Mario Canessa: La Copa América, ilusión pendiente para Ecuador - EntornoInteligente
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Guayaquil – La edición 46ª de la Copa América se iniciará el 14 de junio próximo, en el estadio Morumbí, en Sao Paulo, y finalizará el 7 de julio en Río de Janeiro, en el mítico estadio de Maracaná.

El torneo ofrecerá una fase de grupos de doce selecciones, con dos invitados que no tienen nada que ver con el certamen sudamericano, como debería denominarse. La participación de Japón y Catar, que de acuerdo con el criterio de la Conmebol se justifica por los importantes ingresos que genera la venta de los derechos audiovisuales, en el fondo desvirtúa al más antiguo torneo entre naciones disputado en el mundo. Solo habría que preguntarle a la UEFA o la Confederación Africana o a la Asiática: ¿han pensado en invitar a combinados sudamericanos a participar a sus torneos continentales? La respuesta es obvia y la razón perceptible.

Ecuador ha iniciado su preparación para tan importante contienda y su DT, Hernán Darío Gómez, con base en la insistencia de Francisco Egas, presidente de la FEF, decidió guardar su frase favorita pero a la vez inoportuna de “vamos para aprender”. Al menos lo hizo y eso nos deja más tranquilos; pero, no obstante, lo que sí nos ha preocupado son las reiteradas improvisaciones en la organización de partidos preparatorios, sus convocatorias y las explicaciones para justificar sus continuas repentizaciones.

Por ejemplo, el proceso para escoger a los 23 jugadores de la lista definitiva fue muy criticado, no tan solo por los futbolistas que escogió, sino por el procedimiento que utilizó. Por ejemplo, presentar sorpresivamente una lista de buena fe con 40 jugadores convocables y en menos de 48 horas entregar la definitiva. Confirmó así mi teoría de que lo hizo para sacarles una sonrisa a muchos contrariados –en una especie de clientelismo– para que en menos de lo que canta un gallo borrara a 17 y exhibiera a sus favoritos.

En la práctica todos conocemos que el único responsable es el cuerpo técnico de la Selección, porque está en su legítimo derecho de escoger a los que, bajo su criterio, son los mejores y a los que usará en el torneo. Pero la prensa deportiva, en especial, tiene la obligación de advertir, evaluar y cuestionar si los procesos de elección y sus consecuencias son o no los adecuados. Por eso no tiene ningún derecho a mencionar que existe prensa que con sus críticas divide y altera la tranquilidad de la Selección.

Hoy Gómez ha convocado a los 23 y con esos se la juega. Confiamos en que nuestra Selección llegue en un alto nivel para participar en el Grupo C, donde se encontrará a rivales fuertes como Uruguay, Chile y Japón. Pero al Bolillo hay que recordarle que “no se puede llegar a buen puerto si el capitán no identifica cuál es la ruta expedita”. Eso es de lo que sufre nuestro DT, navega en un mar de confusiones y no digo de presiones o de intereses creados, porque todavía no tengo cómo comprobarlo.

En una de las explicaciones que dio en la rueda de prensa, el DT colombiano dijo que llamó a Carlos Gruezo por las similitudes que tiene con el recordado Edwin Tenorio. Eso es una verdadera exageración y no cabe por muchas razones que todos conocemos. También alegó falta de roce internacional para no citar al experimentado Fidel Martínez y que está por debajo del nivel de Ángel Mena. Y me pregunto: ¿acaso no era más lógico compararlo con el nivel de Romario Ibarra?

Pienso que no era necesario alterar la verdad con tal de justificar la convocatoria. Es hora de que el Bolillo reconozca que estamos a tiempo para sincerar las ideas, porque cualquier mentira a estas alturas es rayar en el cinismo. Por ejemplo, no es mi deseo opinar si ha existido discriminación o no al no considerar al menos a uno de los dos arqueros ecuatorianos por nacionalización, ya que están en un altísimo nivel respecto de Alexander Domínguez, quien no actúa en su equipo de Argentina. Y no lo hago porque respeto la decisión, pero no la comparto. Ni hablar de la relegación de Bryan Angulo y de la inusual circunstancia que Emelec no aporte un solo jugador a la Selección.

