Lapatilla octubre 28 2026, 2:05 pmPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn _Y así murió Miranda, súbitamente, solitaria y fugazmente. Teniendo a Venezuela a flor de labios a pesar de sus presagios; con su gesto, con su huella y con su poesía escrita en el alma, como lo juró el incomprendido, citando a Garcilaso_ En la penumbra de La Carraca un Francisco de Miranda cansado, enfermo, ataviado por un pasado lleno de gloria, batallas épicas y grandes amores [y desamores] ahora vive un presente miserable, injustamente condenado a 4 paredes de bahareque, inmundicia y silencio, que me lleva a cambiar la conversación. Sigue la transición venezolana minuto a minuto desde nuestro boletín diario Recostado en su catre veo como una pequeña luz—provocada por una antorcha lejana a las afueras del Arsenal de la Carraca—entra por los barrotes directo a sus ojos color avellana llenos de fuego [Dixit Caracciolo Parra Pérez]. —General, después de escucharle hablar de revoluciones, reyes, ejércitos y de la libertad de América, quisiera preguntarle algo más íntimo. Ud conoció cortes, salones y alcobas de media Europa. *Amó a mujeres extraordinarias y dejó constancia de sus encuentros en sus diarios. Dígame ¿cómo enamoraba a sus mujeres y amantes?. Sonríe, acomoda su cuerpo sobre el camastro y mira hacia la ventana enrejada.* —¡Ah, mi querido amigo del futuro! Me pregunta Ud. por la guerra más delicada de todas: aquella en la que no se conquista una plaza, sino un corazón. Y debo advertirle algo: jamás confunda Ud. el amor con la posesión. Una mujer no es una ciudad que se rinde ante un cañón. —Pero Ud. era
Fuente: La Patilla — Ver nota original