Los días de Faustino Pérez - EntornoInteligente
Entornointeligente.com /

Dicen que cuando los temporales macondianos de 1972 estuvieron a punto de provocar el colapso del dique principal de la presa Zaza, que para entonces se encontraba en pleno apogeo constructivo, el Comandante Faustino Pérez Hernández tomó una decisión que más bien parecía de los tiempos en que acostumbraba a burlar a los esbirros de Esteban Ventura en la capital cubana: esperar el desenlace de aquella crecida aguas abajo de la cortina, justamente lo que menos aconsejan las circunstancias.

La historia la contó el periodista José Camellón López, un conocido reportero de la zona, ya fallecido, que se convirtió en testigo excepcional de aquella emergencia y hasta en un cercano colaborador del entonces Primer Secretario del Partido en la región de Sancti Spíritus.

Salvar la mayor represa de Cuba, un proyecto que Fidel había puesto en sus manos, se convirtió en una suerte de obsesión para el dirigente, quien había regresado a su patria chica, no ya como el joven rebelde que organizó la primera célula del Movimiento 26 de Julio en estas tierras, sino convertido en un cuadro de reconocida experiencia, probado en los más difíciles lances del clandestinaje, la lucha guerrillera y el hervidero de la Revolución triunfante.

Faustino había nacido el 15 de febrero de 1920 en una sitiería de zona de La Larga, a orillas del río Zaza, a unos pocos metros del sitio donde cayera el Mayor General Serafín Sánchez Valdivia; a los 11 años se mudó a Cabaiguán, donde realizó los estudios elementales, y luego, gracias a la ayuda familiar, se fue a cursar la carrera de Medicina en La Habana.

Más de un investigador e incluso el propio Faustino han reconocido que en la capital cubana no tardaría mucho en involucrarse en la causa revolucionaria y conocer de primera mano a Fidel Castro, con quien trabaría una relación de amistad y compañerismo que perduraría en las verdes y en las maduras.

El doctor en Ciencias Históricas Julio César Rosabal, estudioso de la vida del médico y político, confirma su fidelidad al Guerrillero del tiempo y asegura en sus investigaciones que, aunque Faustino no pertenecía al movimiento o grupo de 25 y o, fue citado para participar en el asalto a los cuarteles orientales, pero no asistió por desconocer la envergadura de los hechos que se preparaban y porque su madre se encontraba enferma.

Luego de la amnistía de mayo de 1955, que puso en la calle a los moncadistas, Faustino decidió pasarse al Movimiento que preparaba el líder revolucionario y, por ello –asegura el investigador–, se convirtió en «uno de los nueve invitados por Fidel Castro y uno de los diez presentes en la histórica reunión fundacional del mr 26-7, en la calle Factoría No. 62, el domingo 12 de junio de 1955». 

Fue tanto el empeño puesto por Faustino en su condición de responsable de las finanzas de aquel proyecto, que cuando se reencontró con Fidel en México, unos meses después, ya llevaba en la mochila más de 8 000 dólares, recaudados peseta a peseta por la organización del Movimiento entre los militantes y simpatizantes. «La significación de aquello –contaría Faustino en 1981– hizo exclamar a Fidel en el propio aeropuerto que ya la expedición estaba asegurada».

CLANDESTINO DE VERDAD

Hace exactamente una década, en estas mismas páginas, el combatiente Héctor Rodríguez Llompart reveló que en octubre de 1957, mientras peregrinaba por varias estaciones de la policía, el Buró de Investigaciones y hasta el Castillo del Príncipe, procurando información sobre un grupo de revolucionarios desaparecidos, escuchó a los esbirros de la dictadura lamentar que Faustino no hubiera caído en el allanamiento de la casa situada en Juan Bruno Zayas No. 163, en La Víbora. «Por ese muerto sí nos hubieran pagado plata de la gorda», dijo uno de ellos.

Para entonces ya el luchador no era aquel guajirito de La Larga, recién llegado a la capital, sino un avispado conspirador que se paseaba camuflado por media Habana, que había sido detenido en cuatro oportunidades, que conocía la persecución e incluso la tortura y que arriesgaba la vida en cada jugada.

Por aquellos tiempos se cocinaron el traslado hasta la Sierra Maestra del periodista estadounidense Herbert Mathews para su conocida entrevista con Fidel; el secuestro del campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio –la espectacular noticia que suscitó al menos 123 artículos en unos 80 medios de prensa de 23 países–; la llamada noche de las cien bombas, que desnudó la incapacidad del régimen para contener la Revolución, y la preparación y consumación de la huelga del 9 de abril, todos bajo la batuta de Faustino.