Pero los casos insólitos no terminan ahí, porque si revisamos detenidamente la famosa lista de los 40 de buena fe, no encontramos el nombre de Fernando Gaibor. Y qué les parece que del mejor futbolista del torneo de Polonia, el ecuatoriano Joel Valencia, campeón con su equipo, tampoco se le haya hecho una mínima mención.

Bolillo, en su afán de atenuar las críticas y mitigar el crudo cuestionamiento, ofreció acordarse de los postergados cuando llegue la hora de las eliminatorias a Catar 2022.

Espero que el cuerpo técnico no tome mi opinión como una anécdota más y que entienda que nuestra crítica es constructiva, siempre y cuando la interprete conceptualmente. Porque al final lo que nos interesa es el manejo de la Selección sobre bases ciertas y realizables y que no sea una simulación del mito de las cavernas de Platón, cuando figurativamente se presenta una analogía de lo cierto, haciéndonos creer que las sombras reflejadas en la pared son la realidad. Espero que no sea así. Bolillo debe saber que nuestra sociedad futbolera es capaz de instaurar la justa evaluación y la censura, si es el caso.

En su calidad de técnico Gómez casi siempre tuvo una carrera salpicada de eventos cuestionables. Desde su personalidad ambivertida exhibida cuando era capaz de animar y contagiar –en Panamá los puso a bailar con el salto tic toc y a nosotros en su momento con el Pirulín–. También lo recordamos por una frase altisonante como la del “resultado saca técnico” y tras decirla como si nada abandonó un proyecto en marcha. O el florido repertorio de frases que, aunque lo hicieron famoso, también trastocaron sus logros.

Su regreso al país fue toda una operación sigilosa de la anterior directiva de la FEF. Llegó con una aceptación a la baja, inseguro y reactivo, sensaciones que todavía las mantiene. Pero hoy tiene en sus manos una nueva oportunidad para justificar por qué está aquí. La Copa América, a la que quiso restarle importancia, podría convertirse en ese aliento que tanto necesita, pero él debe tener muy en cuenta que los ecuatorianos valoramos y soñamos con ser protagonistas en ese torneo continental. Así de sencillo. El Bolillo hoy maneja sueños ajenos y por ello debe marcar los límites, pero sobre todo respetarlos. En las manos de él y en sus decisiones guardamos nuestras esperanzas y al menos por el recuerdo de esa primera clasificación a un Mundial, todavía nos quedan unos pocos gramos de ilusión.

La Copa América ha sido obtenida por ocho países de Sudamérica, excepto Ecuador y Venezuela, y es para todos nosotros una ilusión pendiente. Esta esquiva Copa en pocos días abrirá sus puertas una vez más; ojalá en esta ocasión encontremos un grupo unido y con hambre de gloria y que tengan presente lo que algún día dijo Pelé: “El éxito no es un accidente, es mucho trabajo, perseverancia, sacrificio y sobre todo amor por lo que estás haciendo”, y con mayor razón si vistes la tricolor.

En fin, como una especie de corolario, recuerdo esta frase refrescante escrita por José Saramago: “He aprendido a no intentar convencer a nadie, el trabajo de convencer es una falta de respeto”. Y ratifico que ese no es el propósito con el Bolillo ; eso sí, es él quien debe convencernos de que la Ecuafútbol no se equivocó en contratarlo. (O)

 

Es hora de que Hernán Gómez reconozca que estamos a tiempo para sincerar las ideas, porque cualquier mentira a estas alturas es rayar en el cinismo. El DT navega en un mar de confusiones”.

LINK ORIGINAL: El Universo

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