Lapatilla julio 09 2026, 6:04 amPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Intervención en la reunión nacional extraordinaria de Coordinadores ANCO – 07-07-2026 Buenas tardes a todos. Les hablo hoy como ciudadano venezolano, en nombre de un clamor al que ANCO se ha sumado y que ya no admite más espera. Debo disculparme por anticipado de comenzar esta intervención por algo que creo que la gente ya sabe pero que la experiencia previa me ha enseñado que no debo dar por descontado y que es importante destacar. Venezuela lleva veintisiete años de destrucción institucional sistemática. El régimen instaurado en 1999 desmontó la Fuerza Armada como institución al servicio del país, vació de contenido al Poder Judicial, anuló al Poder Electoral y convirtió al Estado en un mecanismo de enriquecimiento para unos pocos. El 3 de enero de este año, fuerzas de los Estados Unidos extrajeron de Venezuela a Nicolás Maduro Moros. Ese hecho, aunque bienvenido por millones de venezolanos, no significó la caída del régimen: significó apenas un golpe a su cabeza visible. Quien lo sucedió, Delcy Rodríguez, no representa una ruptura con ese pasado, sino su continuidad. Y su legitimidad, ya frágil por sucederle a un presidente que nunca fue reconocido como tal, se agotó formalmente el 2 de julio, al vencerse la prórroga constitucional de noventa días que la propia Constitución de 1999 le otorgaba para convocar elecciones. Desde entonces, Venezuela no tiene, en sentido estricto, gobierno constitucional. Este no es un vacío inédito en la historia. Cuando una potencia extranjera como EEUU interviene y desplaza a un régimen, el camino de regreso al Estado de derecho ha tenido, en otros países, una ruta reconocible: en el Japón de 1945, los aliados gobernaron por persona interpuesta hasta redactar una nueva Constitución y devolver la soberanía plena. En el Irak de 2003, el Consejo de Seguridad de la ONU reconoció la ocupación, y en apenas dos años se transfirió el poder a un gobierno provisional, se convocó una Asamblea Constituyente y se eligieron autoridades legítimas. Venezuela no tiene hoy ni las Fuerzas Armadas institucionales de Japón, ni el respaldo de Naciones Unidas que tuvo Irak. Lo que tenemos es un cuerpo pretoriano sin valores y una clase política —oficialista y opositora— incapaz de administrar un Estado. Por eso insistimos: se necesita una fórmula propia, adaptada a nuestra realidad, y se necesita ahora. URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ Y digo ahora, porque el 24 de junio de 2026 Venezuela sufrió la mayor tragedia sísmica de su historia reciente. Dos terremotos —de magnitud 7,2 y 7,5— sacudieron el país, y en cuestión de segundos, La Guaira, Caracas y otras ciudades vieron colapsar edificios completos, muchos de ellos con familias adentro, en un día feriado. Las cifras oficiales reconocen ya varios miles de fallecidos y más de once mil heridos, y muchos de nosotros sabemos por experiencia propia, que, dada la opacidad histórica de este régimen para informar, la cifra real será sin ninguna duda considerablemente mayor. Se paralizó el aeropuerto principal del país. Y durante las horas más críticas, las que deciden entre la vida y la muerte de quienes quedan atrapados bajo los escombros, el país comprobó algo que ya sabía: no hubo Estado que respondiera. Los hospitales no tenían equipos ni presupuesto. Los cuerpos de bomberos y protección civil, desmantelados durante años, no pudieron desplegarse. La Fuerza Armada Nacional, la misma que durante veintisiete años se dedicó a perseguir venezolanos, es
Fuente: La Patilla — Ver nota original