Los hospitales de Venezuela, sin medios para los heridos del terremoto

Los hospitales de Venezuela, sin medios para los heridos del terremoto

Los hospitales de Venezuela, sin medios para los heridos del terremoto En coche, moto o a pie, cubriéndose las lesiones con vendas caseras y trapos, los heridos por los derrumbes de edificios colapsan los centros médicos, que ya sufrían graves carencias antes de la catástrofe por la ruinosa gestión del chavismo Regala esta noticia Añádenos en Google Este vídeo es exclusivo para suscriptores Disfruta de acceso ilimitado Suscríbete ¿Ya tienes una suscripción ? Inicia sesión Los heridos en el terremoto esperan a ser atendidas en el exterior de un hospital en La Guaira. (Reuters) Jorge Benezra Caracas 26/06/2026 Actualizado a las 22:53h. La Guaira, epicentro del doble terremoto en Venezuela, exporta sus heridos a una Caracas paralizada. En el hospital Pérez Carreño, las listas de pacientes empapelan las paredes mientras el sistema de salud, ya golpeado por años de crisis, intenta no desmoronarse. Luis Ríos subió … desde La Guaira con su hermana aferrada a la espalda en una motocicleta. Ella tiene la tibia fracturada. Gime cada vez que la rueda pasa por una grieta en el asfalto. Abajo, en la costa, no quedaba nada abierto. Ni un consultorio, ni una clínica, ni un centro de salud con capacidad para recibirla. Los pocos que funcionaban tenían las camillas ocupadas desde la primera hora. Así que Luis hizo lo que hicieron decenas esa noche: montó a su hermana herida en lo que tenía y subió la montaña hacia Caracas. «No podemos tener a alguien con fractura de tibia sin atención médica, así que la traje para acá», dice ya en la puerta del hospital Pérez Carreño, en el oeste de la capital, con la camisa manchada de tierra seca y los ojos enrojecidos. La hermana no habla. Aprieta los dientes y mira el piso. No es el único. Las urgencias no han dejado de recibir heridos desde las ocho de la tarde del miércoles. Llegan en ambulancias, coches particulares, motos, a pie… Algunos con fracturas expuestas envueltas en trapos de cocina. Otros con cortes profundos que dejaron de sangrar por la espera. Una señora mayor llega en silla de ruedas empujada por un vecino que ni la conoce. Caracas, a oscuras por los cortes eléctricos, es una ciudad donde nadie duerme. La gente prefiere la calle por miedo a las réplicas. Las sirenas no paran. Cada pocos minutos se escucha otra, acercándose o alejándose, y nadie voltea a mirar. En medio de esa parálisis, este hospital y el periférico de Catia se han convertido en los dos embudos donde desemboca todo lo que La Guaira ya no puede contener. Noticia relacionada La búsqueda de los desaparecidos en Venezuela: «No están fuera, lo más probable es que sigan aún en el edificio» Marina Martínez

Fuente: ABC Espana — Ver nota original

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