«Frank en Oriente y Faustino en La Habana son, en mi opinión, los símbolos más altos de la clandestinidad», dijo Armando Hart, otro que se la jugó más de una vez y que conoció a profundidad a los dos revolucionarios, que cumplió prisión junto al espirituano y de quien acostumbraba a ponderar su capacidad para relacionarse con el pueblo, su vocación por el trabajo, su integridad y sus profundas convicciones revolucionarias.

HONESTO Y ARRIESGADO HASTA EL EXTREMO

Zambullidos en la paja de la caña, sin alimentos ni agua para sobrevivir y rodeados de soldados enemigos, Fidel Castro, Faustino Pérez y Universo Sánchez seguramente creyeron que aquellos cuatro días que sucedieron a la sorpresa de Alegría de Pío eran en realidad cuatro siglos.

Lo que el luchador espirituano definió como un «desembarco-naufragio», sin embargo, le sirvió a Faustino para aquilatar la verdadera dimensión del hombre que había decidido seguir: «Creo que fueron cuatro interminables días los que permanecimos en el mismo sitio y me reprocho no haber contado más que con mi flaca memoria para recoger aquellas conversaciones, casi inaudibles, pero infatigables y contagiosas de Fidel», escribió el luchador en ocasión del aniversario 30 del Granma.

«Allí, en medio de aquel cerco mortal, nunca dio cabida a la idea de la derrota y ni siquiera a la necesidad de una tregua –continuó–. De sus palabras emanaba siempre la convicción del reencuentro con los demás compañeros y ello bastaría para proseguir la lucha. Si aquella confianza y aquella fe eran motivo de admirable asombro, no lo fue menos su capacidad de intuir el futuro y la exactitud con que se fueron cumpliendo sus previsiones».

Superada aquella encerrona y tras el reencuentro con el grupo de Raúl en Cinco Palmas, Fidel enseguida comprende que Faustino era más necesario en la calle que en la Sierra, y a menos de cuatro semanas del desembarco le da la encomienda, junto a Frank País, de viajar hasta la capital a reestructurar el movimiento.

Él tiene un récord difícil de igualar en el contexto de la lucha revolucionaria: entre diciembre de 1956 y junio de 1958, siendo una figura conocida y obviamente perseguida por la dictadura, viajó en cinco ocasiones desde La Habana hasta la Sierra Maestra sin ser descubierto.

Tras el fracaso de la huelga del 9 de abril de 1958, que costó numerosas vidas y le valió la crítica de muchos, Fidel, magnánimo, le escribe desde su campamento: «No existe razón alguna para que pese sobre ti más amargamente que para cualquiera de nosotros el revés sufrido. Tienes que ser grande para afrontar la injusticia y ser valiente para soportar el dolor moral sin dejarte llevar por los consejos del amor propio. La calidad de un hombre no puede medirse sino en instantes como estos y quien tenga sangre de luchador nada puede amar tanto como a los momentos difíciles».

Días más tarde, el 3 de mayo de 1958, ocurre un encuentro en Altos de Mompié, que el Che define como «una reunión necesaria» y Faustino como una «discusión ejemplar entre revolucionarios», donde el movimiento clandestino resultó duramente criticado.

Faustino, que incluso fue separado de su cargo, no obstante, merece los elogios del Che, quien el 22 de noviembre de 1964 desempolvó los pormenores de aquel suceso en Verde Olivo: «Faustino siempre fue considerado un compañero honesto a carta cabal y arriesgado hasta el extremo –escribió– (…). De su calidad revolucionaria da cuenta toda su trayectoria».

En la Sierra y con estrella de Comandante en el hombro participó en los combates de Santo Domingo, El Jigüe, Arroyotes y Las Mercedes y asumió la administración civil de un amplio territorio ya liberado.

Apenas celebrado el triunfo, Faustino fue nombrado titular del nuevo Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados, al frente del cual, el 26 de julio de 1959 y ante medio millón de campesinos, entregó a Fidel 20 millones de pesos en efectivo y otros 50 millones en bienes recuperados, una cifra que crecería, nada menos que hasta 400 millones en abril de 1960.

Luego vendrían otras misiones: la dirección del Servicio de Sanidad Militar, la Lucha Contra Bandidos en el Escambray, Playa Girón, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, embajador en Bulgaria, primer secretario del Partido en la región de Sancti Spíritus, jefe de la Oficina de Atención a los Órganos Locales del Poder Popular y director de la Empresa Agroforestal Victoria de Girón, en Matanzas, una hoja de servicios donde hasta su muerte, ocurrida el 24 de diciembre de 1992, nunca faltaron ni su fibra de clandestino, ni su fidelidad al jefe de la Revolución.

LINK ORIGINAL: Granma

Entornointeligente.com

Allanamiento a las oficinas de EntornoInteligente

Adscoins New Single

Adscoins

Nota de Prensa VIP

Smart Reputation