MÉXICO: Sebastian abre mis tinieblas - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Excelsior / Los humanos al transitar por el Valle de Lágrimas aprendemos a reconocer a los infames para defendernos antes de la garra. Es como ver los ojos de los animales, en ellos la lealtad y el miedo, mas nunca la maldad de los hombres. Cuando conocí a Sebastian me dio un brinco el fatigado corazón… era de los míos, del mítico Héctor Azar, digamos, es un decir, de mi Eduardo Césarman y su perro, de los que se desprenden de un pedazo de alma y me la entregan en la risa, como Ernesto de la Peña, o Mendoza Enrique o René Avilés. Sebastian, tan guapo él, tan mexicano (y talentoso), de pronto, él sin ser de mi generación  de los que nos les vamos, vuelve sus ojos, acostumbrado a las altas dimensiones, al idioma del espacio, a las convulsiones del aire, baja a la altura de los que nada poseemos, un techo, es verdad, un jorongo, cierto, un perro y un libro, y nos cubre de honores. Yo no soy digna, digo vestida con mi traje de primera comunión en la parroquia de la Virgen de Guanajuato. Lo  único tenido es  la vocación de estilo, la disciplina de la cruenta escritura y la mirada excepcional de gente como Sebastian… Su taller mágico —tallera— de donde salen todas las puertas de entrada de los estados de nuestra patria y de Europa —digo sólo por citar un continente—.

 Y aquel hombre como Virrey pero trabajando, empieza a romper el espacio con esculturas gigantescas. Pero no está solo, viene, va, regresa, con sus obreros mexicanos (“porque no hay otros trabajadores mejores”) y logra sellar con amor y grandiosidad las mejores entradas primero de la República de nosotros, luego de los países que se lo solicitan admirados de su poder del espacio.  Me encantan él y su universo, su mujer, su hija, su obra y la tallera, digo, de altos techos y un estadio para dar de comer a los que lo amamos, otro para que Fernando Lozano llene con sus filarmónicos y trescientos cantantes de coros ecuménicos y nos toque el corazón con un concierto que yo por lo menos jamás había recibido tan hermoso. Sus músicos y Samuel Gitler Hammer bendiciéndonos matemáticamente desde su hijo y su dichosa mujer, y la belleza del buen rostro respondiendo al tiempo y al destino de Luis de Tavira, el teatrero por antonomasia, bello entre los reyes Lear y similares.

Estuvimos en los finales del otoño con Sebastián el escultor bendecidos por la cruz y el calvario del Señor. Nos otorgó la Medalla Cum Laude Nemine Discrepante. En mi pecho pesa. Tengo muchos premios y dos medallas de oro dispensadas por el Congreso del Estado de Guanajuato. Pido a mi hermana que me entierren con ellas y agregaré esta medalla maravillosa que bien pesa para un cadáver. Me voy a ir haciéndoles cuernitos a los que me humillaron y restáronme las preseas que de cualquier modo me pertenecen, digamos la Xavier Villaurrutia que nunca entendí los rencores femeninos de quienes me la negaron. Puras habas. Ya todo terminó. Volveré a escribir, como se lo prometí a Sebastiawn, en acción de gracias. Y un rayo promisor empezó a rasgar la maldición que me echaron encima mis gratuitos enemigos. Yo sigo caminando.

                *Escritora y periodista

                [email protected]

Con Información de Excelsior

Entornointeligente.com

Follow Me

.