MÉXICO: La batalla que viene - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El Informador / GUADALAJARA, JALISCO (28/AGO/2016).- Jalisco es sui generis a nivel nacional. Desde 2012, el bipartidismo se rompió y sobre sus cenizas se configuró un nuevo orden político. Ahora, la que fue la fuerza política hegemónica por dos décadas, se encuentra en franco declive el PAN. Y el antipriismo, así como la narrativa de la oposición al Gobierno del Estado, la monopoliza Movimiento Ciudadano (MC). Un partido que apenas pinta a nivel nacional. El PRI, por su parte, también enfrenta el desgaste de cuatro años de Gobierno y negativos que provienen de Los Pinos. El “juego de tronos” en Jalisco es distinto, lo que no invalida que la elección a gobernador, al día de hoy, parezca sólo una cena para dos.

La historia, al menos en la época democrática, nos arroja una tendencia -no por ello infalible-: la fuerza emergente en la metrópoli tras la elección intermedia se queda con Casa Jalisco. Sucedió con el PAN y su largo control político de la capital del Estado. O con el PRI, que tras 15 años sin poder pelear Guadalajara, conquistó la capital en 2009 y con ello la ruta hacia la Gubernatura. MC parecería encontrarse en esa situación de privilegio, montado en la escalera rumbo a Casa Jalisco. Incluso, los corridillos políticos no ocultan lo que parecería una inevitable victoria de Enrique Alfaro en 2018, sin embargo en el aire están muchas incógnitas que podrían alterar los equilibrios a unos meses de que comience la discusión formal sobre las candidaturas en los distintos partidos políticos.

El PRI no tiene un candidato definido. Arturo Zamora parece el “natural”, aunque él mismo se ha encargado de desmentir cualquier interés. El senador sabe que una derrota supondría un fuerte golpe para su trayectoria política, particularmente si recordamos su caída en 2006. Francisco Ayón, Miguel Castro y Eduardo Almaguer son la segunda línea de candidatos, con un ojo puesto en Casa Jalisco, pero sin olvidar una posible apuesta metropolitana o una curul en alguna de las dos cámaras. Los tres son parte del gabinete de Aristóteles, pero el estilo propio del gobernador tampoco les ha permitido crecer en las encuestas como aspirantes sólidos. A tiempo presente, el PRI es una incógnita, sobre todo si partimos de dilemas fundamentales para entender la elección de 2018: ¿Cómo terminará Aristóteles, como un gobernador valorado al estilo de José Calzada en Querétaro -aun así perdió el poder, aunque no por su culpa- o como un gobernador cuestionado como Javier Duarte en Veracruz? Las posibilidades electorales del PRI también se encuentran atadas a la imagen saliente del gobernador. Su compromiso, al menos discursivo, con la agenda anticorrupción puede ayudarlo a ser un activo del PRI, aunque es innegable que se demandan hechos y no promesas.  

La cohesión del PRI no la podemos dar como un hecho. La derrota de 2015 fracturó al partido y las expectativas tampoco propician la unidad. La elección de candidatos es fundamental, las imposiciones del pasado fueron mal tomadas por la militancia que no respondió en las elecciones intermedias. La disputa por Los Pinos también define mucha de la suerte del PRI y, de acuerdo a la baraja y a las encuestas, los tricolores no tienen evidencia para llamar al optimismo.

Movimiento Ciudadano luce cohesionado en torno a la figura de Enrique Alfaro. Con sus diferencias y estilos contrastantes, pero incluso Alberto Uribe ha manifestado su apoyo al alcalde de Guadalajara. Tanto Uribe como Pablo Lemus tienen la reelección en su hoja de ruta, por lo que no vemos escisiones en el horizonte para los naranjas. La labor de Alfaro como jefe político será la de aquel que cuida los equilibrios al interior del partido político, pero en donde no vemos ningún foco rojo encendido. Los riesgos para el alcalde de Guadalajara se encuentran circunscritos a la agenda de seguridad, en donde las perspectivas no parecen ser las mejores en la materia. Por responsabilidad propia o no, pero la percepción de la inseguridad es alta. Olvidémonos de las empresas de comunicación o la asignación directa, la eficacia de Alfaro como gobernante está a prueba en agendas como la de la seguridad, un problema que afecta directamente a los tapatíos.

Los otros riesgos para Alfaro son de carácter político: ¿Quién será su candidato a la Presidencia? ¿Margarita Zavala, el “Bronco”, Miguel Ángel Mancera o Andrés Manuel López Obrador? La singularidad política de Jalisco eleva el costo electoral de cualquier decisión. Y una segunda definición política: ¿Quién será el candidato de MC en Guadalajara? ¿Cómo gestionará la sucesión? ¿Apostará por un externo o por alguno de los nombres que ya se barajan? No hay tampoco un candidato natural para la capital por parte de los naranjas.

