Los entresijos del testamento secreto de Hitler: «Nunca quise la guerra» - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / La imagen que ha perdurado de los últimos días de Adolf Hitler es la que ofreció el periodista e historiador Joachim Fest (reputado experto donde los haya) en su obra magna «El hundimiento: Hitler y el final del Tercer Reich» . La misma, por cierto, que fue llevada a la postre hasta la gran pantalla con suculentas retribuciones. De él, así como de su colega Hugh Trevor-Roper , bebe la mayor parte de la historiografía actual sobre el paso del Führer por el búnker. Uno y otro muestran al líder nazi como un gigante empequeñicido lo suficiente como para esconderse en un hediondo agujero rodeado de hormigón; un tipejo que solo atendía a razones en los minúsculos intervalos de lucidez que le dejaba su locura particular. Así, podía hacer referencia una mañana a las gigantescas (e imaginarias) divisiones germanas capaces de liberar Berlín y, esa misma tarde, exclamar a voz en grito que ya no quedaba nada por lo que combatir.

En ese ambiente de crispación, y a la espera de que los soviéticos llamaran a las puertas del Führerbunker para terminar de una vez con el Tercer Reich , el mayor acto de raciocinio que pudo llevar a cabo el líder nazi fue dictar su última voluntad. Y no es poco, pues implicaba que el mismo hombre que había llegado hasta las puertas de Stalingrado y había conquistado a la orgullosa Francia en apenas un mes asumía que su fin estaba cerca. Para la altiva águila nazi aquello implicaba darse de bruces contra la realidad. Quizá por ello, el diario ABC informó con júbilo del hallazgo de su testamento el 30 de diciembre de 1945 . Aunque encontrar aquel informe implicaba también que se empezaba a poner fin a un misterio que encogía los corazones de los soldados aliados, la posible huida del germano de Berlín. « Constituye una prueba decisiva de su muerte », explicaba el periódico.

Enigmas en Berlín Como suele pasar, entender por qué el diario ABC le dedicó una página destacada al hallazgo del testamento de Hitler nos obliga a retroceder un poco en el tiempo. Es lo que tiene la historia, la importancia del contexto. Nuestro punto de partida es el 2 de mayo de 1945, jornada en la que los soviéticos tomaron la Cancillería y se toparon con una pléyade de supervivientes que, ni en sueños, habrían pensado en capturar. Desde el SS Wilhelm Mohnke hasta el piloto personal del Führer, Hans Baur . Todos ellos, informantes de primera mano.

LINK ORIGINAL: ABC de España

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