iniciativa Concerned Health Professionals of New York, se detectaron más de 200 contaminantes en el aire cerca de las operaciones de fracking en Estados Unidos, y se encontraron más de 1.000 sustancias químicas en los fluidos de fracturación. El estudio igualmente describe la pr
Fuente: El Pais — Ver nota original