Un elemento fundamental es la construcción o no de un frente opositor al PRI. Como usted sabe, 2017 es año electoral. Dos citas en las urnas apelan a un posible bloque anti-PRI: Estado de México y Nayarit. En éste segundo caso, la coalición podría incluir a una lista amplia de partidos, desde el PAN hasta el PRD y MC. En esta lógica faltaría la inclusión de Morena, que parece que optará por enviar un candidato al margen de la negociación por el frente opositor. En Jalisco, panistas y perredistas no niegan la posibilidad de buscar acuerdos con Enrique Alfaro, sin embargo las lógicas nacionales, más que las locales, dificultan los consensos. Queda claro que Margarita Zavala como candidata es una línea roja intransitable para el PRD, lo mismo López Obrador para el PAN en caso de que la izquierda encuentra cauces de entendimiento. Hoy no parece factible un acuerdo entre estas fuerzas políticas, pero no lo podemos descartar.

El PAN se mueve entre esas órbitas. En el blanquiazul saben que un candidato que rete a PRI y MC dificilmente llegará a los dos dígitos. Una parte del panismo empuja con fuerza para abrazarse al segmento más conservador y rentabilizar el discurso de “protección de los valores tradicionales”. Un externo, de perfil conservador, seduce a un segmento del panismo. Asumen que un binomio con Margarita Zavala podría darle al panismo algo de oxígeno electoral. Sin embargo, existe otra ala, más pragmática, que quiere un acuerdo con Enrique Alfaro, incluso con la disposición de no presentar candidato y buscar arreglos puntuales con MC en municipios que son relevantes para el PAN. Lo paradójico es que a pesar de la debilidad política y electoral del panismo, existe una posibilidad de que juegue un rol bisagra en 2018.

Y es que, para una parte del panismo, el acuerdo con Alfaro podría llevar a desvanecer al instituto político por algunos años. Subsumirse en el discurso del candidato de MC significaría perder la identidad, que aún subsiste en el panismo, y la cruda realidad podría ser dolorosa. Sin embargo, un posible acuerdo con Alfaro depende de lo que el alcalde de Guadalajara esté dispuesto a poner sobre la mesa. Para el partido de Miguel Ángel Martínez Espinoza, el pragmatismo pesará más que los principios en 2018.

El Grupo Universidad también entre en fase de definiciones. La relación entre Raúl Padilla y Enrique Alfaro atraviesa un buen momento. No ha habido choque de trenes, como algunos pronosticaban, y la tendencia avanza hacia el entendimiento con el alfarismo. Sin embargo, las heridas pesan. Los desencuentros no se olvidan en un instante. Y aunque el cálculo político juntó sus caminos, nadie puede asegurar que el entendimiento esté garantizado de cara a la elección de 2018. Es innegable que también el Grupo UdeG está dividido cuando de apoyar a Alfaro o al PRI se trata. La proclividad o no de un pacto electoral girará en torno a la agenda, los equilibrios nacionales y la negociación de espacios, pero hasta hoy, los acuerdos entre ambos grupos políticos son innegables en temas como el auditor, Iconia, Marca Ciudad o el POT MET. De estos encuentros o desencuentros depende la suerte del PRD.

Morena, por su lado, es un desastre en Jalisco. No hay dirigencia y esa estructura tripartita de mando no ha funcionado. Su escasa autonomía política con algunos personajes del alfarismo y hasta ex priistas, dificultan la construcción de un partido competitivo en Jalisco. Morena le apuesta a la derrama de votos de López Obrador en 2018. No hay candidatos y tampoco agenda. La fortaleza que Morena demuestra en otros estados no tiene ninguna relación con lo invisibles que resultan ser en Jalisco.

Y la última incógnita: ¿Habrá un independiente que pelee la gubernatura en Jalisco? Parece improbable. Pedro Kumamoto y su equipo han negado dicha ambición. Y no existe ningún otro independiente creíble que haya levantado la mano para aspirar a Casa Jalisco en 2018. También, como en el escenario partidista, las coaliciones entre un independiente que juegue la Presidencia y grupos políticos locales, serán fundamentales. ¿Será El Bronco candidato? ¿Algún otro independiente? Son incógnitas sin definición hasta hoy.

Jalisco se juega su particular “juego de tronos” en 2018. Todos mueven ficha. La disputa por la agenda, en particular entre MC y el PRI, es un indicativo de la relevancia que ambos partidos dan a la construcción de una imagen de reformismo y cambio. La disputa ha llevado a desencuentros entre los dos jugadores principales del tablero político, lo que esperemos no nos empuje a la parálisis o a la frustración de acuerdos. La colaboración entre ellos ha cosechado buenos dividendos. Nos quedan algunos meses de posible cooperación, antes de la batalla que viene. Será un proceso electoral muy polarizado, eso es innegable.

MÉXICO: La batalla que viene

Con Información de El Informador

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