Más de 28.000 venezolanos tienen casas en peligro de derrumbe: “Volver me da mucho susto”

Más de 28.000 venezolanos tienen casas en peligro de derrumbe: “Volver me da mucho susto”

Lapatilla julio 02 2026, 8:03 amPosteado en:  Destacados, Nacionales, Terremoto VenezuelaCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Fotografía que muestra personas caminando por una calle afectada por el doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5, este miércoles, en La Guaira (Venezuela). EFE/ Miguel Gutiérrez   Entre quienes perdieron sus casas totalmente y aquellos que las tienen con graves daños, el número de venezolanos que requieren un refugio crece cada día. En plazas y parques de Caracas se multiplican los campamentos improvisados en Caracas y La Guaira a una semana del terremoto que devastó el norte del país. El Gobierno de Delcy Rodríguez ha reportado en su último balance que 15.866 personas lo perdieron todo y otras 28.380 no pueden volver a sus casas, aunque sigan en pie. Por Florantonia Singer / elpais.com URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ María Márquez ha pasado las noches después del terremoto en dos de los 69 refugios montados en la zona de desastre. Llegó primero al Parque del Oeste en la capital, que hoy está abarrotado por más de 2.500 familias. La vivienda alquilada donde vivía con sus dos hijos en un barrio de Catia perdió el techo. La escuela a la que asistían los niños también sufrió daños. Al día siguiente del terremoto, se fueron al refugio que tenían más cercano, pero con los días prefirieron mudarse a Altamira, donde las personas viven en una plaza ubicada a pocas cuadras de edificios desplomados. “Esto va a ser para largo”, reconoce la mujer, una asistente dental que solo piensa qué será de su vida a partir de ahora. Su familia vive en el oriente del país y decidió mudarse a Caracas porque en su pueblo no conseguía empleo. “Es muy fuerte perderlo todo así, porque estamos en un país en el que hay que reventarse el triple para poder tener algo”, se lamenta. Otra vecina de Catia se instaló en el campamento levantado en el Parque del Este, uno de los más grandes de la ciudad. En este refugio la ayuda parece desbordarse. “Nos dan desayuno, almuerzo, cena y merienda. Hay que tener barriga para comer todo lo que nos dan”, dice sorprendida María Cánchica, de 67 años, oriunda de los Andes y que tenía dos años viviendo en Caracas. La falta de coordinación en la emergencia hace que los apoyos se desplieguen en los sitios más accesibles; quienes más padecen la tragedia están casi totalmente desatendidos. En este campamento hay recreadores, cuentacuentos, comida, ropa. Hay baños y duchas. Decenas de fundaciones, particulares y empresas se han instalado en el parque para ayudar. Todos han pasado por aquí, incluida la presidenta, Delcy Rodríguez. Bajo la sombra de uno de los enormes árboles del parque, Leidyde Torrealba, de 40 años, abordó a la mandataria. Le planteó su caso: ella no perdió su casa. Era arrendataria, pero ahora tampoco tienen dónde vivir. La mujer se recuperaba de una luxación en el hombro que le quedó de cargar piedras en el urbanismo Hugo Chávez, en La Guaira, para sacar de los escombros a la persona que le arrendaba una habitación. Su historia familiar es la de muchos venezolanos. Llevaban ocho años como migrantes en Perú cuando el esposo enfermó y decidieron volver. No les ha ido bien desde entonces. Leidyde es maestra y desde que regresó a Venezuela solo ha podido trabajar limpiando casas. Los hijos están en los Valles del Tuy con los abuelos, el esposo donde un amigo en Caracas y ella, en La Guaira, la ciudad más golpeada por el terremoto. “Nunca pudimos conseguir casa para estar juntos. Pero estar así dispersos creo que nos salvó de que no nos pasara nada”. La condici

Fuente: La Patilla — Ver nota original

Related Articles

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore