MÉXICO: El echador - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Excelsior / Me hubiera gustado, en esta serie que inicié hace poco, y en la que me refiero a la demagogia y a los demagogos, dedicar esta entrega a algún ejemplo brillante y admirable, que los hay, y que contrastara con la funesta y pintoresca figura de Alejandro Lerroux , el último de quien hablé. Sin embargo, aun en este rincón, recóndito y guarecido, la actualidad impone sus sevicias y no me veo capaz de esquivarlas.

Y así, no puedo no hablar el día de hoy de un personaje actual, igualmente siniestro y no menos grotesco, que el radical de hace un siglo. Paralelo a aquél, hasta la abyección. Se diría que el uno es clon del otro, si no fuera porque aquél se presentaba como siendo de izquierda y el de hoy se enorgullece de su rancio conservadurismo. Aunque déjeme le digo, penetrante lector, que tal diferencia no es sino una ilusión óptica. Una imagen en el espejo que voltea izquierda en derecha sin que dejen de ser lo mismo. “Los extremeños se tocan”.

El colmo es que además ambos son españoles. Se puede ser español de la más noble de las maneras, créame. Me consta. Pero tanto Lerroux como el protagonista de hoy lo son en la más lamentable. De hecho Mariano Rajoy nació en Galicia, pero por lo visto ese es un simple avatar que no dejó huella en su vida. El maravilloso País Galaico no se merece un Rajoy , de la misma manera que nunca se mereció un Franco . Ni los chistes que los han hecho famosos alrededor del mundo, dicho sea de paso. Paradojas del humor, de las patrias y de los malnacidos. Tendré que hablar con mis entrañables amigos gallegos para que se pongan las pilas.

Que Rajoy es un demagogo impresentable, no es necesario argumentarlo demasiado. Aunque no pierda oportunidad de presentarse él y su estulticia tomados siempre de la mano. Ya no sé si es un desvergonzado o un sinvergüenza. Aunque parezca la misma cosa hay un matiz importante que diferencia ambos adjetivos. De todos modos en Mariano Rajoy coinciden los dos.

Desde hace años, la España que gobierna se hunde en un abismal desastre económico y social, eufemísticamente llamado “crisis”. Mientras él insiste, discurso tras discurso, en afirmar sentencioso que las cosas van cada vez mejor, en una muestra impecable de lo que es el lado oscuro de la demagogia sublimada. Me recuerda a aquel gobernador ruso que aparece en El conductor , de Gogol , que proclama, enfático: “¡Y nosotros vamos adelante, siempre adelante..!”, mientras va descendiendo los peldaños de una escalera.

Sin embargo, el ejemplo más depurado de su hipocresía sibilina lo está dando al enfrentar —al tratar de enfrentar, diría yo— el formidable alzamiento catalán. Reconozcamos que Lerroux , pese a todo, fue un político hábil y astuto que logró sobrevivir, de machincuepa en machincuepa a través de los más rocambolescos episodios que protagonizó. La torpeza de Rajoy , en cambio, es supina e inapelable. Recorrer uno a uno todos sus gazapos y exabruptos en esta cuestión ha de ser una delicia. Ganas no me faltan, pero espacio sí. Tendría que dedicarme a ello en exclusiva, semana tras semana, y la columna pasaría de ¿Qué me pongo? a llamarse ¿ De qué me río”

Me veo obligado a constreñirme al último acto de esta ópera bufa que está protagonizando desde hace meses. Resulta que, como ya lo sabe usted, primero prohibió e hizo prohibir al Tribunal Constitucional la realización de un referéndum oficial, de obediencia obligatoria, acerca de la independencia de Cataluña, a la manera de Escocia o Eslovenia digamos. Desde Barcelona se intentó lanzar cables y establecer alguna especie de negociación, en un clima mínimamente dialogante. Fue del todo inútil. Rajoy enloqueció, y su piocha pareció volverse espuma.

Primero arremetió reprimiendo toda iniciativa remotamente asociada. Las amenazas atizaron más aquel descontento al sustentarse en mentiras evidentes validando agravios. Surgió un ambiente ríspido ocasionando muchas asperezas que únicamente establecieron dificultades adicionales reforzando animosidades.

Los catalanes debieron optar entonces por una consulta descafeinada, no vinculante. Nuestro buen hombre procedió entonces e inmediatamente a impedirla también. No sólo estaba prohibido proponerse atentar contra la sacrosanta “Unidad de España” sino que también estaba prohibido opinar acerca de tal eventualidad.

El gobierno catalán se vio forzado a dar otro paso atrás, lo que le ocasionó no pocos problemas y reproches en Cataluña al presidente Mas , y convocó ahora a un “ejercicio de participación” autónomo, llevado a cabo por voluntarios de la sociedad civil a modo de una encuesta, de una megaencuesta digamos. Pues bien, también esto decidió prohibirlo nuestro ínclito presidente del gobierno español, alegando que se trataba de un “referéndum encubierto” y lo hizo declarar ilegal, de manera que cualquier participación, a cualquier nivel en el mentado ejercicio constituía un delito perseguible y punible.

Esta vez, Mas , cansado de caminar de espaldas, ya no dio ningún paso atrás y se mantuvo firme. El ejercicio se llevó a cabo este domingo con un éxito estrepitoso, en el que intervinieron más de dos millones y medio de ciudadanos, ante la presencia de cientos de observadores y periodistas extranjeros. Y Rajoy se arrugó. Sus amenazas quedaron en echadas. Fue él quien debió echarse para atrás y quien tiene problemas con los sectores más reaccionarios de su país y de su propio partido. Es algo que suele sucederle a los demagogos: no pueden sostener sus dichos. Tal vez es ésta precisamente la característica que los define.

Quiero contarle, sensible lector, para rematar, un episodio que se produjo durante los comicios del domingo. De los pocos que rompieron la serena intensidad con que se llevaron a cabo. Un grupo de golpeadores fascistas y encapuchados irrumpió en la casilla de votación ubicada en el Colegio de Hostelería de la ciudad de Gerona, maltratando a la gente, rompiendo los muebles y reventando las urnas. Lo que no tuvieron en cuenta fue que en ese momento se aprestaba a emitir su voto el equipo de rugby del GEIE de Gerona, que los enfrentó, los sometió y los entregó a la policía. Pinche mala suerte, me cae. Es la alegoría perfecta.

Esa vez, por una vez, los provocadores y los echadores perdieron. Ojalá siempre fuera así. Esta vez, en un juego de palabras fácil pero inevitable, Rajoy se rajó.

Con Información de Excelsior

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