Me avasalla y domina - EntornoInteligente
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A raíz de nuestro último artículo titulado “Conmoción”, lectoras y lectores compartieron desde una profunda afectividad sus vivencias, emociones y creencias; recelos, esperanzas y deseos ante lo que definen como una avasallante e “indetenible escalada de los precios”.

Los mensajes y comentarios se refieren mayormente a como se vive y se percibe la hiperinflación. Y, en ese sentido, se entremezclan las razones objetivas con las subjetivas. Se destaca la ruptura del orden económico y de la estabilidad prometida; se denuncia la pérdida del control y la orientación económica del país, que desemboca en lo que se define y se sufre como una “imparable inflación”.

Así, ante la crítica situación económica y el consecuente descalabro de la cotidianidad, aflora la construcción de la subjetividad que nos permite acceder a la realidad y lidiar con ella.

Destaca en estos señalamientos un cambio profundo en la subjetividad, en especial en lo que concierne a las expectativas sobre el futuro y el debilitamiento de la esperanza. Resalta la destrucción de la seguridad y las formas rutinarias de sobrevivencia, imponiéndose en su lugar una “realidad” desconocida, percibida como amenazante, incierta e insegura.

Ante ello emergen diferentes respuestas de carácter emocional. Despuntan la indefensión y la desesperanza ante la “incontrolable y violenta” escalada inflacionaria; el agotamiento y agobio ante la inseguridad; el desconcierto y la rabia ante lo que denominan “sacrificios inútiles”. En suma se describe un clima de degradación económica, social y subjetiva, caracterizado por la inseguridad, el despojo y la pérdida de valor del trabajo humano.

De lo expresado se infiere una suerte de conformismo e individualismo que se traduce en una persona volcada en su mundo privado y núcleo familiar; abocada a la resolución de los problemas de su entorno cercano; alejada de los intereses y responsabilidades públicas; ajena, por tanto, a las actividades colectivas. Suerte de burbuja que denominan “mi refugio íntimo”, propio de una persona conformista y privada.

Quizá ello explique porque no han aparecido reacciones reivindicatorias organizadas, a excepción de la convocatoria a una gran jornada de boicot a los huevos y otros alimentos “porque solo el pueblo salva al pueblo”.

LINK ORIGINAL: La Verdad de Monagas

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